Bautista Stegmann: De la IDEA a la acción 

Bautista Stegmann, Chief of Staff en Danone y presidente de IDEA Joven, se destaca por su liderazgo con visión estratégica y su compromiso con impulsar una nueva generación de profesionales que transforman el futuro de las organizaciones. 

Bautista es de esas personas que parecen moverse con naturalidad entre el propósito y el resultado. Desde hace once años forma parte de Danone, donde hoy se desempeña como Chief of Staff, un rol que le exige entender el negocio desde cada ángulo: la estrategia, las personas y el impacto. Su mirada combina empatía y pragmatismo, dos fuerzas que no siempre conviven fácilmente, pero que en él encuentran equilibrio. Cree que la sensibilidad humana no está reñida con la ambición de crecer, y que el desarrollo personal y empresarial pueden —y deben— ir de la mano. 

Además, desde hace dos años preside IDEA Joven, convirtiéndose en el mandatario más joven en la historia de la institución. Desde ese espacio impulsa conversaciones que desafían lo establecido, invitando a las nuevas generaciones a tomar la palabra, a involucrarse, a liderar con propósito. Su liderazgo no busca imponer, sino inspirar. Ve la estrategia no solo como un plan, sino como una forma de pensar el futuro con responsabilidad. 

Bautista representa una nueva generación de líderes que entienden que el éxito no se mide solo en números, sino también en la capacidad de construir comunidades, abrir espacios de diálogo y conectar lo humano con lo empresarial. En un entorno donde la velocidad y la competencia suelen marcar el ritmo, él propone otra lógica: la de mirar más lejos, actuar con sentido y dejar huella. 

Hablemos de tus comienzos… Llevás más de 10 años en Danone. Si mirás hacia atrás, ¿qué aprendizajes clave te dejó ese recorrido profesional? 

Arranqué muy joven en Danone, con apenas 19 años, y la verdad que me resulta increíble cuando reflexiono todo vivido en los últimos 11 años en la compañía. Ha sido una gran plataforma de aprendizaje y desarrollo, que siempre me aportó valor, muchas oportunidades y desafíos que me hicieron crecer más rápido de lo que hubiera imaginado. Desde el primer momento, me sentí muy identificado con la cultura y su propósito.  

Mientras estudiaba, trabajé mis primeros años en Auditoría, dentro del equipo de Finanzas. Tiempo después, gracias a una beca de mi universidad, tuve la oportunidad de hacer una experiencia de estudio y trabajo en Nueva York. Fue una etapa increíble: además de vivir la vida universitaria estadounidense, trabajé en una compañía inmobiliaria mostrando departamentos y permitiéndome conocer otra cultura de trabajo. Cuando volví a Buenos Aires, tenía una certeza: quería hacer algo más comercial, cerca del cliente y del consumidor.  

Al regreso, volví a Danone y tomé un desafío en el equipo de Pricing & Revenue Growth Management, dentro de la estructura comercial del negocio de Bebidas. Esa posición me sirvió de puente para pasar a Ventas, y ahí empezó la magia. Encontré mi lugar: algo que me gustaba, con un desafío apasionante y un norte profesional mucho más claro. Eso despertó mi mejor versión: energía, pasión, foco y mentalidad de crecimiento.  

A partir de ahí, todo se dio muy rápido: liderazgo en equipos cada vez más grandes, desafíos más complejos, mayor responsabilidad sobre el negocio y mucha exposición en entornos que eran muy dinámicos y exigentes. Sin dudas marcaron mi carrera, lo disfruté muchísimo, me permitieron conocerme mejor a mí mismo y me potenciaron de una manera que no podría haber imaginado. 

Fueron seis años en distintas posiciones de Ventas, hasta que asumí mi rol actual como Chief of Staff para la región del Cono Sur (Argentina, Uruguay y Colombia). Fue una oportunidad muy interesante poder pasar de roles más funcionales a uno más estratégico —y también más político—. Es un rol que brinda soporte al top management, participando en procesos y foros estratégicos de la región e involucrándose en proyectos de alto impacto. Me dio una visión transversal de todos los negocios de la compañía (Lácteos y alimentos de origen vegetal, nutrición especializada, aguas puras y saborizadas y logística), trabajando muy cerca de la estrategia y de la toma de decisiones. Lo clave en este rol es integrar, conectar y facilitar la colaboración entre equipos para que la estrategia se transforme en acción. 

