Con una sólida trayectoria en compañías de primer nivel, Manuel de la Vega, actual Director de Recursos Humanos en Mars México, se ha consolidado como un referente en la gestión de talento, aportando liderazgo, experiencia y una visión estratégica orientada al desarrollo de personas y organizaciones.
Manuel conoce de primera mano lo que significa volver a un lugar donde la historia profesional se entrelaza con lo personal: esta es su segunda etapa en Mars México. Hoy, además de liderar el área de personas, lleva adelante otro de sus grandes roles: ser papá de dos pequeños “pandemials”. Gracias al esquema híbrido, logra equilibrar la intensidad del mundo corporativo con la sencillez de las tardes en familia, demostrando que es posible estar presente tanto en la mesa de decisiones como en la mesa de su hogar.
Tenés una trayectoria muy sólida pasando por compañías globales como Nestlé, Coca Cola, y Mars en dos períodos… ¿qué aprendizajes clave te llevaste de cada experiencia y cómo impactaron en tu manera de liderar hoy?
Lo que aprendí en Nestlé fue el valor de los legados. Una empresa con más de 100 años no solo construye marcas, también deja huella en las personas que pasan por ella. Entendí la importancia de la humildad y de transmitir conocimientos a generaciones que van tomando la posta.
En Coca-Cola descubrí cómo dejar de pensar de manera incremental para pasar a una mentalidad exponencial. Más allá de un diseño bonito en una lata, comprendí lo disruptivo que puede ser conectar con el consumidor en tiempo real, reaccionando a lo que ocurre en el mundo con agilidad e innovación.
Finalmente, en Mars confirmé que las grandes compañías pueden crecer sin perder de vista sus principios y valores. Aprendí que no se trata solo de extraer recursos, sino de reinvertir en la comunidad, generar empleo y transformar realidades con impacto social. Para mí, eso es liderar con visión y propósito.
¿Qué te motivó a regresar a Mars después de tu paso por Coca Cola? ¿Qué encontraste distinto en la compañía al volver?
Para mí regresar a Mars fue como volver a casa. Lo comparo con regresar a la casa de tus papás: no es un retroceso, sino la oportunidad de reconectar con un lugar y con personas que te hacen sentir auténtico, donde sabes que aún tienes mucho por aportar. Después de un paso por Coca-Cola, una empresa enorme y pública, entendí mucho sobre la importancia de la eficiencia, la inmediatez y los resultados a corto plazo.
En cambio, en Mars, una compañía privada y discreta, aprendí a pensar diferente: no se trata del trimestre o del año, sino de qué impacto tendrán nuestras decisiones en la siguiente generación. Esa visión de largo plazo, con valores casi familiares, me conecta profundamente.
Si bien en Coca-Cola viví experiencias increíbles y adquirí aprendizajes valiosos, el volver a Mars me dio la certeza de estar en un entorno donde lo que hago cada día tiene un impacto real en muchas personas, más allá de los resultados inmediatos. Ese equilibrio entre propósito, legado y contribución es lo que me motiva y me hace sentir que estoy en el lugar correcto.
¿Cómo fomentás la cultura organizacional en un entorno híbrido y con distintas generaciones conviviendo?
Lo que más me inspira es entender que en un mismo lugar de trabajo conviven muchas generaciones, con necesidades completamente distintas. Para explicarlo, uso la analogía del cine: puedo ir con mi mamá de 80 años, mis hijos pequeños, mi esposa y yo mismo, y cada uno disfruta algo diferente. Unos buscan comodidad, otros comida, otros la película. El cine no hace salas para cada perfil, sino que ofrece una infraestructura donde todos encuentran lo que necesitan.
Así veo mi rol: crear un espacio laboral que permita que cada persona, sin importar la etapa de vida en la que esté, encuentre lo que más le conecta. Para algunos puede ser propósito y cultura; para otros, diversión y juego; para otros, estructura y certidumbre. Lo mismo pasa con beneficios: mientras alguien de 60 años valorará un plan de pensiones, un joven preferirá apoyo para vivienda, movilidad o descuentos en un gimnasio.
