POR LUISINA LARROUYET
Montserrat Lewin, People & Corporate Affairs Directora en David del Curto, cuenta con más de 20 años de trayectoria en Recursos Humanos y una sólida experiencia en compañías multinacionales de primera línea. Psicóloga de formación, ha liderado procesos de transformación, gestión del desempeño y cambio organizacional en industrias diversas, integrando mirada humana y visión de negocio.
Montserrat no es catalana, es chilena. Pero su nombre cruzó el océano antes que ella. Su madre llevaba siempre consigo una estampita de la Virgen de Montserrat —la Moreneta— regalo de su abuela. Cuando Montserrat nació, morenita y aún sin nombre decidido, ese recuerdo apareció como una señal íntima y familiar. Así comenzó una historia marcada por la identidad, la herencia y la fuerza silenciosa de las mujeres que la precedieron.
Años más tarde, otro momento fundacional sacudiría su vida: el terremoto de 2010 en Chile. No solo tembló la tierra; también temblaron certezas. Fue un click profundo que la llevó a preguntarse cuál era su propósito y cómo quería vivir realmente. Ese mismo año conoció a Benjamín, quien se convertiría en su compañero de vida, y más adelante llegarían Eloísa y Emilia, ampliando el sentido de esa búsqueda.
Hoy, como People & Corporate Affairs en David del Curto, Montserrat lidera con una combinación poco común: puede conducir una reunión estratégica de alto impacto y, al día siguiente, caminar entre cerezos conversando con trabajadores en terreno, con la misma cercanía y empatía. En esa coherencia —entre lo corporativo y lo esencial— habita su forma de ejercer liderazgo.
Hablemos de tu recorrido…
Llevo más de 20 años en recursos humanos. En la universidad entendí rápido que la clínica no era lo mío: sentía que no tenía la paciencia para escuchar semana tras semana el mismo problema. Cuando descubrí la psicología laboral, todo hizo sentido. Me fascinó el match entre candidato y organización, y la idea de que cada persona pudiera ser su mejor versión en el lugar correcto.
Comencé en el Citibank, luego pasé al Banco de Chile como generalista —una verdadera escuela intensiva de gestión— y después a LAN, hoy Latam, trabajando con aeropuertos y oficinas internacionales. Tras el terremoto de 2010 tuve un insight profundo: estaba trabajando sin parar y entendí que no quería vivir así. Renuncié y me tomé un sabático.
Volví a Chile, liderando RR.HH. en una fábrica de envases, donde hice de todo; fue mi verdadero máster. Luego llegué como subgerente de Desarrollo Organizacional en Starbucks y al tiempo asumí como gerente de RR.HH. para la marca, una etapa que disfruté y en la que aprendí mucho. Mi próximo desafío fue en Nestlé, donde estuve seis años, primero liderando el área de las fábricas en plena transformación organizacional, y luego con los principales negocios en Chile y después arribé en Falabella Retail. Allí, en medio de una crisis histórica del sector, me llevó a replantearme todo y abrirme a nuevos desafíos.
Así llegó la propuesta de David del Curto; entre muchos amigos y conocidos que se enteraron de mi salida del grupo, que no dudaron en contactarme y apoyarme en la búsqueda.
El agro es una industria donde conviven tradición, estacionalidad y transformación. ¿Cómo se construye cultura organizacional en un contexto tan dinámico como el de DDC?
Este rubro es bien loco: conviven avances tecnológicos enormes con una tradición profundamente arraigada. Para entrar aquí necesitas humildad y tolerancia a la incertidumbre. Hay generaciones muy distintas trabajando juntas, desde personas con posgrado hasta colaboradores que no saben leer ni escribir, y todos aportan valor. Además, el entorno es incierto por naturaleza: clima, temperaturas, lluvias… todo impacta el resultado.
He aprendido que no puedes llegar con un “copy – paste” de procesos. Lo que funcionó en otro lado acá puede no servir. Implementar gestión del desempeño, por ejemplo, no fue aplicar un modelo estándar, sino avanzar por etapas, respetando que muchas personas nunca habían recibido feedback formal.
También me encontré con equipos a los que jamás les habían pedido su opinión. Romper ese paradigma ha sido potente: cuando preguntas “¿cómo lo harías distinto?”, se abren posibilidades increíbles. Claro, no todos quieren decidir, y ahí está la tensión diaria.
Hemos hecho cambios duros —reducción de dotación, foco en costos y resultados— y hoy la empresa vuelve a ser rentable. Pero más allá de los números, hay una épica en el agro que me conecta profundamente con mi historia y le da sentido a todo lo que hago.
¿Cómo acompañan el desarrollo de líderes que vienen del hacer, del campo, y muchas veces no de una formación corporativa tradicional?
Tengo la suerte de ser psicóloga, y mi foco siempre han sido las personas: cómo toman decisiones, cómo se comportan y cómo, desde el liderazgo, podemos encauzar esas conductas. Muchas veces digo que me dedico a conversar, porque es en la conversación donde se generan los insights que movilizan cambios reales.
Al mismo tiempo, no soy la psicóloga “tradicional”. Aprendí a leer un P&L en Starbucks, cuando hice la formación para gerente de tienda, entendiendo el negocio desde dentro. En Nestlé profundicé ese vínculo con control de gestión y llegué al MBA con una buena base financiera. El MBA me dio marco y lenguaje a intuiciones que ya tenía; me permitió ponerle nombre a lo que venía haciendo hace años.
