Andrés Pérez Algarra: Cimientos que inspiran  

POR LUISINA LARROUYET 

Conversamos con Andrés Pérez Algarra, CEO de Polpaico Soluciones, una de las compañías referentes en la industria del cemento en Chile, sobre sostenibilidad, transformación y liderazgo con propósito. 

Nacido en Henderson, provincia de Buenos Aires, Andrés supo pronto que la vida no sigue un guion exacto. Estudió tres años de Medicina hasta que entendió que sanar cuerpos no era su vocación. La paternidad le llegó antes que muchas certezas, y con ella, la urgencia de reinventarse. Se define —con una sonrisa entre la ironía y la nostalgia— como un deportista y pianista frustrado, aunque en su andar hay algo de atleta que no se rinde y músico que sigue buscando su nota perfecta. 

La industria de la construcción pide a gritos evolución, y desde Polpaico Soluciones, esa transformación ya comenzó. Con la solidez de los años y la mirada puesta en el futuro, Andrés, desde su lugar como CEO, lidera una compañía que no solo construye estructuras, sino también una cultura de innovación, conciencia ambiental y liderazgo humano. En esta edición, nos sentamos a conocer más sobre la persona detrás del cargo, su visión del presente y el legado que busca dejar. 

Hablemos de tus comienzos… 

Estudié tres años de Medicina, pero finalmente decidí cambiar de rumbo. Empecé de nuevo con Administración de Empresas y justo cuando mi esposa quedó embarazada, me recibí. Siendo papá, empecé a buscar trabajo y entré en el mundo laboral desde muy abajo, en Latam Airlines. Por necesidad y por mi actitud, fui creciendo: siempre buscaba hacer más, resolver problemas, aprender. Así pasé por muchas áreas —comercial, finanzas, operaciones— y me formé integralmente durante 16 años. Mientras tanto, estudié un MBA y varios posgrados. 

En 2012, me ofrecieron un desafío internacional. Primero fui a Brasil y luego a Chile, donde aprendí muchísimo en una empresa con altísimo nivel ejecutivo. Sin embargo, al tiempo sentí que necesitaba más impacto y menos burocracia, así que decidí buscar un nuevo camino donde pudiera liderar con autonomía. Fue así como llegué a Polpaico Soluciones, donde asumí inicialmente como director comercial. Pronto me asignaron más áreas y, aunque con mi familia habíamos decidido volver a Argentina, me ofrecieron ser CEO. Fue una decisión difícil, pero la acepté porque era una oportunidad única. 

Puse una condición: si querían un CEO que transformara la industria y no solo gestionara, contaban conmigo. Y así fue. Hoy lidero una compañía que busca elevar estándares, con foco en sostenibilidad, impacto real y aprendizaje constante. 

¿Cuál fue el mayor desafío que enfrentó al asumir la conducción de Polpaico y cómo lo abordó? 

A los 15 días de haber ingresado, propuse y ejecuté un cambio completo en la estructura organizacional. Sentía que nadie era dueño de los resultados y que faltaba foco por negocio, así que creé cuatro unidades con gerencias generales propias y armé áreas corporativas nuevas como marketing, innovación y planificación estratégica para mirar al futuro y pensar estratégicamente. Convencí al directorio y empezamos una transformación profunda con una visión clara: ser referentes en la industria de la construcción, no solo del cemento. 

Lo más difícil fue que esta transformación coincidió con los peores cuatro años de la industria en décadas: crisis social, cambios políticos, caída histórica en la construcción. La producción bajó un 30%. En ese contexto, el gran desafío fue mantener al equipo motivado y enfocado, incluso cuando todo se veía muy complejo. Recalculamos el año seis veces, cada vez con peor panorama, pero nunca dejamos de creer en el propósito. Como líder, entendí que el primero que tiene que creer y sostener la visión soy yo. Y eso se transmite con coherencia, pasión y trabajo diario. A pesar de todo, logramos sostener el rumbo, y eso, hoy, me genera un profundo orgullo. 

En una industria tradicional como la del cemento, ¿cómo impulsan desde Polpaico Soluciones la innovación sin perder eficiencia ni calidad? 

Para mí, innovar no es solo crear cosas nuevas por el simple hecho de innovar, es clave tener un propósito claro y alineado con los objetivos de la organización. Muchas veces se crean áreas de innovación sin rumbo, que generan frustración y pérdida de tiempo. En cambio, cuando definimos para qué innovar, empezamos a avanzar en serio. Creamos un área de innovación y transformación con el foco puesto en entender hacia dónde va la industria de la construcción, una de las menos evolucionadas en productividad en los últimos 100 años. 

Nuestra meta es cerrar las brechas entre lo que hacemos hoy y lo que exige el futuro: más sostenibilidad, más eficiencia y mayor industrialización. La industria de la construcción sigue generando enormes impactos ambientales y sociales, y los métodos siguen siendo lentos y poco productivos. Nosotros queremos transformar eso: buscamos formas de construir más rápido, con menor impacto y mayor calidad de vida. 

Un ejemplo es HormiPURIFICA, un hormigón que mejora la calidad del aire a través de la innovación, a través de la degradación de gases de efecto invernadero durante toda su vida útil. Aún no lo vendemos en gran escala, pero ese es el camino: innovar con sentido, para que la construcción evolucione y sea parte de una sociedad que necesita cambiar. 

