POR LUISINA LARROUYET
Dialogamos con los cuatro vicerrectores de las sedes de CEU —Ángel Bartolomé Muñoz de Luna, Laura Amado Luz, Francisco Javier Montañez Aguilera y Leonor Aguilar Ruiz— para conocer su visión sobre el valor de acompañar a los estudiantes en su proyecto de vida, destacando la importancia de ofrecerles herramientas de autoconocimiento que potencien su desarrollo personal y profesional desde el primer día en la universidad.
Cuatro nombres, cuatro miradas complementarias y un mismo propósito: acompañar el crecimiento de los jóvenes desde el corazón de CEU. Laura, Leonor, Francisco y Ángel comparten no solo su rol como vicerrectores, sino también una profunda vocación docente que se refleja en cada decisión, en cada encuentro con los estudiantes. En esta conversación conjunta, reflexionan sobre la importancia de incorporar herramientas de autoconocimiento en la etapa universitaria, convencidos de que conocerse a uno mismo es tan esencial como cualquier asignatura para construir un futuro con sentido y propósito.
Tanto PDA como CEU comparten el compromiso de democratizar el autoconocimiento como herramienta clave para potenciar la empleabilidad de los jóvenes que ingresan a la universidad. Con ese propósito, impulsamos un proyecto innovador que integra tecnología, datos y perfiles conductuales, acercando a cada estudiante una experiencia personalizada que les permita descubrir y desarrollar su verdadero potencial.
LOS CUATRO: ¿Cómo definiríais a CEU dentro de lo que es la educación en España?
Los orígenes del CEU se remontan al año 1933, cuando la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), bajo el liderazgo del Cardenal Ángel Herrera Oria, fundó la Escuela de Periodismo con el objetivo de formar profesionales comprometidos con la verdad y los valores cristianos. Esta iniciativa pionera marcó el inicio de un proyecto educativo más amplio que, con el paso del tiempo, daría lugar al Centro de Estudios Universitarios (CEU) y posteriormente al actual grupo educativo CEU. Inspirado por una profunda vocación humanista y un firme compromiso con el servicio a la sociedad, el CEU ha evolucionado hasta convertirse en la mayor institución educativa privada de España, con universidades, colegios y centros de posgrado que combinan la excelencia académica con una formación integral en valores.
Contamos con cuatro universidades en Madrid, Valencia, Barcelona y recientemente en Sevilla, además de centros de posgrado y 13 o 14 colegios.
La expansión del CEU a nivel nacional es enorme, con un prestigio que se refleja en más de 200.000 alumnis. En casi cualquier empresa en España o Europa es probable encontrar un antiguo alumno nuestro, como Álvarez-Pallete o Juanjo Cano.
Nuestra identidad se basa en el humanismo cristiano, acompañando a los estudiantes a descubrir su vocación y a generar impacto en el mundo. Para nosotros, empleabilidad, investigación y transferencia son las tres patas esenciales que definen lo que somos como universidad.
LOS CUATRO: Contadnos sobre el proyecto en común que estáis llevando a cabo en las 4 Universidades.
Para nosotros, el primer paso siempre fue ayudar al estudiante en su autoconocimiento, acompañándole en su proceso de descubrimiento personal y profesional, porque eso es clave para su futura empleabilidad. Creo que todos nuestros programas apuntan a lo mismo: darle al alumno herramientas, ya sea a través del PDA Assessment o de experiencias que le ayuden a descubrir quién es, para qué está aquí, cuáles son sus fortalezas y en qué áreas necesita reforzarse.
Lo hacemos de forma lo más personalizada y cercana posible, buscando construir una experiencia universitaria coherente, alineada tanto con nuestra misión como con las exigencias del futuro laboral. Para nosotros, lo esencial es formar y acompañar a personas que, antes que nada, sean buenas personas y, además, excelentes profesionales que generen impacto en la sociedad.
FRANCISCO: ¿Cuál considera que es el mayor desafío que enfrentáis hoy las universidades en la formación de profesionales del futuro?
Para mí, el reto está en ofrecer una formación integral que vaya más allá de lo puramente técnico. El PDA Assessment nos ayuda a entender desde dónde parte cada estudiante y cómo acompañarlo con una buena mentorización para que alcance sus logros, tanto profesionales como personales.
Hoy, el mayor desafío para la universidad es orientar esa formación hacia lo que realmente demanda el mercado laboral. Adaptamos nuestros programas a esas exigencias, integrando no solo conocimientos, sino también actitudes y valores.
En el CEU, ayudamos a los estudiantes a construir su proyecto de vida, donde lo profesional es clave porque les da independencia y capacidad de crecimiento personal. Para eso, ofrecemos acompañamiento constante, con tutores que les ayudan a redescubrirse, a conocer sus fortalezas y limitaciones. Y siempre con una visión realista: aceptando que no todo será fácil, pero que con esfuerzo y las herramientas adecuadas, pueden superarlo. Formamos buenos profesionales, sí, pero ante todo, buenas personas.
