Miguel Álvarez Tamariz Martel, fundador y CEO de Kincode, es un profesional con amplio recorrido en el mundo de los recursos humanos. Desarrolló y lidera una app innovadora que permite medir y gestionar la cultura organizacional, ayudando a las empresas a tomar decisiones más conscientes y alineadas con sus valores.
Desde sus días en Amazon, donde alcanzó el prestigioso rol de bar raiser, Miguel ya dejaba entrever que lo suyo no era solo trabajar en una empresa, sino habitarla con convicción: un verdadero militante de la cultura organizacional.
Además de su recorrido profesional, comparte su experiencia como docente en el Máster in HR Business & Tech de The Valley, donde invita a pensar el talento desde una mirada más estratégica. Su enfoque pone el lente sobre la cultura organizacional, no como un ideal inalcanzable, sino como un ecosistema que, aunque imperfecto, puede y debe ser sano. Porque, como él mismo suele decir, una cultura saludable no es la que nunca falla, sino la que sabe repararse.
Hoy, como Founder y CEO de Kincode —la app que mide el pulso cultural de las organizaciones—, Miguel sigue apostando por un mundo laboral más consciente y coherente. Hace poco, tras recibir la noticia de que un inversor no apostaría por su proyecto, compartió el momento con su hijo Leonardo, de apenas cinco años. Le preguntó si debía sentirse feliz o triste, y Leonardo, con la simpleza lúcida de la infancia, respondió: “Feliz, porque cuando estás triste no consigues las cosas que deseas”. Quizás sin saberlo, el pequeño sintetizó el corazón de toda cultura resiliente: la fe en que lo que vale, llega.
Hablemos de tu recorrido profesional, hasta llegar a tu presente en Kincode
Estudié Telecomunicaciones, especializándome en telemática y programación. Durante la carrera hice prácticas en Londres y Singapur, y al graduarme trabajé dos años en consultoría en Management Solutions. Luego, un amigo me animó a apuntar más alto, y así llegué a Amazon, donde pasé siete años y medio. Empecé vendiendo cámaras y televisores, pero luego evolucioné hacia roles de producto y liderazgo global de equipos de desarrollo de software.
Uno de los momentos más importantes fue convertirme en Bar Raiser, un rol clave en la cultura de Amazon, responsable de asegurar que solo se incorporen personas alineadas con los valores de la empresa. Esto me permitió ver cómo se puede medir, escalar y proteger una cultura organizacional, incluso en una compañía con más de un millón de empleados repartidos por todo el mundo.
Tras esa experiencia, comencé a colaborar con empresas como Telefónica y Banco Santander. Todos coincidían en el mismo desafío: cómo medir y transformar su cultura organizacional, algo históricamente considerado intangible. Esa necesidad fue la semilla para crear Kincode.
¿Qué problema quisiste resolver al crear tu empresa? ¿Qué vacíos veías en las organizaciones?
En mi experiencia, vi dos problemas muy claros en muchas organizaciones. El primero es que se definen misión, visión y valores, pero luego quedan solo en la pared: nadie los vive, no se miden ni se integran en los procesos. Decimos que valoramos la confiabilidad, pero no hacemos nada concreto con eso. El segundo problema es la fuerte dependencia del bienestar laboral con el jefe o jefa. Si te toca alguien tóxico, tu vida se vuelve un infierno. En Amazon, al menos, teníamos una encuesta mensual sobre los managers, lo que nos daba datos en tiempo real sobre su impacto. Además, me di cuenta de que muchas personas ascienden hasta su nivel de incompetencia: alguien muy bueno vendiendo es promovido a jefe, pero nadie le enseña a liderar. Ser jefe implica ser coach, saber escuchar y acompañar. En Kincode trabajamos justamente en eso: dar herramientas y datos para que los líderes puedan ser mejores managers.
¿Cómo definís una cultura organizacional “saludable”?
