Román Pérez Güimil: Apostando al talento 

Con sólida experiencia en el sector gaming, Román Pérez Güimil lidera actualmente una plataforma de apuestas deportivas como Gerente de Marketing.  

Román no solo vive el marketing con intensidad, también lo juega con la pasión de quien sabe que cada marca tiene su propio campeonato por disputar. Hoy, como gerente de Marketing en una empresa que se dedica a las apuestas deportivas, lidera una de los desafíos más audaces de la industria: el desembarco de la marca como nuevo patrocinador de River Plate. Curiosamente —o quizás estratégicamente afortunado— su corazón late por Racing, lo que le permite mirar el tablero con una imparcialidad poco común. Nunca imaginó que su camino lo llevaría al vibrante mundo del gaming, pero encontró allí un terreno fértil para desplegar creatividad y visión estratégica. Con paso previo en BPlay, su recorrido se consolida entre apuestas, marcas y emociones. Román también valora los cambios que trajo la nueva era laboral: reconoce que el esquema híbrido le permitió estar más presente en la educación de sus hijos, aunque no duda en bancar la presencialidad como espacio insustituible para la conexión humana y el trabajo en equipo. En esta entrevista con Rocking Talent, nos sumergimos en su historia, su mirada sobre la industria y su forma de entender el talento como motor del juego. 

¿Cómo fueron tus primeros pasos profesionales? 

Arranqué mi camino profesional con una pasantía en agencia mientras estudiaba Publicidad. Poco después, se me abrió la puerta al mundo del entretenimiento de la mano de Walt Disney, donde trabajé en marketing para TV. Eso marcó el inicio de varios años en la industria: pasé por Discovery Channel y Discovery Kids, luego volví a agencia en IMS, que en ese momento representaba comercialmente a Twitter, Spotify, Waze y Netflix en Argentina. Un espacio muy pionero donde aprendí muchísimo. 

Después volví a entretenimiento en Turner, justo en la etapa de fusiones con HBO y luego con Discovery. Estaba muy metido en branding y lanzamientos de contenidos, pero llegó un momento en que ya no me sentía conectado con lo que estaba vendiendo. Entonces, tomé un volantazo y pasé a BPlay, en la industria del gambling. Fue un salto arriesgado, pero lo sentí necesario. 

Estuve un año y medio allí, hasta que apareció esta propuesta. Profesionalmente era un salto enorme, con un entorno más global, equipos en Grecia y una cultura completamente distinta. Lo hablé con el equipo de BPlay, cerré esa etapa con gratitud… y acá estoy. 

En un entorno tan dinámico como el del gaming y apuestas online, ¿qué métricas consideran innegociables para evaluar el éxito de tus campañas? 

Una de las métricas con las que más me gusta trabajar es el Life Time Value. Entender cuánto valor genera un cliente a lo largo de toda su vida en la plataforma es clave. A partir de ese dato, se abre todo el resto: cuánto puedo invertir en adquirir nuevos jugadores, cuánto destinar a su reactivación, a incentivos o a mejorar la experiencia. 

Después, claro, hay muchas otras métricas relevantes: el average revenue per user, tasa de registros, visitas al sitio, conversión… pero para mí todo cuelga de ese “gran número”. Si esa ecuación no cierra, el negocio no es saludable. Así de simple. 

Por eso, más allá de atraer jugadores, lo que buscamos es que se queden, que sientan que les ofrecemos una experiencia premium, cuidada y entretenida. Porque si la pasan bien, si encuentran valor, si la plataforma es superior, el jugador vuelve, juega más, y no se va a la competencia. Eso es lo que queremos construir: una marca que no sólo crece, sino que fideliza. 

¿Qué valores priorizás a la hora de construir y liderar tu equipo de performance? 

Para mí, lo más importante es la forma de pensar y razonar de las personas. Después, que sean bienintencionadas —si esa palabra existe—. Como hablábamos recién: la tenemos que pasar bien. Entonces, vení con buena onda, con ganas de hacer, de proponer, de construir. 

Acá hay momentos de mucha exigencia, hay que correr, resolver, sacar cosas rápido. Va a haber días buenísimos y otros más difíciles. Pero si el equipo tiene buena energía, si el ambiente es sano, todo se hace más llevadero. Lo fundamental es combinar profesionalismo con un entorno amigable. 

