POR LUISINA LARROUYET
Ariel Urcola, papá de Ema y Juana, headhunter, director de Educación Ejecutiva y del Track de Desarrollo Profesional y Liderazgo del MBA en la Universidad de San Andrés, es un líder en constante transformación, convencido de que el aprendizaje continuo, el autoconocimiento y la curiosidad son los motores para evolucionar personal y profesionalmente.
Hay líderes que llegan a su lugar por cálculo. Otros, por intuición. Ariel combina ambas fuerzas. Analítico por formación, sensible por convicción, su recorrido no es el de alguien que simplemente siguió una carrera exitosa, sino el de quien se animó a escuchar una inquietud interna que pedía algo más.
Se formó y destacó en el mundo de los números desde muy joven. Tenía talento, disciplina y resultados. Sin embargo, mientras avanzaba en un camino que prometía estabilidad y prestigio, algo no terminaba de encajar. Era bueno con las métricas, pero su energía se encendía cuando trabajaba con personas. Intuía que su vocación no estaba en los balances, sino en los vínculos.
En ese momento de búsqueda —cuando la incomodidad se vuelve brújula— aparecieron los headhunters. Lo que comenzó como una conversación sobre oportunidades laborales terminó revelando un deseo más profundo: no quería ser quien analizara estructuras, sino quien ayudara a transformarlas a través del talento. Descubrirlo fue un punto de inflexión.
Hoy se desempeña como director de Educación Ejecutiva en la Universidad de San Andrés, un espacio donde confluyen experiencia, liderazgo y aprendizaje continuo. Allí, acompaña a profesionales que, como él en su momento, se preguntan hacia dónde quieren ir. Pero si algo distingue a Ariel es que no habla desde un pedestal. Se reconoce en constante transformación. Cree que liderar no es haber llegado, sino seguir aprendiendo.
Hay, además, una dimensión que atraviesa todo su relato y que heredó de su padre: la misión de fabricar recuerdos. Para Ariel, el verdadero impacto no se mide solo en resultados, sino en experiencias que dejan huella. Tal vez por eso su mirada combina la rigurosidad del análisis con una sensibilidad casi poética. Porque entiende que, al final, lo que transforma no es únicamente el contenido, sino el proceso compartido y el tiempo invertido en crecer.
Hablemos de tu recorrido profesional hasta llegar a tu presente en la Universidad de San Andrés…
Estudié la carrera de contador público porque, en un contexto de alta inflación, era una profesión que ofrecía estabilidad. Me recibí joven, a los 21 años, y entré a trabajar a Arthur Andersen, que hoy se llama EY, mi primera gran escuela profesional. Me fue muy bien: a los 26 ya tenía varios equipos a cargo. Sin embargo, aunque hacía bien mi trabajo, sentía que no era lo mío.
Comencé a explorar un cambio. En esa época se hacía mucho a través de headhunters. Dos de ellos me invitaron a navegar y me preguntaron por qué rechazaba buenas ofertas. Les dije que quería hacer lo mismo que hacían ellos. Me respondieron que justamente estaban pensando en invitarme a unirme a su equipo. Así llegué a Korn Ferry, una de las firmas más grandes del mundo en búsqueda de ejecutivos. Hoy sigo trabajando con quienes fueron mis socios allí; Alex y Mariano, porque decidimos abrirnos y fundar nuestra propia consultora.
Años después, Ernesto, mi primer jefe y hoy gran amigo, me convocó para buscar al director de Educación Ejecutiva de la Universidad de San Andrés desde nuestra consultora. Acepté el desafío, pero esa misma noche me propuso que fuera yo quien ocupara el puesto. Estaba abierto a nuevos rumbos, así que acepté y ya llevo ocho años en este hermoso desafío.
¿Qué buscan hoy las personas cuando llegan a un programa ejecutivo: conocimiento, red, transformación personal… o todo junto?
Para mí, la transformación personal tiene una variable central: el tiempo. Hoy todo el mundo quiere cambiar en diez minutos, pero no funciona así. Transformarse implica proceso. Por eso creo que una carrera de grado o un MBA no transforman sólo por los contenidos o por la calidad de los profesores, sino porque durante años te dedicás a vos, a pensar, a estudiar, a construir algo propio. Lo que transforma es ese recorrido sostenido de experiencias y aprendizajes.
También entiendo que muchas personas llegan a la universidad buscando un “papel”, un título, una credencial que valide su paso por una institución. Y eso está bien: la reputación suma. Pero no es lo único.
Creo que hay tres motivaciones claras. La primera es ese reconocimiento formal. La segunda, y más importante, es aprender. No se trata de que alguien “te eduque” desde la oferta, sino de tu decisión de aprender, de apropiarte de lo que necesitás para crecer. Y la tercera es vincularse. Las personas vienen a relacionarse, a construir red. En definitiva: certificación, aprendizaje y comunidad.
¿Cómo se trabaja la incomodidad del cambio dentro de un aula ejecutiva, donde muchas personas ya “tuvieron éxito”?
