Román Rodríguez, director de Capital Humano en HENCO Global, es una de las voces más influyentes en la conversación sobre Cultura y Negocios en México. Reconocido como Top Voice en LinkedIn, impulsa el debate sobre liderazgo, cultura organizacional y transformación del talento con una mirada innovadora y estratégica.
Román aprendió pronto que la vida no siempre espera. Fue papá muy joven junto a Nancy, su compañera de camino y de sueños, con quien formó una familia que hoy es su mayor orgullo: tres hijos que han crecido entre amor, esfuerzo y ejemplo. Mientras construía ese hogar, también forjaba una carrera brillante. Durante más de 25 años dejó huella en Unilever, una compañía donde supo reinventarse una y otra vez, liderando equipos diversos y enfrentando desafíos con la certeza de que el verdadero liderazgo nace de la cercanía, la vulnerabilidad y la capacidad de inspirar.
Tras veinticinco años en el vértigo del mundo corporativo, decidió hacer una pausa. Cuatro meses lejos de la oficina le permitieron respirar, reflexionar y preguntarse qué venía después. Ese receso, lejos de apagarlo, lo encendió con nueva energía y propósito. Hoy, Román asume un nuevo desafío como CHRO en HENCO Global, convencido de que la gestión de personas es mucho más que eventos y discursos: es construir cultura a partir de comportamientos, decisiones y datos que impulsan el futuro de las organizaciones.
Su voz, reconocida como Top Voice en LinkedIn, refleja una mirada honesta y crítica sobre el liderazgo, la transformación digital y la evolución de las empresas en América Latina. Habla con la experiencia de quien ha estado en la primera línea de grandes cambios y con la humildad de quien sabe que los logros solo cobran sentido cuando inspiran a otros. En un mundo que a menudo se conforma con palabras, Román apuesta por la acción, por atreverse a cambiar y por empujar a los equipos a alcanzar la excelencia sin perder la humanidad.
Su historia es la de alguien que nunca dejó de soñar ni de hacer, que encontró en el trabajo un espacio para crear y transformar, y en la vida personal un refugio que da sentido a cada logro. Hoy, con la madurez que dan los años y el entusiasmo intacto de quien cree que siempre hay algo más por construir, Román Rodríguez escribe un nuevo capítulo donde familia, propósito y liderazgo se entrelazan para inspirar a quienes se atreven a buscar un futuro mejor.
Has tenido una carrera muy sólida en Unilever, llegando a ser General Manager en la categoría de helados. ¿Cuál considerás que fue el mayor aprendizaje de esa etapa corporativa?
Aprendí que mi mayor fortaleza ha sido no quedarme quieto, sino reinventarme y transformarme una y otra vez. Después de 25 años en Unilever entendí que la capacidad de adaptarse no depende de la edad, sino de mantener la mente y el corazón abiertos a nuevos desafíos. Me tocó desaprender, reaprender y aceptar errores para crecer.
Cuando decidí tomar un receso profesional de cuatro meses, confirmé lo valioso que es hacer pausas para preguntarse “¿qué sigue para mí?”. Entendí que, si no estoy bien conmigo, no puedo estar bien con quienes me rodean. Hoy tengo una conciencia más profunda de mis fortalezas y áreas a mejorar, y sé que eso me permite inspirar y encender a los equipos.
Siento que aún tengo energía para crear, sumar y aportar valor. Quizás en el futuro me dedique de lleno a ser speaker o consejero, pero por ahora quiero seguir construyendo, aprendiendo y compartiendo lo mejor de mí con el mundo.
¿Cómo definís tu estilo de liderazgo y cómo evolucionó a lo largo de tu carrera?
Me considero un líder cercano a los equipos, alguien que crea conexiones genuinas y reales, pero que también impulsa resultados sobresalientes. Me gusta estar presente, escuchar, entender lo que sucede y actuar para llevar a las personas y a la organización a un siguiente nivel. Creo profundamente que todos somos vulnerables; yo también tengo cicatrices y experiencias difíciles que me han formado. Por eso, me muestro tal cual soy, porque cuando hay conversaciones honestas y transparentes, los equipos se vuelven imparables.
Soy un doer: no me quedo en las ideas, llevo los sueños a la acción. Me gusta observar los detalles y hacer algo al respecto, desde estacionar bien un auto hasta detenerme si veo una necesidad en la calle. Creo que soñar es fundamental, pero sin ejecución los sueños se quedan en “hubiera”.
No soy un líder de escritorio; me gusta caminar la planta, hablar con operadores, repartidores y personas que viven el día a día. De ahí surgen los mejores insights para tomar decisiones reales y efectivas. Me identifico con la idea de ser un “líder pastor”: alguien que acompaña, escucha y está en la acción, construyendo cercanía con propósito y resultados.
¿Qué te impulsó a dar el salto de un rol corporativo hacia tu faceta actual de speaker y counselor?
Mi camino como conferencista surgió casi por casualidad. Una agencia que organizaba las convenciones para Helados Holanda, me invitó a dar charlas después de que su CEO me vio interactuar con mi equipo y dijo que tenía madera de speaker. Ya había hablado en universidades, pero a partir de ahí tomé algunos cursos, entre ellos, el de TED TALK, para pulir ciertas técnicas.
Aun así, me considero un orador espontáneo más que estudiado. Si mañana me invitan a hablar en Argentina y me dan un breve contexto y tres ideas claves, puedo construir una charla conectando el tema con mis experiencias reales. Me gusta inspirar desde vivencias cotidianas; por ejemplo, en mis conferencias digo “disfruten su baño”, porque aprendí a valorar cosas simples que damos por sentado, como un beso de los padres por la mañana.