De mi aún corto recorrido, tengo muchos aprendizajes y muy valiosos, pero estos son los que creo más trascendentales: 

  1. Cuando disfrutás lo que hacés, te apasiona el desafío y tenés un objetivo claro, realmente creo que nada te puede detener. El gran desafío está en encontrar ese lugar, ese trabajo, ese proyecto y, especialmente, ese objetivo que te lleve a tu mejor versión y te permita explotar tus virtudes. Desde ahí, naturalmente sale lo mejor de vos y se genera un ciclo virtuoso. Por ese motivo, es muy importante invertir tiempo en hacerse las preguntas correctas, incomodarse y aprender de uno mismo 
  1. La mayoría de los desafíos representan una primera vez. En mi caso, muchas cosas se dieron rápido y no tenía experiencia previa para asumir muchos de los roles que tuve. Por lo tanto, no se trata únicamente de desarrollar experiencia y habilidades técnicas. Lo más importante es construirse desde la mentalidad. Esto implica confiar en uno mismo, en su virtud, en su esfuerzo, en su capacidad de aprendizaje, en su resiliencia y adaptabilidad, en su capacidad de superarse. Significa estar seguro de que, sea el desafío que sea, uno siempre va a estar mentalmente preparado para sobrellevarlo. 
  1. Los buenos vínculos son todo. Nadie llega solo a ningún lado. Al final del día, lo más importante no son solo los resultados, sino las relaciones que construís en el camino: la confianza, el respeto, la generosidad y la capacidad de inspirar a otros. En definitiva, todos somos parte de una historia compartida, y cada persona con la que te cruzás tiene algo valioso para dejarte. Rodearte bien, aprender de otros y apoyarte en los demás es clave para crecer y lograr cosas que trasciendan. 
  1. Definí un norte y contá una historia. Con el tiempo entendí la importancia de saber comunicar un propósito claro y un objetivo que movilice. Las ideas inspiran cuando se convierten en narrativas que otros quieren seguir. Liderar, también es eso: construir un relato que dé sentido a lo que hacemos, que conecte a las personas con un propósito común.  

Y, al mismo tiempo, es fundamental tener una historia propia: una historia que amplifique nuestros objetivos y que permita que el entorno “conspire” con lo que uno quiere lograr. Porque para que algo se haga realidad, uno tiene que estar convencido —y los demás también— de esa historia propia. 

  1. Prepararse. Me encanta usar esta frase: “no creo en la suerte, pero hay que estar preparado para cuando llegue.” Prepararse no es solo estar listo, sino construir activamente las condiciones para que las oportunidades correctas aparezcan. Tiene que ver con anticipar, aprender, formarse y mantenerse curioso, siempre alineado con tus objetivos. Cuando el momento llega, no es casualidad: es consecuencia de todo lo que hiciste antes. Y cuando el timing te sorprende por “suerte”, hay que estar preparado para aprovechar la oportunidad. 
  1. Y por último, el aprendizaje nunca termina. Desde el pasante hasta el CEO, todos debemos tener la apertura, la humildad y la curiosidad para seguir aprendiendo, mantenernos flexibles y reinventarnos permanentemente.  

Viendo hacia atrás por un momento, soy un agradecido del camino recorrido, de las personas que fueron parte de él y me ayudaron a construirlo, y también de mi empuje para hacerlo realidad.  

Miro el futuro con entusiasmo y optimismo, muy confiado de lo que puedo dar. Mi motivación personal es poder descubrir mi verdadero potencial, ir subiendo la vara cada vez más, poder mirar hacia atrás y sentirme orgulloso de haber trabajado con dedicación por construir mi mejor versión. Y eso no solo aplica a lo profesional, sino a todos los aspectos de mi vida: como persona en lo individual, como pareja, como hijo, como amigo, como padre algún día. 

