En un mundo cada vez más atravesado por la inteligencia artificial, FK LATAM elige ir a contramano de la automatización absoluta y volver a poner el foco donde siempre estuvo la verdadera diferencia: en las personas. Conversamos con Guillermo Ruitti, Pablo Cavalieri Iribarne y Luciano Bó sobre liderazgo, propósito y la necesidad de reconstruir acuerdos humanos en tiempos de algoritmos.
En un contexto donde la inteligencia artificial acelera procesos y redefine rutinas, FK LATAM propone una pausa distinta: volver al cuerpo, a la conversación cara a cara y a la experiencia compartida. La entrevista reúne a Guillermo, Pablo Cavalieri y Luciano, tres miradas complementarias que, desde roles diferentes, comparten una misma convicción: el trabajo en equipo no se declama, se entrena.
Desde activaciones de team building hasta experiencias pensadas para eventos corporativos y cierres de año, el equipo de FK LATAM Training Camp diseña espacios donde lo humano vuelve a ocupar el centro. Allí, lo físico, lo cercano y lo presencial no son un detalle logístico, sino una decisión estratégica. Sus propuestas recuperan la potencia del encuentro real, ese que habilita conversaciones profundas, emociones compartidas y acuerdos que no siempre emergen en la virtualidad.
El deporte aparece como metáfora recurrente. El vestuario, el liderazgo en momentos de presión, la confianza construida partido a partido y la noción de equipo como algo vivo atraviesan cada experiencia. No como un recurso estético, sino como un lenguaje común que permite hablar de propósito, responsabilidad y cohesión de una forma directa y tangible.
Cuando hablan, la pasión es evidente. No hay discursos prefabricados ni recetas universales, sino una mirada entrenada para leer climas, tensiones y silencios. En tiempos de algoritmos, insisten en algo simple y, a la vez, poderoso: que ningún avance tecnológico reemplaza lo que sucede cuando las personas se miran, se escuchan y deciden jugar en equipo.
En un contexto donde la IA gana protagonismo, ustedes eligen experiencias presenciales y corporales. ¿Qué creen que sigue siendo irremplazable de lo humano hoy?
LUCHO: Los seres humanos nos comunicamos a partir de la construcción de significados y sentidos compartidos, a través de distintos códigos que se fueron formando a lo largo de miles de años de historia cultural. Crecimos interactuando con otras personas, en experiencias presenciales donde esos códigos estaban más o menos claros y estandarizados.
Hoy, en cambio, estamos entrando muy rápido en el mundo de la inteligencia artificial y de lo digital, un territorio en el que todavía somos bastante inexpertos. Los códigos ya no son los mismos y, además, varían mucho según la generación: no significan lo mismo para mí, para mis colegas o para mis hijas adolescentes. En el mundo virtual, esos sentidos están mucho más fragmentados.
Desde mi experiencia en la docencia, lo que busco es diseñar entornos que permitan una síntesis entre estos dos mundos. Espacios donde distintas generaciones puedan compartir información, contenidos y miradas, recuperando lo corporal y lo presencial. Porque cuando las personas conversamos cara a cara, aparece algo irremplazable: la emoción. Y esa emoción sigue siendo un valor diferencial en cualquier proceso de aprendizaje y de vínculo humano.
PABLO: Creo que hoy valoramos la practicidad de lo virtual, pero cuando experimentamos el encuentro cercano entendemos que estar juntos es distinto y, muchas veces, mejor. Conectarse a distancia es útil, pero compartir un espacio, una charla cara a cara, genera otra calidad de vínculo. El entrenamiento busca justamente eso: que se experimente la conexión que nace en el uno a uno. La inteligencia artificial puede acompañar, pero no reemplaza lo que ocurre cuando dos personas conversan en profundidad, más allá de lo cotidiano. Ahí aparece la emoción, la confianza y una conexión que la virtualidad no logra replicar.
GUILLERMO: Creo que el mundo cambia de manera constante y acelerada, y eso nos obliga a transformarnos todo el tiempo. Quienes nos formamos en recursos humanos hace décadas enfrentamos desafíos muy distintos a quienes hoy egresan de la universidad. Sin embargo, el objetivo central sigue siendo el mismo: cuidar el clima interno, la cultura y el propósito de las organizaciones.
Hoy ese desafío se da en un contexto complejo, atravesado por modelos de trabajo presenciales, híbridos y flexibles, reestructuraciones, fusiones y una convivencia permanente entre distintas generaciones. En esa dinámica, los equipos necesitan frenar, conectarse y volver a alinearse con el propósito y el norte estratégico de la compañía. También necesitan espacios para hablar de lo que les pasa, revisar tensiones y construir acuerdos.
Esto puede trabajarse de manera virtual, y la virtualidad ha traído muchos beneficios para el día a día del negocio. Pero no es lo mismo que hacerlo de forma presencial. En esos encuentros diseñamos dinámicas que permiten conectar desde un lugar más profundo, abordar temas que suelen quedar ocultos y generar acuerdos reales. Para entrenar habilidades, fortalecer vínculos y producir cambios concretos, creemos que la presencialidad sigue siendo clave.
¿Qué ven hoy en los equipos que llegan a sus experiencias? ¿Más cansancio, más desconexión?