No se trata de segmentar rígidamente por generaciones, sino de acompañar a las personas en sus distintos momentos de vida, entendiendo que lo que hoy no les interesa, mañana puede ser vital. Y ahí está la riqueza: ofrecer opciones que evolucionen junto con ellos.
Desde tu mirada, ¿qué tendencias globales y locales están marcando el futuro del trabajo en México?
Creo que el futuro del trabajo estará en un punto medio. Antes de la pandemia todo era presencial, luego nos movimos al extremo opuesto con todo virtual. Hoy, la mayoría quiere lo mejor de ambos mundos: flexibilidad para organizar horarios, estar con la familia y cumplir objetivos, sin perder la posibilidad de convivir presencialmente.
Más allá de cómo se mueva ese “péndulo”, lo que no cambia son las necesidades humanas básicas: pertenecer, sentirse reconocido, contribuir y ser aceptado. Esas necesidades han estado siempre, aunque la forma de satisfacerlas cambie con cada generación. Lo que para mis abuelos significaba reconocimiento, no es lo mismo que lo que significa para mí o para mis hijos. Pero la esencia sigue siendo la misma.
Las nuevas generaciones tienen más conciencia y acceso a información, lo que cambia la manera de exigir y entender el mundo laboral. Sin embargo, mientras las empresas sepan atender esas necesidades fundamentales, podrán adaptarse y permanecer en el tiempo. Las que se enfocan solo en la forma y olvidan el fondo probablemente no sobrevivirán. Para mí, esa es la clave: comprender lo humano más allá de la moda o del contexto.
¿Dónde creés que está el límite entre la “frialdad” de los datos y la “calidez” de la gestión humana?
Durante mucho tiempo Recursos Humanos se movió más por el “feeling” que por datos. Era la mezcla de experiencias, creencias e intuición puesta al servicio de una situación. Hoy la función está cambiando: la data se ha vuelto clave porque muestra la realidad tal cual es.
La diferencia está en la interpretación. Una analogía que me gusta es la lluvia: aceptar que llueve es reconocer los hechos; lo que haces con eso depende de tu interpretación. En HR pasa igual: los datos pueden mostrar que los jóvenes de 18 a 20 años permanecen en promedio 12 meses en un trabajo. Aceptarlo es reconocer esa realidad; interpretarlo como falta de compromiso es otra cosa.
El reto es dejar de negar lo evidente y usar la información para tomar decisiones con valor. A veces parece que en HR tenemos todo el “closet” de datos de las personas, pero seguimos diciendo “no tengo nada que ponerme” porque no sabemos cómo utilizarlos. Otras áreas, como marketing, ya lo hacen muy bien: entienden al consumidor, aceptan sus hábitos y actúan en consecuencia. Recursos Humanos necesita dar ese salto: aceptar la realidad y ponerla al servicio de soluciones.
DATA Y TECNOLOGÍA
Si los datos hablaran… ¿qué te dirían hoy sobre tu equipo?
Si los datos hablaran, dirían que mi equipo valora un liderazgo cercano y situacional. Que escucho, entiendo sus contextos y necesidades, y me esfuerzo por asegurar que siempre tengan llena su “barrita” de pertenencia, reconocimiento y motivación.
“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…”
¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida?
Creo que se llamaría: ¿Y cómo llegué aquí?
¿QUIÉN ES MANUEL?:

Apodo: Manolo.
Profesión: Ingeniero en Sistemas computacionales.
Signo del zodíaco: Capricornio.
¿Dónde vives?: Querétaro.
¿Hijos?: Dos. Natalia, de 5; y Santiago, de 4.
¿Pareja?: Casado con Ana, mi esposa.
¿Mascotas?: Un perrito, de raza shiba uni, llamado Lucky.
Comida favorita: Como buen mexicano, me encantan los tacos.
Edad: 45 años.
Hobbies: Jugar al fútbol y armar LEGOS.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
París. Me encanta la ciudad, que combine un poquito de historia con modernidad.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El azul, me transmite certeza y seguridad.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
No me considero una morning person, así que trabajo mejor durante la noche.