Además de tu rol en Danone, presidís IDEA Joven. ¿Qué te motivó a involucrarte en este espacio? 

En IDEA estoy involucrado hace seis años, y este es mi segundo como presidente de IDEA Joven. Llegué buscando un espacio que me permitiera abrir la cabeza, conectarme con profesionales de distintas industrias y debatir sobre temas e ideas que interpelan a todos los que formamos parte de las organizaciones. 

Con el Comité de IDEA Joven construimos una agenda de eventos y actividades para abordar temas que están transformando el mundo del trabajo: innovación y tecnología, liderazgo y gestión del talento, y nuevos modelos de negocios y organizaciones. Es un espacio para aprender, inspirarnos y enriquecernos de otras experiencias. El objetivo es formar una red multisectorial de profesionales y un ámbito de desarrollo para los futuros líderes de las organizaciones. 

Lo que más me motiva es poder conectar lo que hacemos en nuestras empresas con algo más grande: con el debate público, con la construcción de comunidad y con la convicción de que cada uno puede ser agente de cambio desde su lugar. Al final, de eso se trata formar una red: de amplificar el impacto positivo que generamos como individuos y como organizaciones. 

Una de las iniciativas que impulsaste desde tu presidencia, fue realizar un censo y preguntarles a los jóvenes qué es el éxito para ellos… ¿Con qué te encontraste? 

En IDEA Joven realizamos cada año un censo para entender el pensamiento de los jóvenes sub-40 sobre temas que consideramos clave para las empresas. El año pasado lo centramos en la definición del éxito profesional, buscando entender qué es lo que realmente motiva los cambios que están transformando el mundo del trabajo y las organizaciones. 

El resultado fue concluyente: el 78 % de los encuestados —en su mayoría millennials— considera que el éxito profesional pasa por tener un trabajo flexible que permita un balance entre la vida personal y profesional. 

Hoy el éxito ya no se mide solo por el cargo o el sueldo, sino por el bienestar, el propósito, la flexibilidad y la libertad de elegir. Empieza a asociarse con palabras como felicidad, satisfacción, equilibrio y, en el caso de los Gen Z, también con la salud mental. 

Creo que eso refleja una generación que busca coherencia entre lo que hace y lo que siente. En definitiva, el éxito hoy tiene más que ver con cómo vivimos el trabajo que con dónde llegamos. 

Siempre hago la analogía con el Life, el juego de mesa. El Life consistía en avanzar por casilleros que representaban etapas de la vida muy marcadas: ibas a la universidad, te casabas, comprabas una casa, tenías hijos, te ascendían en el trabajo y, al final, te jubilabas. Ganaba el juego quien terminaba con más dinero. 

Más allá de ser un juego, refleja una cosmovisión del éxito que estaba muy instalada en la sociedad: una vida lineal, con pasos predefinidos y una única forma de “ganar”. 

Hoy, en cambio, ese recorrido ya no existe. El camino profesional y personal es propio de cada individuo: puede ser flexible, no lineal y hasta cambiar con el tiempo. El éxito dejó de ser una meta fija para convertirse en un proceso mucho más personal, dinámico y en constante evolución. 

Por supuesto, esto presenta un desafío para las organizaciones, dado que la definición termina siendo muy personal. Por eso es clave que cada uno pueda hacerse esa pregunta —y que las empresas también la hagan a sus equipos—: ¿qué significa el éxito profesional? Esa respuesta define los objetivos, las motivaciones y las acciones de cada persona, y explica, en lo profundo, las expectativas de cada generación frente al trabajo y los cambios que estamos viviendo. 

¿Qué aprendizajes podemos tomar de las generaciones anteriores sobre éxito en el trabajo, y cuáles deberíamos dejar atrás? 

Como millennial, perteneciendo a una generación que hoy está en el medio entre las anteriores y los Gen Z que ya ingresaron al mundo laboral, diría que el desafío está en tomar lo mejor de cada generación y evolucionar. Siempre desde la escucha, el entendimiento y el respeto, y atentos a no caer en sesgos ni realidades generalizadas o estereotipadas. 