Para mí, la cultura de una empresa se ve en cómo se comportan las personas cuando su jefe no está. Es algo difícil de medir, pero se puede aterrizar a través de procesos de Recursos Humanos. Una cultura saludable es aquella donde la gente se siente segura, valorada y con propósito, y tiene espacio para opinar, equivocarse y crecer. En Kincode trabajamos para medir eso en tiempo real con preguntas diarias: cómo se sienten, si perciben reconocimiento o propósito. Además, promovemos el reconocimiento entre colegas basado en valores reales, no solo en lo que está escrito en la pared. Cuando alguien actúa de forma coherente con los valores, eso da vida a la cultura. También es un enfoque que trabajamos en el máster que lidera Mayte.
¿Cómo ayudás a las organizaciones a pasar de la intención a la acción en temas culturales?
Las nuevas generaciones están empujando a que construyamos culturas más intencionales y sostenibles. Antes, la cultura se creaba de forma natural, en los pasillos o tomando un café con otros equipos. Hoy, en un modelo híbrido, eso ya no alcanza. Ahora necesitamos definir, medir y empujar la cultura activamente. Para eso, es clave usar herramientas que permitan escalar esa gestión, incluso algo tan simple como un formulario en Google. Ya no se trata solo de dejar que la cultura “se dé”, sino de diseñar cómo queremos trabajar y generar los espacios y procesos para que eso suceda. Ese es justamente uno de los grandes retos de los equipos de Recursos Humanos. Y también es el enfoque del máster que coordinamos en ECH/Beans y The Valley: dejar atrás la visión tradicional de RRHH y avanzar hacia una función estratégica y digitalizada.
¿Cómo imaginás que evolucionarán las culturas organizacionales en un mundo cada vez más híbrido y digital?
Veo que las nuevas generaciones impulsan cambios en la forma de trabajar y nos invitan a crear culturas más intencionales y sostenibles. Antes la cultura se generaba casi sola: una charla en el pasillo, un café con alguien de marketing, un intercambio casual. Hoy eso ya no basta. Necesitamos definir la cultura que queremos, medirla y sostenerla en el tiempo.
Para lograrlo, debemos usar herramientas que nos permitan escalar y dar seguimiento, aunque no siempre tienen que ser grandes plataformas. A veces basta algo tan simple como un formulario para recoger información y tomar decisiones basadas en datos.
Pasamos de un modelo donde la cultura surgía de manera orgánica a uno en el que hay que diseñar cómo queremos operar, crear espacios que promuevan la colaboración y establecer procesos que fortalezcan lo que buscamos como organización.
En resumen, ya no alcanza con esperar que la cultura aparezca sola: hoy debemos ser intencionales, proactivos y estratégicos para construir ambientes de trabajo coherentes, sostenibles y alineados con las nuevas formas de trabajar.
EL FUTURO DEL TRABAJO
Si tuvieras que elegir una sola palabra para definir el futuro del trabajo, ¿cuál sería y por qué?
Para mí, el futuro está en la intersección entre personas e inteligencia artificial. En mi empresa, ya convivimos con empleados de IA que apoyan áreas como Cultura, Operaciones o Customer Service. La clave está en integrar estos recursos como parte real de los equipos, mientras los equipos de People se enfocan más en cuidar, potenciar y acompañar a las personas, aprovechando la IA para aumentar nuestra inteligencia colectiva.
“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…”
¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida?
Lo llamaría impacto. Con Kincode estamos construyendo algo muy potente en la intersección entre personas e IA. Ya lo usan muchas empresas, pero nuestro objetivo es escalar y ayudar a todo un mercado a cuidar mejor a sus equipos.
¿QUIÉN ES MIGUEL?:

Apodo: Mike.
Profesión: Ingeniero en telecomunicaciones.
Signo del zodíaco: Escorpio.
¿Dónde vives?: Pozuelo de Alarcón, un pueblo al lado de Madrid.
¿Hijos?: Sí, tres hijos. Leonardo, de 5; Alejandro, de 3; y Carlota, de 1.
¿Pareja?: Carolina.
¿Mascotas?: Sí, dos perros. Leya y Jann.
Comida favorita: La tortilla de papa.
Edad: 35 años.
Hobbies: Jugar al fútbol y pádel con amigos, y surfear.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Hawaii. Me gusta estar cerca de la naturaleza, el agua y el clima cálido.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El verde, me transmite ese espíritu del color de la esperanza.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando me dicen que un proyecto es muy difícil de llevar a cabo.
Entrevistado por Luisina Larrouyet.