Disfruto saber que puedo dejar algo positivo y, a la vez, recibir tanto de quienes me escuchan. Muchas de mis charlas son pagas, pero a las universidades voy sin cobrar, porque ese intercambio me alimenta el alma y me motiva a seguir reinventándome a mis 54 años. Es un círculo virtuoso que me impulsa a crecer y a seguir siendo la mejor versión de mí.
Como LinkedIn Top Voice, estás constantemente en contacto con tendencias globales. ¿Qué cambios ves más urgentes en la forma en que trabajamos en Latinoamérica?
Creo que la transformación digital es un tema del que todo el mundo habla, pero en muchas organizaciones falta acción real. Aún hay trabajo por realizar en América latina. Yo prefiero que primero pase algo y después contarlo. Durante mi etapa en Unilever, cuando dirigía México y América Latina, entendí la urgencia de actuar: digitalizamos por completo las órdenes de venta de helados en 2020 y México se convirtió en el país más digitalizado del mundo en esa categoría.
En América Latina existe una resistencia fuerte a la digitalización y la automatización, sobre todo en empresas que siguen confiando en fórmulas que antes funcionaron. Pero ese inmovilismo nos mantiene años detrás de Europa y de nuestro vecino del norte. Me parece que necesitamos un verdadero cambio de mentalidad: atrevernos, aun con riesgo de equivocarnos, y pasar de la teoría a la ejecución.
Las startups nos están mostrando el camino con su espíritu aventurero y enfoque en el futuro. Si no abrazamos la evolución digital de raíz, seguiremos rezagados frente a nuevas tendencias de consumo. Yo creo que es momento de dejar de lado lo frívolo y empezar a transformar la realidad con acciones concretas.
Hoy se habla mucho de que “los datos son el nuevo petróleo”. ¿Qué rol creés que deben jugar los datos de talento en la toma de decisiones estratégicas?
Siempre he creído que el éxito de cualquier negocio se sostiene sobre dos pilares: una cultura sólida —basada en la gente y en la gestión de talento— y una base financiera fuerte. Sin eso, no hay desarrollo de mercado posible. Mi formación es financiera y contable, pero con el tiempo entendí que liderar grandes equipos —más de 5.000 personas en América Latina— exige diseñar estrategias claras y comunicarlas de forma que cada nivel de la organización las entienda: desde la fábrica y la distribución hasta el corporativo.
Hoy, en Capital Humano, mi enfoque es construir estructuras y ubicar a las personas correctas en el lugar correcto. Herramientas como el eneagrama, por ejemplo, son clave para saber con quién trabajamos y evitar que el talento esté mal ubicado. Mi visión va más allá del corto plazo: quiero diseñar la organización que necesitamos en 2030, no solo cumplir objetivos de 2025 o 2026.
La data es esencial para tomar decisiones de talento, cultura y estructura. Para mí, Recursos Humanos no es organizar eventos, sino modelar comportamientos y construir cultura con hechos. Hoy trabajo para que Capital Humano sea un socio estratégico del negocio, tomando decisiones basadas en información real y enfocadas en el futuro.
¿Cuál dirías que es hoy tu propósito personal y profesional?
Mi propósito es seguir inspirando a las personas a transformar la realidad con pequeñas acciones diarias. Me considero alguien que piensa fuera de la caja y que cuestiona lo establecido para buscar siempre algo mejor. A veces eso me ha dado la fama de “nunca estar completamente conforme”, pero en realidad es mi manera de impulsar cambios positivos y construir excelencia.
Creo que ser crítico no es negativo; es la forma más efectiva que he encontrado para mejorar. Admiro la franqueza de culturas como la argentina, donde se señala lo que está mal para corregirlo, a diferencia de la condescendencia que a veces vemos en México. Para mí, la excelencia se alcanza enfrentando los problemas con honestidad y actuando.
Quiero llevar a mi equipo y a la organización a un nivel superior, y eso no se logra con discursos vacíos sino con trabajo constante, enfoque y compromiso diario. Aspiro a generar impacto real, retando lo que no funciona y motivando a otros a atreverse a cambiar, porque la transformación sucede cuando dejamos de conformarnos y buscamos cada día hacer las cosas un poco mejor.
“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…”
¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida?
La magia continúa. Me entusiasma saber que puedo aportar y hacer algo por alguien. No busco tranquilidad, sino adversidad y desafío para darlo todo, crear, sumar y agregar valor cada día.
¿QUIÉN ES ROMÁN?:

Apodo: Ro.
Profesión: Contador público.
Signo del zodíaco: Leo.
¿Dónde vives?: Estado de México.
¿Hijos?: Tres. Alexa, de 31 años; Erick, de 29; y Joana, de 26 años.
¿Pareja?: Hace 34 años con Nancy.
¿Mascotas?: Tres perros. Tobby, Marvin y Miko.
Comida favorita: La comida mexicana. Enchiladas verdes.
Edad: 54 años.
Hobbies: Cantar.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Edimburgo. Me gusta su cultura, y me parece una ciudad con un contraste muy interesante, conserva lo antiguo, pero en un contexto citadino moderno.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El azul, siento que transmite dinamismo, un poco de seriedad, pero sin perder lo jovial.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando estoy en un ambiente de colaboración y desafío.
Entrevistado por Luisina Larrouyet.