Las generaciones anteriores nos dejaron una enorme cultura del esfuerzo, la responsabilidad y la resiliencia. Tenían un compromiso inquebrantable con el trabajo y una vocación por construir a largo plazo. Y creo que, en un mundo tan veloz, dinámico y acostumbrado a la gratificación instantánea, no debemos olvidar que todo lo que realmente vale la pena requiere esfuerzo, dedicación y tiempo. Hay que estar dispuesto a invertir hoy para ver resultados valiosos en el largo plazo. 

Las nuevas generaciones, por otro lado, vieron a las anteriores sacrificar estabilidad personal y salud mental sin garantías de éxito: burnout, despidos, crisis. Y no están dispuestas a repetir ese modelo. No conciben el éxito si no va de la mano del bienestar, la salud mental y la posibilidad de disfrutar del camino. El progreso económico y el ascenso jerárquico ya no alcanzan por sí solos; hoy el verdadero éxito se mide también en bienestar integral, propósito y realización personal. 

Hacia allí evolucionamos: a ser ambiciosos sin descuidar el bienestar, a comprometernos con desafíos que tengan valor e impacto, y a construir una profesión en coherencia con nuestra identidad y nuestra propia definición de éxito. No se trata de reemplazar un modelo por otro, sino de abrazar lo mejor de cada mundo. En definitiva, se trata de crecer sin perderse en el camino. 

¿Cómo ves el aporte de las nuevas generaciones en el futuro del trabajo y en el liderazgo empresarial en Argentina y la región? 

Creo que las nuevas generaciones están transformando profundamente la forma de entender el trabajo y el liderazgo. Traen una mirada más humana, empática y consciente. No buscan liderar desde el poder, sino desde la autenticidad, la influencia y el propósito. Valoran la transparencia, la coherencia y el equilibrio, y eso está desafiando a las organizaciones a repensar cómo se vinculan con las personas. 

También aportan una gran capacidad de adaptación, una mentalidad digital y colaborativa, y una manera de trabajar más horizontal. No creen en las estructuras rígidas, sino en construir espacios donde todos puedan aportar, aprender y sentirse parte. Y vienen a recordarnos que los resultados son importantes, pero la forma en que los alcanzamos es igual de importante. 

Sin dudas, el liderazgo del futuro es más humano, más colaborativo y conectado con la realidad de las personas. Pero el desafío real está en el presente: cómo capitalizamos lo mejor de las distintas generaciones que conviven hoy en el mundo del trabajo, y cómo transformamos las organizaciones para que generen resultados, mientras se vuelven más ágiles y flexibles, más conectadas con las personas y con un propósito valioso. 

Danone es una empresa global con fuerte inversión en innovación. ¿Cómo ves el papel de los datos en la toma de decisiones estratégicas? 

En Danone, la tecnología, la información y la ciencia son pilares fundamentales para cumplir con nuestro propósito: brindar salud a través de alimentos y bebidas a la mayor cantidad de personas posible, cuidando el planeta. La evidencia científica y el uso inteligente de la información nos permiten anticipar tendencias, comprender mejor las necesidades nutricionales y acelerar la innovación en productos más saludables, sostenibles y relevantes para nuestros consumidores y pacientes. 

La tecnología atraviesa toda nuestra cadena de valor y nos permite tomar decisiones más ágiles y precisas, optimizar recursos y también gestionar nuestro impacto ambiental y social con mayor responsabilidad y transparencia. 

Pero el verdadero valor no está solo en la tecnología o los datos en sí mismos, sino en cómo los integramos con el propósito. En Danone, la ciencia y la innovación están al servicio de las personas y del planeta. Ese es nuestro diferencial: combinar conocimiento, evidencia y tecnología para generar salud, bienestar e impacto positivo en las comunidades donde operamos. 

¿Cómo imaginás el rol de las organizaciones en un contexto donde la flexibilidad, la diversidad y el propósito cobran cada vez más peso? 

Las organizaciones ya no pueden pensarse solo desde el negocio, sino desde el impacto. El futuro pertenece a las compañías que entienden que la rentabilidad y la responsabilidad van de la mano, y que esto atraviesa todo el ecosistema organizacional. 