No pretendo ser el mejor amigo de nadie ni salir a comer todos los fines de semana. Pero sí creo que, si vamos a vernos al menos tres veces por semana durante ocho horas, lo mínimo es que podamos trabajar cómodos, con respeto y con buena onda. Para mí, ese es el punto de partida para que todo lo demás funcione. 

¿Cómo se construye cultura de equipo cuando el trabajo es híbrido o 100% remoto? 

Creo que mucho del trabajo se construye en el día a día, realmente colaborando en equipo. Hay temas que lleva cada uno, claro, pero eso no significa que el otro no pueda estar involucrado o dar una mirada. Lo mismo al revés: yo tengo mis temas, pero me gusta decir “che, mirá esto, ¿qué te parece?”. No hace falta tener una daily todos los días; a veces alcanza con una llamada de media hora para repasar lo importante, compartir visiones y sumar desde otro ángulo. 

Eso enriquece muchísimo el trabajo. Porque cuando te involucrás en lo del otro y viceversa, se genera un ida y vuelta que hace crecer el proyecto y también a cada persona. 

Y después está lo humano: escuchar qué le gusta hacer al otro, qué le interesa. Todos tenemos que hacer tareas que no nos encantan —cargar órdenes de compra, seguir procesos—, pero si también podés levantar la mano y decir “este tema me copa”, se equilibra. 

Yo tengo la suerte de trabajar en algo que me divierte. Arranqué en el agro, con fertilizantes e inoculantes… y valoro mucho haber llegado a una industria donde el contenido y los desafíos me entusiasman de verdad. 

¿Qué legado te gustaría dejar como líder en este nuevo mundo del trabajo? 

Tuve la suerte de haber trabajado con gente con la que siempre mantuve una buena relación, incluso después de cambiar de proyectos o compañías. Y si tengo que elegir algo que me gustaría que digan de mí, es simplemente que soy una buena persona. 

Lo demás —si soy más o menos capaz— es muy relativo y subjetivo. Podés ser un crack en lo técnico y, al mismo tiempo, un desastre para trabajar en equipo. O al revés, alguien súper colaborativo que potencia al resto, aunque no tenga todas las respuestas. Para mí, ser buena persona es querer que al de al lado le vaya bien, acompañarlo, ayudarlo a crecer, esté en tu equipo o no, siga o no en la empresa. 

Prefiero eso mil veces a que me digan que soy brillante pero insoportable. Al final del día, lo que deja huella es cómo te relacionaste, cómo hiciste sentir a los demás, y si sumaste o restaste al grupo. Por eso, si hay algo que me enorgullecería escuchar, es eso: que trabajaron conmigo y que soy buena persona. 

EL FUTURO DEL TRABAJO  

Si tuvieras que elegir una sola palabra para definir el futuro del trabajo, ¿cuál sería y por qué?  

Creo que sería personalizado. Para mí, no se trata de imponer un único modelo, porque lo personalizado también puede incluir espacios colectivos. Por ejemplo, sé que hay personas que aman lo híbrido o lo remoto, pero en lo personal, no me gusta el trabajo 100% remoto: siento que se pierde mucho del contacto social, que es clave para la vida, salvo que seas alguien que realmente disfruta estar en soledad. Compartir me parece fundamental. Por eso, creo que el futuro está en modelos flexibles, donde cada persona pueda elegir lo que le funcione mejor.  

“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…” 

¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida? 

Mmm… me inclinaría por algo relacionado al misterio y la incógnita. 

Algo que atrape.   

¿QUIÉN ES ROMÁN?

Apodo: Tato.  

Profesión: Licenciado en Publicidad, y una Maestría en Marketing y Comunicación.  

Signo del zodíaco: Aries.  

¿Dónde vivís?: Pacheco.  

¿Hijos?:  Sí, tres. Josefina, Beltrán y Lucas.  

 ¿Pareja?: Sí, estoy casado hace 11 años con mi esposa, María.  

¿Mascotas?: No.  

Comida favorita: El helado.  

Edad: 40 años 

Hobbies:  Jugar al golf, jugar al fútbol y pasar tiempo de calidad con mi familia.  

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir? 

Me gusta mucho nuestro país. Pero si tuviese que elegir una alternativa, creo que probaría en Brasil.  

¿Qué color te representa mejor como persona? 

El celeste. Soy hincha de Racing, y creo que desde ese lado emotivo, conecto. 

Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.” 

Trabajo mejor cuando estoy en equipo, y me siento en un entorno amigable y de confianza. 

Entrevistado por Luisina Larrouyet.