¿Qué habilidades blandas consideras que serán esenciales para quienes quieran liderar en el futuro del trabajo? 

Ser líder hoy es cada vez más complejo. Ocupo un rol de CEO, pero creo que con el tiempo estas figuras deberían transformarse, compartir más responsabilidad o reducir su alcance. Las variables que manejamos son infinitas: no alcanza con ser resiliente, moderno o cercano. Hoy se necesita pensamiento crítico, humildad estratégica y una capacidad de adaptación constante. 

Nunca me conformo con el statu quo. Lo que funcionó ayer no garantiza nada mañana. Replantearme todo el tiempo es parte de cómo lidero. Pero también aprendí que, incluso con buenos resultados, la soberbia te puede pasar por encima. El liderazgo exige coherencia, apertura y evolución permanente. 

Una de las habilidades más importantes hoy es la adaptabilidad, no porque sea buena o mala, sino porque es indispensable. El mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa. Vamos hacia una sociedad con flujos migratorios masivos, donde la diversidad cultural será la norma, no la excepción. Ya lo veo en mi organización: trabajamos con personas de distintos países, géneros y culturas, y eso solo va a intensificarse. Por eso, la inteligencia emocional se vuelve clave. Será la herramienta para convivir, liderar y construir organizaciones más humanas, sostenibles y preparadas para un mundo que ya no se parece al de ayer —y mañana, menos aún. 

¿Qué mirada tienes sobre el talento joven en la industria de la construcción? 

Hace solo unos años, nuestra organización tenía muy poca diversidad, muy baja participación de mujeres y reducida presencia de jóvenes. Pero empezamos a salir del molde tradicional de la industria e incorporar perfiles más diversos: hay mayor presencia femenina en una industria tradicionalmente masculinizada, una fuerza laboral con 11 nacionalidades, perfiles que incluyen a jóvenes en distintas posiciones, trabajadores con trayectorias en sectores como aviación, banca, consumo masivo o entretenimiento, entre otros. 

Hoy en nuestro Comité Ejecutivo sólo dos de ocho personas vienen de la industria de la construcción. Lo mismo hicimos con las nuevas generaciones: empezamos a hacerles espacio, porque creo firmemente que son ellas las que nos van a empujar a convertirnos en la compañía que soñamos ser. 

Lo que buscamos es sumar otras perspectivas que nos desafíen, que aporten con disrupción y nos ayuden a pensar distinto, pero siempre desde el aprendizaje mutuo. La combinación entre trayectoria y nuevos talentos es lo que nos hace más sólidos.  

Valoro profundamente a quienes llevan años construyendo esta compañía, y también a quienes llegan con nuevas ideas y se comprometen a trabajar en una organización con un propósito que se viva y que tenga sentido. Nuestro propósito —atrevernos a construir un mundo sostenible— los interpela y responde a esta búsqueda de una generación más joven. El desafío es construir juntos, con toda la diversidad de miradas y perspectivas y que esto permita convertirnos en la compañía que soñamos ser y dar el salto hacia una compañía moderna y consciente para transformar la industria.  

EL FUTURO DEL TRABAJO 

Si tuvieras que elegir una sola palabra para definir el futuro del trabajo, ¿cuál sería y por qué? 

Creo que diría el concepto de “adaptabilidad disruptiva”, lo que hoy vemos como negocio e industria, probablemente dentro de 10 años no tenga nada que ver con las actividades que estamos desarrollando hoy.  

 “CUADERNO DE IDEAS”  

Si pudieras dejarle una nota escrita a tu versión más joven, ¿qué diría? 

Creo que me hubiera servido mucho entender que la humildad vale más que el ego. Antes creía saber más que otros y eso me cerró muchas puertas. Hoy prefiero decir “no sé, pero quiero aprender”. No frustrarse, seguir intentando, estudiando y creciendo. La humildad abre oportunidades y fortalece equipos; el ego solo las bloquea.

¿QUIÉN ES ANDRÉS?

Apodo: Andy para la mayoría de mis conocidos, y mis padres me dicen Ati.  

Profesión: Licenciado en Administración de Empresas. Y tengo un MBA. 

Signo del zodíaco: Piscis.  

¿Dónde vives?: En La Dehesa, Chile.   

¿Hijos?: Sí, cuatro. Valen, de 23. Santi, de 18. Lauty, de 13. Y Nachito, de 8.  

¿Mascotas?: Dos perros. Un border collie que se llama Ciro, y Scott, un bulldog francés.  

Comida favorita: Varias. El costillar al asador, las milanesas de carne y los sorrentinos con crema y bolognesa. 

Edad: 47 años.  

Hobbies:  Me gusta mucho tocar el piano. También conecto con el deporte desde el fútbol y el pádel.  

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir? 

Suena trillado, pero siento que donde esté mi familia, más allá del lugar geográfico, está mi hogar. 

¿Qué color te representa mejor como persona? 

El verde. Me considero una persona optimista, y el verde me transmite eso. Además de cercanía, esperanza.  

Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.” 
 

Cuando el desafío es suficientemente grande y las respuestas obvias no existen. Trabajo mejor cuando me ponen algo muy difícil y no tengo claridad de cómo lo voy a resolver, ahí es donde saco mi mejor versión.