En Danone, el propósito es nuestro punto de partida. Buscamos generar bienestar a través de lo que hacemos, combinando innovación, sostenibilidad y una mirada centrada en las personas. Cada decisión tiene que equilibrar performance e impacto, resultados y sentido.  

Y eso también se traduce en una cultura muy humana, con valores y comportamientos que se viven en el día a día. En Danone tenemos un esquema de trabajo que llamamos “presencialidad con propósito”, que significa estar cerca cuando eso realmente agrega valor y contribuye a construir vínculos genuinos y espacios de confianza. También impulsamos iniciativas como el Día WellDan, que nos invita a desconectarnos del trabajo por un día entero —siete veces al año— para reconectar con nuestro bienestar físico, emocional y mental. 

Las nuevas generaciones están acelerando esta transformación. Quieren trabajar en empresas con propósito, flexibles, diversas y auténticas, que prioricen la salud, el equilibrio y el bienestar de las personas. En ese sentido, Danone fue distinguida recientemente con el Premio Adecco a la Innovación en Wellbeing, un reconocimiento que refleja cómo la compañía impulsa prácticas de bienestar reales y sostenibles. 

Hoy el liderazgo también se mide por la capacidad de inspirar, conectar y dar sentido al trabajo de los demás. En definitiva, las organizaciones que trasciendan serán aquellas que logren hacer del propósito una práctica cotidiana. 

¿Qué legado te gustaría dejar, tanto en Danone como en IDEA Joven? 

Me apasiona ayudar a otros a crecer, acompañar su desarrollo y verlos desplegar su potencial. A que puedan encontrar ese objetivo que los motive y los lleve a su mejor versión. Siempre sentí que el liderazgo no se trata de tener todas las respuestas, sino de crear las condiciones para que otros las encuentren: de inspirar, de confiar, de abrir camino. 

Si con el paso del tiempo pude influir positivamente en la forma en que otros viven su trabajo, su propósito o su manera de liderar, sentiría que eso ya es un legado en sí mismo. Porque cuando las personas crecen, las organizaciones también lo hacen. 

DATA Y TECNOLOGÍA 

Si los datos hablaran… ¿qué te dirían hoy sobre tu equipo? 

Dirían que somos un equipo con propósito, energía y una gran vocación por hacer las cosas bien. Que nos desafía el cambio, pero nos une la convicción de generar impacto. 

“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…” 

¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida? 

“La próxima montaña”. Porque cada etapa trae nuevos desafíos, aprendizajes y oportunidades para seguir creciendo. Y porque, al final, lo importante no es solo llegar a la cumbre, sino seguir subiendo y transformándose en el camino.  

¿QUIÉN ES BAUTISTA?: 

Apodo: Bauti. 

Profesión: Licenciado en Administración de Empresas y MBA. 

Signo del zodíaco: Escorpio. 

¿Dónde vives?: Belgrano, CABA 

¿Hijos?: No. 

 ¿Pareja?: Si, muy feliz con Juli. 

¿Mascotas?: No. 

Comida favorita: El asado y milanesa a caballo con papas fritas. 

Edad: 30 años. 

Hobbies: Deportes al aire libre y viajar. Me gusta mucho la aventura: montañismo, trekking, rutear, estar en la naturaleza. Los desafíos físicos y mentales me apasionan. 

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir?  

Hoy en día, en ciudades vibrantes. Buenos Aires me encanta. Fuera del país, New York, Barcelona o París. Más adelante, seguramente mucho más cerca de la naturaleza y lejos del caos. 

¿Qué color te representa mejor como persona?  

Me identifico con el amarillo y el verde: el amarillo por mi optimismo y energía positiva, y el verde porque me conecta con mi lado reflexivo y con la naturaleza. 

Completá la frase: “Trabajo mejor cuando…” 

Trabajo mejor cuando tengo un objetivo claro, me gusta lo que hago y hay un desafío que me apasiona. Eso despierta mi mejor versión: energía, pasión, foco y mentalidad de crecimiento. 

Entrevistado por Luisina Larrouyet.