PABLO: Solemos preguntar por la primera sensación que aparece al recibir la invitación, antes de que pase la experiencia. Ahí surge de todo: entusiasmo, curiosidad, resistencia y también inercia a no frenar. Algunas personas se entusiasman con volver a encontrarse, otras muestran rechazo inicial. Eso nos permite entender cuán valioso es el tiempo para cada persona. Por eso damos vuelta la lógica: si ya decidimos tomarnos ese tiempo, la clave es aprovecharlo al máximo. No depende del facilitador, sino de cada participante. La resistencia a parar, encontrarse y salir de la rutina es natural, pero ahí empieza el verdadero trabajo.
GUILLERMO: Cada compañía está atravesando un momento distinto. Hay equipos que crecen y necesitan ordenar procesos; otros atraviesan crisis, desmotivación o conflictos generacionales que impactan en la confianza y la retención de talento. Cada equipo es, para mí, un estado de ánimo diferente.
Recibimos un brief inicial —problemas de comunicación, falta de confianza, choques culturales—, pero nuestro desafío es no quedarnos solo con eso. A través del team coaching, hacemos preguntas y diseñamos dinámicas para que lo que realmente sucede aflore en la conversación. Administramos ese diálogo con un toolkit de herramientas, según el tema que aparezca: confianza, colaboración, propósito.
El objetivo es que el propio equipo identifique sus puntos de dolor y diseñe soluciones simples, concretas y aplicables desde el lunes siguiente. Ese es el verdadero output de la experiencia.
LUCHO: La pandemia borró la transición entre ser ciudadano y trabajador. De un día para otro ganamos autonomía: tuvimos que decidir solos, sin el jefe al lado ni el compañero a tres escritorios de distancia. El desafío ahora es volver a articular ese propósito compartido, porque pequeñas divergencias sostenidas en el tiempo generan brechas enormes.
También se desdibujaron los límites del trabajo. Cada persona organiza su horario como puede, pero eso invade la libertad de otros. Los códigos quedaron fragmentados: ¿respondo un mail a las 10 de la noche? ¿Es urgente o importante?
Lo que buscamos es reconstruir acuerdos básicos: horarios, duración de reuniones, prioridades. En equipos regionales, incluso diferencias culturales impactan en algo tan simple como el horario del almuerzo. Nuestro trabajo es “barajar y dar de nuevo” y ayudar a cada equipo a definir sus propias reglas claras y compartidas.
En sus training camps, ¿qué aprendizajes suelen aparecer que no surgen en una capacitación tradicional?
GUILLERMO: Vengo del mundo de Recursos Humanos y trabajé muchos años en capacitación tradicional, donde los líderes asistían a aulas, escuchaban a un facilitador y se llevaban modelos teóricos sobre liderazgo o alto desempeño. Ese formato suponía que, con algunos ejercicios, los equipos volvían transformados, pero en la práctica eso no siempre sucedía.
Nuestro desafío fue romper con esa lógica y diseñar entornos completamente distintos al aula clásica. Creamos experiencias inmersivas, basadas en estímulos sensoriales y analogías con el deporte, que transportan a las personas a otro contexto desde el primer momento. El foco no está en el facilitador, sino en quienes participan.
Usamos marcos conceptuales, videos y dinámicas como soporte, pero el verdadero aprendizaje surge de lo que viven y conversan las personas. Cuando ellas son las protagonistas, el cambio ocurre. Ahí sentimos que nuestra misión está cumplida.
PABLO: Desde la PNL entendemos que el modelado es clave: aprendemos observando a quienes hacen bien algo. Para mí, los equipos deportivos son quienes mejor entrenan el trabajo en equipo, algo que el mundo corporativo no siempre práctica. Por eso usamos la metáfora del vestuario: sembramos ese espacio para que, con el tiempo, los propios equipos puedan construirlo solos. Buscamos sembrar conversaciones distintas, conexión y confianza. Empezamos cambiando el entorno, porque cuando cambia el contexto, algo se moviliza. Desde ahí podemos trabajar creencias y valores, modelando lo que el deporte mejor sabe hacer: ser equipo.
LUCHO: Para mí, la diferencia la hacemos nosotros. Somos buenos en lo que hacemos y eso tiene que ver con nuestra impronta, nuestras competencias y la experiencia que traemos. Venimos de mundos muy distintos: yo de la comunicación pública y la docencia, Guille del mundo corporativo y financiero, y Pablo con una fuerte mirada desde la PNL. Al principio parecían enfoques opuestos, pero esa síntesis generó algo muy potente. Esa combinación es nuestro diferencial. Además, entendemos el vestuario como un espacio transversal, donde no bajamos verdades, sino que aprendemos de las personas a partir de sus propias experiencias.
“MI SINGULARIDAD”
¿Qué característica, personal o profesional, creen que los vuelve únicos?
GUILLERMO: Me apasiona construir climas organizacionales y solucionar problemas dentro de las organizaciones.
PABLO: Creo que la facilidad para crear espacios de confianza con distintos equipos.
LUCHO: Yo creo que mi singularidad es la escucha. Cuando le doy una devolución a un colaborador, siento que eso que él compartió es valioso para él, para su historia.
Entrevistados por Luisina Larrouyet.