Irene Schlechter Kutscher, Organizational Sustainability Manager Minerals America en BHP, construyó un recorrido profesional diverso en compañías de distintos rubros, integrando psicología, sostenibilidad e industria para impulsar un liderazgo con propósito y mirada global.
Hay personas que parecen moverse con naturalidad entre mundos que, a primera vista, no siempre dialogan entre sí. Irene es una de ellas. Creció observando el trabajo de su padre, que como CEO sus responsabilidades lo llevaban a viajar por el mundo. Desde muy joven entendió que el liderazgo no era solo un cargo, sino una forma de estar en el mundo: tomar decisiones, asumir responsabilidades y pensar en grande, con mirada global.
Quizás por eso eligió estudiar Psicología, impulsada por la curiosidad de comprender a las personas, sus motivaciones y sus vínculos. Sin embargo, los caminos de la vida la llevaron hacia el mundo corporativo, donde encontró un espacio inesperado para desplegar esa sensibilidad humana en entornos tradicionalmente duros y técnicos. Desde allí, fue construyendo una carrera sólida, aprendiendo a conectar propósito, negocio e impacto social.
Convive con naturalidad entre lo estratégico y lo humano, entre la industria y la innovación, entre la tradición y la transformación. Tiene un espíritu emprendedor que la impulsa a cuestionar, a proponer y a crear, incluso dentro de estructuras complejas. Esa inquietud constante la llevó a explorar nuevos formatos, nuevas conversaciones y formas de mejorar una empresa.
En sus ratos libres, cuando el ritmo corporativo se aquieta, Irene encuentra refugio en el piano. Allí, entre partituras y silencios, aparece otra faceta: la de quien entiende que el liderazgo también es armonía, escucha y sensibilidad. Porque, al final, su recorrido —desde la psicología hasta la minería, desde la mirada global hasta el detalle humano— parece estar guiado por una misma convicción: trabajar con sentido y dejar una huella positiva allí donde le toque estar.
Tu recorrido incluye experiencias en industrias y culturas muy distintas, como CODELCO, Deloitte y Endeavor… ¿Qué aprendizajes transversales te llevás de ese camino?
Siempre fui inquieta y me gustó probar cosas distintas. Mientras construía mi carrera en empresas de primera línea en Recursos Humanos, también emprendía: creé mis propias startup y emprendimientos y me metí de lleno en el mundo tecnológico. Hoy convivo entre el ecosistema de innovación y el mundo corporativo de RR.HH., y ese mix me fascina.
Me apasiona poder mezclar lo que está pasando en innovación con lo que realmente necesitan las empresas. Entender ambos lados me permite hacer de puente. Porque la empresa es un organismo complejo: grande, estructurado, con sus propias jerarquías y roles bien definidos. Y el mundo de la innovación es todo lo contrario: rápido, disruptivo, vertiginoso.
El desafío —y lo que más disfruto— es lograr que esos dos universos conecten. Cómo hacer que el mundo corporativo más tradicional dialogue con el ecosistema emprendedor, y viceversa. Porque se necesitan mutuamente. La clave está en encontrar ese encaje, traducir lenguajes, acompasar tiempos y generar valor real desde esa integración. Eso es lo que realmente me mueve.
En un contexto como el de la minería, donde las decisiones tienen impacto económico, social y ambiental, ¿cómo definís hoy el liderazgo sostenible?
Hoy es muy difícil imaginarse trabajando en una empresa con cuyos valores y propósito no conectes. Las nuevas generaciones necesitan sentir que lo que hacen tiene impacto social y medioambiental, que forman parte de algo más grande y que contribuyen positivamente al planeta.
La minería ha recorrido un camino enorme. No es la industria que era hace décadas. Hoy operamos minas de forma remota desde Santiago, a kilómetros de distancia en el norte de Chile, con tecnología impresionante. En un país con escasez hídrica, por ejemplo, en Minera Escondida se utiliza agua del océano Pacífico para los procesos, reduciendo el impacto en fuentes continentales.
También hay un fuerte trabajo con comunidades y pueblos originarios, y la industria genera movilidad social real: salarios más altos que permiten a muchas familias acceder a nuevas oportunidades.
Cuando BHP declaró que quería alcanzar una fuerza laboral con equilibrio de género al 2025, lo logramos con un año de anticipación. Hoy en día tenemos un 45,4% de representación femenina en toda la organización, y un 47,7% en cargos de liderazgo. Declarar y comprometerse públicamente moviliza a toda la organización y genera impacto más allá de la empresa. Cuando una minera lo logra, otras industrias sienten el desafío. Ese es el poder de un propósito claro y valiente.
¿Cómo estás viendo la incorporación de la inteligencia artificial en la toma de decisiones organizacionales?
Creo que ni siquiera nos hemos dado cuenta de cómo la IA ha entrado en nuestra vida personal y profesional de forma totalmente orgánica. La incorporamos casi sin notarlo, de forma similar a lo que pasó con Internet en su momento: no fue un “gran quiebre” de un día para otro, sino algo que empezó a incorporarse progresivamente hasta formar parte natural de nuestra rutina.