Los perfiles que deciden formarse en posgrados en nuestra Universidad son personas de 30, 40, 50 y más años que eligen dedicar lo más importante que tienen, su tiempo, a aprender. Quien decide invertir dos años ese tiempo suele venir con verdadera vocación de aprendiz. Son perfiles a los que ya les va bien, que podrían creer que “ya están”, pero justamente porque sienten que aún tienen algo por aprender, se convierten en mejores aprendices. Algunos llegan esperando cierto contenido específico; otros, más abiertos, dispuestos a lo que la experiencia les traiga. Pero todos vienen en “modo aprendiz”.
Quienes asisten a programas cortos, de dos o tres meses, tienen una lógica similar, aunque muchas veces buscan resultados inmediatos. Ahí el desafío es ayudarlos a entender que no todo aprendizaje profundo sucede en semanas y que el compromiso marca la diferencia.
Por eso no hablamos solo de clases, sino de “experiencias de aprendizaje”. Desde los detalles del entorno hasta el acompañamiento personalizado, todo está pensado para que no se trate sólo de escuchar ocho horas al docente, sino vivir procesos: evaluaciones, coaching, espacios de reflexión. Porque aprender también implica enfrentar el ego y atravesar una natural resistencia al cambio.
¿Qué habilidades humanas creés que van a ganar más valor justamente por la irrupción de la IA?
En nuestro modelo, todo empieza por el autoconocimiento. La primera habilidad clave es saber quién sos, qué querés y hacia dónde vas. Muchas veces, especialmente en Occidente, confundimos el “ser” con el rol, con el “estar”. Yo no soy mi cargo; soy una persona que hoy ocupa determinada posición. Cuando alguien construye su identidad solo sobre su puesto y ese puesto cambia o desaparece, siente que pierde sentido. En cambio, si tu identidad está clara y es más profunda, los cambios duelen menos.
La segunda habilidad es aprender. Suena simple, pero no lo es. Implica apertura, humildad y disposición real a transformarse. No buscar tantas respuestas, sino animarse a encontrar mejores preguntas. La tercera es el relacionamiento: no se puede hacer nada solo. Construir vínculos, generar confianza y colaborar es fundamental.
Sumo una cuarta: el pensamiento crítico. Para mí, primero buscás información, elaborás tu propia conclusión y recién después contrastás con inteligencia artificial, no al revés. Hay un valor enorme en formar criterio propio. La IA puede procesar más rápido, pero desarrollar juicio es una capacidad humana que no deberíamos delegar.
¿Qué consejo le darías a quienes sienten que su formación quedó “vieja”, pero no saben por dónde empezar a actualizarse?
Considero que la curiosidad es el punto de partida. Siempre recomiendo empezar por aquello que realmente te despierta interés. Desde ahí se construye todo. Pero también creo que, si sentís que te quedaste atrás, lo peor es resignarte y asumir que estás fuera de juego. Siempre hay margen para volver a empezar.
Algo muy concreto: poner límites al uso de redes sociales, una o dos horas como máximo. No porque todo sea negativo, sino porque compiten por lo más valioso que tenemos: la atención. Cuando alguien dice “prestame atención” o en inglés “pay attention”, hay algo interesante ahí. En inglés, la atención se paga; en español, se presta. Esa diferencia muestra una idea poderosa: el tiempo tiene valor, incluso precio.
Más allá de si está bien o mal, lo importante es tomar conciencia de que el recurso más valioso que tenemos es el tiempo. Y dónde ponemos nuestra atención define en qué invertimos nuestra vida.
DUPLA ESTRATÉGICA
La tecnología no deja de ser aliada; el riesgo aparece cuando empiezo a delegarle lo que me define como humano. Nuestra percepción depende más del momento vital que de la tecnología en sí. Hoy, con la aceleración de la IA y otras innovaciones, la incertidumbre se amplifica. En este contexto, el punto crítico es cuando cedo a la inteligencia artificial el pensamiento crítico: dejar de analizar opciones, evaluar escenarios y decidir con criterio propio. Ahí la tecnología no distrae por sí misma, sino que me desenfoca del talento real si renuncio a ejercerlo.
“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…”
¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida?
Lo titularía “No te creas tan importante”, pero entendiendo el lado positivo de esto: no te tomes tan en serio, ninguna afirmación o certeza que tengas es “tan” cierta. “Correte” del centro de tu vida. Siempre podés cambiar.
¿QUIÉN ES ARIEL?:

Apodo: Ari.
Profesión: Contador público.
Signo del zodíaco: Virgo.
¿Dónde vives?: Tigre.
¿Hijos?: Dos. Juana y Ema, de 17 y 19 años.
¿Pareja?: No.
¿Mascotas?: Covi y Nala, dos “ladradores”.
Comida favorita: Asado con familia y amigos.
Edad: 62 años.
Hobbies: Mi papá me enseñó que todos somos “fabricantes de recuerdos”, así que te diría que ese es mi mayor hobbie. Vivir para fabricar recuerdos con mis hijas, mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Me gusta mucho vivir en Tigre. Amo los lugares que tienen naturaleza. Y si tuviese que elegir un lugar en el mundo, diría La Toscana.
¿Qué color te representa mejor como persona?
¡Ni idea! Tal vez el rojo, lo relaciono con Independiente, equipo del que soy hincha.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando trabajo en equipo, con otros.