LEONOR: ¿Cómo equilibra CEU la tradición académica con la necesidad de innovación y adaptación a un entorno cambiante?
La Universidad Fernando III es la más joven de las Universidades CEU. Comenzó su andadura académica en Sevilla en el curso 2024/25, siguiendo la tradición y el modelo educativo ya consolidado en el resto de Universidades CEU. Esto nos ha permitido, desde el inicio, diseñar una oferta académica adaptada a las necesidades actuales del mercado laboral, diseñando títulos y planes de estudios innovadores en los que hemos tenido muy en cuenta la opinión de expertos y asesores externos que han orientado nuestros títulos para que puedan ser altamente competitivos y para que nuestros estudiantes alcancen un alto nivel de empleabilidad a corto plazo. Todo ello sin perder la esencia del modelo educativo CEU, defensor de la excelencia académica y la cultura de la trasmisión del conocimiento de manera global profesor/alumno.
LAURA ¿Cómo impacta el autoconocimiento en la toma de decisiones académicas y profesionales de los alumnos?
Después de más de 20 años como docente y desde mi experiencia como psicóloga, estoy convencida de que el autoconocimiento es una palanca clave para el desarrollo personal y profesional. Conocer nuestras fortalezas, intereses, valores y áreas de mejora permite tomar decisiones más conscientes, tanto académicas como profesionales.
Por eso, en el CEU decidimos integrar el autoconocimiento desde el primer curso, aplicando el PDA como herramienta de autoevaluación. Aunque hubo debate sobre si era el momento adecuado, creemos que es útil tener esa primera fotografía desde el inicio, tanto para el alumno como para nosotros.
El PDA les ayuda a identificar su perfil competencial y a familiarizarse con un lenguaje que conecta con el mundo laboral. Pero no se trata solo de esa herramienta: les ofrecemos talleres, asesoramiento y acompañamiento para que puedan alinear sus decisiones formativas con su propósito vital y profesional. Cuando un alumno se conoce bien y tiene ese acompañamiento, es capaz de proyectarse con mayor seguridad y coherencia hacia el futuro.
ÁNGEL: ¿Cree que las herramientas -como evaluaciones conductuales o de competencias blandas/power skills- pueden convertirse en un puente entre el crecimiento personal y el éxito profesional?
Todas las herramientas que ayudan a resaltar lo positivo de cada persona y a mostrarle sus fortalezas son fundamentales. Creo que eso genera en los estudiantes una rueda positiva de confianza, algo clave especialmente en quienes todavía no tienen experiencia más allá de lo personal. Me parece importante poder decirles: “Eres muy bueno en esto, y no solo te lo digo yo, te lo confirma una herramienta científica”.
No se trata solo de mostrarles un perfil, sino de acompañarlos para que no tengan miedo, para que tomen las riendas de su vida y decidan por sí mismos. Con el PDA no solo les damos el informe: lo trabajamos junto a los tutores y profesores para abrirles la cabeza, para que se planteen preguntas más grandes, para que amplíen su mirada y se animen a cruzar fronteras que quizá antes ni se imaginaban. De eso se trata: de iniciar una mentalidad de crecimiento que les sirva no solo en la universidad, sino durante toda su vida.
¿Qué os inspira, como líderes, a seguir apostando por la educación como motor de transformación?
ÁNGEL: A mí lo que realmente me inspira es trabajar con gente joven en el ámbito universitario. Más allá de mi rol como gestor, que es algo pasajero, lo que de verdad me llena es ser profesor. Me siento muy afortunado, porque es un trabajo del que uno puede sentirse orgulloso y feliz: estar rodeado de juventud, en un ambiente dinámico y siempre activo. Cuando lo comparo con otras profesiones, incluso con otras muy vocacionales, me doy cuenta de la suerte que tengo de dedicarme a esto.
LAURA: A mí lo que realmente me ilusiona no es solo venir a trabajar por vocación o por pasión por la docencia, sino también por el clima y la comunidad que hemos construido en el CEU. No me veo en otro sitio: si todo va bien, me jubilaré aquí.
Llevo años comprobando que en el CEU no solo acompañamos a los estudiantes, sino que nos acompañamos entre todos. Desde el rector hasta el personal de cafetería, somos una comunidad con un propósito compartido. Esa cercanía y ese espíritu se sienten igual en Barcelona, en Madrid, en Valencia, porque no depende del tamaño, sino de tener claro para qué estamos aquí.