Hoy creo que, mientras más avanzas en la jerarquía, más pesan las habilidades personales que los títulos. Hay intuiciones que vienen de la experiencia y otras de la historia propia. Mis veranos los viví conectada al campo, y hoy, recorriendo plantaciones o conversando con equipos en terreno, esa memoria vuelve. Liderar, para mí, es integrar todo eso: psicología, negocio, tecnología y también origen.
Cuando se habla de IA, el agro no siempre es el primer sector que aparece en la conversación. ¿Dónde ves hoy que la IA puede generar más impacto real en una empresa como DDC?
El agro parece un trabajo simple, pero su gran desafío es la predicción. Hoy muchas decisiones se toman desde la experiencia: el encargado de riego camina el huerto, mira el color de las hojas, siente la tierra y, con su historia, decide el plan de riego. Es pura inteligencia humana.
Ahí la IA tiene un potencial enorme. Con imágenes satelitales o drones, sensores y datos visuales, ya es posible identificar qué sectores necesitan más o menos irrigación, dónde ralear, qué árboles están más cargados o cómo optimizar el manejo. No se trata solo de ahorrar la caminata, sino de integrar información con una precisión que puede disparar la productividad.
Lo mismo ocurre con la meteorología: tenemos datos, pero no siempre los usamos para decidir en tiempo real. La IA puede integrar variables —lluvia, temperatura, humedad— que para una persona son imposibles de procesar juntas. En el agro, muchas pérdidas ocurren porque “hubo algo que no viste”.
En plantas de proceso ya se aplica fuerte, especialmente en la segregación de fruta: identificar calibre, color o dulzor y enviarla al mercado que mejor paga. Ahí está el verdadero diferencial competitivo.
En una industria tan ligada a la tierra, al tiempo y a los ciclos, ¿qué te enseñó este rol sobre el trabajo, la paciencia y el liderazgo?
He aprendido que en este rubro la humildad es clave. No puedes creer que te las sabes todas. Llegar con curiosidad, con ganas genuinas de entender cómo funcionan las cosas y con la conciencia de que hay mucho que no sabes, marca la diferencia. Yo traigo herramientas, claro, pero también sé que hay conocimientos que no están en ningún máster.
En el agro hay un saber empírico profundamente valioso. Si no respetas la experiencia de quien lleva 30 o 35 años en el campo, estás perdido. Hay decisiones que no nacen del Excel ni del Power BI, sino de mirar el cielo, sentir la tierra y leer señales que no son racionales, pero sí reales.
A mí me conecta mucho mi propia historia: mi familia materna es de campo, y eso me permite generar cercanía y respeto genuino. Liderar aquí implica salir de la oficina, caminar el predio, escuchar y honrar esa experiencia. Busco personas con poco afán de figurar, conectadas con lo concreto, capaces de integrar datos con intuición. Porque, al final, nuestro trabajo no es “producir”, es cuidar lo que la tierra ya hizo y no arruinarlo.
DUPLA ESTRATÉGICA
¿En qué momento la tecnología deja de ser aliada y empieza a distraer del talento real?
Para mí, la tecnología deja de ser aliada cuando reemplaza el pensamiento crítico. Me asusta cuántas decisiones estamos tomando sin pasarlas por un filtro propio, solo porque “lo vi en YouTube” o porque un algoritmo lo mostró. El riesgo no es la IA en sí, sino perder la capacidad de cuestionar, de distinguir qué es real y qué no. Cuando empezamos a creer que todo lo digital es verdad, dejamos de pensar. Si no desarrollamos criterio y conciencia, la tecnología deja de potenciar el talento y empieza a distraernos de lo verdaderamente humano.
“CUADERNO DE IDEAS”
Si pudieras dejarle una nota escrita a tu versión más joven, ¿qué diría?
Le diría que confíe más en su intuición. Muchas veces me demoré demasiado en tomar decisiones por pensarlo en exceso y por inseguridades que, con el tiempo, entendí que no eran necesarias. Tengo una base muy intuitiva y, casi siempre, lo que después “cuadra” yo ya lo sabía antes. Así que le diría: no sobrepienses tanto, confía en lo que ya sabes.
¿QUIÉN ES MONTSERRAT?:

Apodo: Monchi / Monse.
Profesión: Psicóloga, con mención Organizacional. Y tengo un MBA.
Signo del zodíaco: Cáncer.
¿Dónde vives?: Santiago de Chile.
¿Hijos?: Sí, dos hijas. Eloísa, de 11; y Emilia, de 7.
¿Pareja?: Casada hace 13 años con Benjamín.
¿Mascotas?: No.
Comida favorita: Soy súper foodie. La comida italiana me gusta muchísimo, pero uno de mis platos favoritos es el magret de pato.
Edad: 46 años.
Hobbies: Disfruto mucho de cocinar, me gusta y me relaja.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?.
Madrid, me encanta. Siento que es una ciudad amigable y entretenida. Aunque el sueño es alguna isla donde nunca haga frío.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El fucsia. Siento que me transmite mucha luz y energía.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando las cosas están ordenadas.