Y su impacto es exponencial. Nos permite analizar grandes volúmenes de textos a una velocidad impensada, conectar ideas sintetizando información compleja, generar nuevas conexiones entre distintos puntos de vista y comparar tendencias y buenas prácticas entre industrias. Desde algo tan simple como redactar mejor un correo en inglés, hasta optimizar un proceso end-to-end y hacerlo más rápido y eficiente.
El ahorro en recursos económicos y operacionales es enorme, pero también lo es en tiempo y agilidad. Y eso tiene una repercusión directa en nuestra vida personal: al automatizar tareas repetitivas, ganamos disponibilidad mental y tiempo para concentrarnos en lo que realmente importa, para pensar mejor, para decidir con mayor claridad.
La clave es dejar de verla como algo extraordinario y empezar a integrarla de manera natural, estratégica y consciente en lo que hacemos todos los días.
¿Qué tipo de culturas organizacionales creés que van a ser clave para atraer y fidelizar talento en industrias tradicionales como la minería?
Nuestra rotación es muy baja; más que fuga de talento, vemos movilidad entre empresas mineras. El gran desafío está en el futuro de la industria: una minería cada vez más autónoma y descarbonizada que requerirá profesionales y técnicos expertos en sistemas eléctricos y mantenimiento de flotas de electromovilidad. Hoy ya operamos CAEX —camiones mineros gigantes del tamaño de un edificio pequeño— de forma autónoma y avanzamos en su electrificación. Mantener estos equipos de gran escala exigen competencias distintas a la mecánica tradicional, y aún hay pocos perfiles formados en estas nuevas disciplinas, especialmente mujeres.
Chile es un país minero; la industria no es ajena a las nuevas generaciones. Saben que es una plataforma poderosa de desarrollo profesional y de impacto país, lo que nos permite sostener una marca empleadora fuerte. En rankings de talento, la minería se ubica entre los sectores mejor valorados y más atractivos para trabajar.
El avance más significativo ha sido demostrar que la minería puede hacerse de otra manera: más ecofriendly, respetuosa con las comunidades y medioambiente. Estamos transitando hacia una industria más limpia, autónoma y eficiente, demostrando que se pueden hacer las cosas mucho mejor que hace décadas.
¿Qué significa para vos “trabajar con sentido” en el contexto actual?
Para mí, trabajar con sentido es fundamental. Me permite entender cómo impactamos en el mundo y en la sociedad desde lo que hacemos todos los días. Pero también tiene una dimensión muy personal: pienso mucho en mis hijos y en las nuevas generaciones.
Cuando ellos ven que sus padres trabajan en algo que genera un impacto positivo, empiezan a mirar el mundo laboral de otra manera. No es solo “mamá o papá que se van temprano y vuelven tarde”, sino personas que aportan, que construyen, que influyen en su entorno. Si podemos transmitirles lo que hacemos y por qué lo hacemos, entienden mejor el valor del trabajo y desarrollan una ética vinculada al propósito.
Eso también siembra en ellos la idea de que, a futuro, deberían buscar un camino donde puedan desarrollarse y al mismo tiempo contribuir a la sociedad. A mí me costaría muchísimo trabajar en algo que no tuviera sentido. Y si no lo encontrara, probablemente crearía mi propia empresa para poder construirlo.
DUPLA ESTRATÉGICA
¿En qué momento la tecnología deja de ser aliada y empieza a distraer del talento real?
Para mí, la tecnología deja de ser aliada cuando nos hace perder de vista algo que es profundamente humano: el criterio, la sensibilidad y el sentido del propósito. La tecnología puede darnos velocidad, datos y eficiencia, pero no reemplaza la capacidad de comprender el contexto, de leer a las personas, de anticipar impactos o de decidir con ética. Ahí es donde el talento real se vuelve insustituible.
“CUADERNO DE IDEAS”
Si pudieras dejarle una nota escrita a tu versión más joven, ¿qué diría?
Le diría que se atreva. Que se anime a trabajar en otros países, a moverse, a mirar la vida con perspectiva global. Que siempre levante la voz y diga lo que piensa, con respeto, pero con firmeza. Que exprese con claridad lo que cree como lo que no le parece correcto, desde un lugar ético y responsable.
También le diría que sea testigo activo: que no se quede callada cuando algo no está bien, que no normalice un comentario hiere o una broma no refleja la cultura que queremos construir. Que recuerde que cada gesto, cada palabra y cada límite que pone, también moldea el mundo en el que quiere vivir.
¿QUIÉN ES IRENE?:

Apodo: Nene.
Profesión: Psicóloga, con un magister en psicología organizacional.
Signo del zodíaco: Libra.
¿Dónde vives?: Santiago de Chile.
¿Hijos?: Dos. Colomba, de 11 años y Vicente, de 1 año y 4 meses.
¿Pareja?: Casada.
¿Mascotas?: Una gata, Olivia.
Comida favorita: El caldillo de congrio.
Edad: 41 años.
Hobbies: Me encanta tocar el piano y compartir tiempo de calidad con mi familia.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Cualquier lugar que tenga playa.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El azul.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando puedo crear, explorar ideas nuevas y pensar en grande.
Entrevistada por Luisina Larrouyet.