Además, el trabajo colaborativo entre campus ha fortalecido aún más ese sentimiento de pertenencia. Yo lo vivo día a día: con compañeros de otras ciudades, con reuniones, con programas interuniversitarios. Y sé que si alguna vez dejo de venir con ilusión, será porque algo no está bien en mí, porque aquí nadie trabaja obligado. Quien está en el CEU es porque lo siente, porque disfruta formando parte de algo más grande, de una familia universitaria que acompaña, enseña y comparte.
JAVIER: A mí lo que realmente me inspira no es el cargo de gestión que pueda tener, sino ser profesor universitario. Entré en la universidad por vocación, igual que muchos compañeros, para dedicarme a enseñar, a acompañar a los estudiantes y dejar una impronta personal y profesional en ellos. Me siento muy afortunado por trabajar en un entorno como el CEU, donde no solo formamos a profesionales, sino que construimos un equipo humano con un propósito común.
Aunque ahora tenga responsabilidades de gestión, para mí la docencia sigue siendo lo esencial, el motivo por el que vengo a trabajar cada día. Además, he comprobado que el CEU no es solo un lugar de paso para los estudiantes: es un entorno que deja huella también en los que trabajamos aquí. Somos muchos los que llevamos años porque creemos en el proyecto, y eso no es habitual en cualquier empresa. Por eso, para mí, el CEU es un espacio donde uno puede crecer, enseñar y aprender rodeado de buena gente, siempre con el estudiante en el centro.
LEONOR: La educación es, sin duda, la herramienta fundamental para transformar una sociedad. La Universidad tiene, diría yo, no sólo como propósito, sino como misión fundamental, la de formar a nuestros jóvenes para que sean los que lideren la sociedad del mañana. De ahí la importancia que las Universidades CEU dan a la formación no sólo académica de nuestros estudiantes, sino formación sólida en valores, en las bases del humanismo, en ética… valores aplicables a todas las profesiones y sea cual sea el campo de empleabilidad de nuestros futuros egresados. Formar parte de un proyecto así es apasionante. Y así lo vivo como Vicerrectora de estudiantes.
EL FUTURO DEL TRABAJO (Y LA EDUCACIÓN)
LOS CUATRO: Si pudierais dejarle un solo mensaje a un estudiante universitario que hoy se siente perdido o inseguro sobre su futuro, ¿cuál sería?
A los jóvenes les diríamos que no tengan miedo, que el miedo solo paraliza. Que sueñen en grande, que se atrevan, aunque después la realidad les haga ajustar ese sueño. Y, sobre todo, que busquen un entorno donde se sientan seguros para crecer, para equivocarse y volver a intentarlo. Para nosotros, el CEU es precisamente eso: un lugar donde los estudiantes se sienten en casa, en familia, un entorno de confianza donde pueden descubrirse, aprender, y proyectarse hacia el futuro con valentía y sin miedo.
¿QUIÉN ES ÁNGEL?
Apodo: Ángel.
Profesión: Profesor desde hace 20 años. Publicista.
¿Dónde vives?: Madrid.
¿Hijos?: Dos niñas, de 8 y 10 años.
¿Mascotas?: No.
Comida favorita: Las albóndigas de mi madre.
Edad: 44 años.
Hobbies: La montaña, escalar, el deporte. Pasar tiempo en familia.
¿QUIÉN ES LAURA?:
Apodo: Laura.
Profesión: Psicóloga.
¿Dónde vives?: Yo vivo en Barcelona, pero soy de Valencia.
¿Hijos?: Sí, dos hijos. Mi hijo mayor, de 18, y luego tengo a María, de 13.
¿Mascotas?: Sí. Tengo un perro maltés, Chip.
Comida favorita: La paella.
Edad: Cumplo 50 años, en octubre.
Hobbies: Pasear, leer y viajar.
¿QUIÉN ES JAVIER?
Apodo: Javier.
Profesión: Fisioterapeuta de profesión, y profesor de vocación.
¿Dónde vives?: Valencia.
¿Hijos?: Sí, tres. Dos chicos, y una chica.
¿Mascotas?: No.
Comida favorita: Las migas.
Edad: 57 años.
Hobbies: Practicar natación, y compartir momentos con mi mujer, mis hijos y amigos.
¿QUIÉN ES LEONOR?
Apodo: En mi círculo más cercano soy “Leo”.
Profesión: Profesora de Universidad de Derecho civil.
¿Dónde vives?: En Sevilla.
¿Hijos?: Sí, dos adolescentes de 15 y 18 años.
¿Mascotas?: No es muy “popular” decirlo, pero no me gustan los animales.
Comida favorita: Cocina italiana, en todas sus variantes.
Edad: 52 años.
Hobbies: Dedico el tiempo fuera del trabajo a estar con mis amigos, leer, caminar y hacer senderismo, participo en una intensa vida de fé en comunidad y últimamente me he lanzado a aprender a coser.