Para Aimara Castro, People Manager HRBP Lead en Equinox los Andes Nike Chile, liderar es mucho más que alcanzar resultados: es entender qué impulsa a las personas a dar su mejor versión. Entre aprendizajes, desafíos y conversaciones genuinas, construyó una carrera marcada por la cercanía y la evolución constante. En esta entrevista, comparte su mirada sobre liderazgo, cultura organizacional e inteligencia artificial en un mundo donde lo humano sigue haciendo la diferencia.
Mucho antes de convertirse en People Manager HRBP Lead en Equinox los Andes Nike Chile, Aimara ya ensayaba su futuro entre juegos, ideas y proyectos imaginarios. Mientras otros niños jugaban a la cocinita, ella prefería jugar a ser empresaria. Le gustaba organizar, liderar y pensar cómo hacer crecer aquello que tenía por delante. Sin saberlo, estaba dando los primeros pasos de una vocación que años después marcaría el rumbo de su carrera.
Su recorrido la llevó por distintos desafíos, entre ellos una extensa etapa en el mundo de la moda, una industria donde aprendió mucho más que tendencias y estrategias de negocio. Allí desarrolló ese espíritu coqueto que aún conserva y que se refleja en el cuidado con el que elige cada outfit para ir a la oficina, entendiendo que la imagen también puede ser una forma de expresión personal.
Pero la historia de Aimara no está definida únicamente por los cargos que ocupó. También está marcada por decisiones valientes. Fue mamá de Vicente siendo muy joven y, lejos de renunciar a sus sueños, convirtió ese desafío en un motor para seguir creciendo. Con determinación, construyó una carrera sólida sin perder de vista aquello que más valora: las personas.
Hoy se desempeña en una compañía donde encontró un propósito alineado con su manera de entender el liderazgo. Convencida de que los resultados se construyen con los equipos y no a costa de ellos, impulsa una gestión centrada en la cercanía, la escucha y las conversaciones genuinas.
En esta charla, comparte aprendizajes, reflexiones sobre liderazgo, cultura organizacional y el rol que la tecnología debe ocupar en el futuro del trabajo. Una conversación que invita a mirar más allá de los indicadores para recordar que, detrás de cada gran resultado, siempre hay personas haciendo que las cosas sucedan.
Tu carrera tuvo la particularidad de llevarte a Ripley en dos momentos distintos. ¿Qué te motivó a regresar y qué encontraste diferente cuando volviste?
Desarrollé gran parte de mi carrera en Ripley, donde trabajé durante diez años entre Ripley Retail y Banco Ripley. Ingresé como coordinadora de capacitación y tuve la oportunidad de crecer en distintas áreas gracias a líderes que marcaron profundamente mi desarrollo profesional. Patricia Mora y Karina Durán fueron dos referentes fundamentales en mi camino y tuvieron un impacto directo en la profesional que soy hoy. Las admiro muchísimo porque ambas supieron resaltar en mesas dirigidas mayormente por hombres.
Mi primera etapa fue en Ripley Retail, junto a Patricia, quien me formó, me desafió y me abrió oportunidades de crecimiento. Cuando asumió un nuevo rol en Banco Ripley, me invitó a sumarme a un desafío vinculado a gestión del cambio dentro del área de Desarrollo Organizacional, y acepté sin dudarlo.
Tras varios años en el banco, Patricia decidió emprender nuevos desafíos y fue entonces cuando surgió la posibilidad de regresar a Ripley Retail. Contacté a Karina, quien estaba buscando un HRBP, y así comenzó una nueva etapa en mi carrera. Karina confió en mí y me enseñó algo que hoy también busco cuando entrevisto a personas: la actitud. Cuando ella me entrevistó en su momento, yo no tenía experiencia en el rol al que aspiraba, pero sí tenía muchísimas ganas de aprender y trabajar. Ella confió en eso y me fue guiando. Eso me marcó tanto que hoy también lo busco cuando entrevisto a postulantes.
Si tuviera que explicar por qué permanecí tanto tiempo en la compañía y por qué decidí volver, la respuesta está en las personas. Ripley tiene una cultura extraordinaria, pero son sus líderes y los equipos que construyen los que realmente hacen la diferencia.
Nike es una marca asociada al movimiento, la innovación y la superación constante. ¿Cómo se traduce ese espíritu en la forma de liderar y desarrollar talento dentro de la organización?
Mi llegada a Nike significó un redescubrimiento profesional y personal. Venía de una compañía retail multimarca, con un enfoque financiero muy marcado, y llegué a una organización de retail mono marca, donde el enfoque es distinto, los clientes son diferentes y tienen una cultura muy arraigada en valores como el respeto, el juego limpio y el bienestar de las personas.
Al incorporarme, entendí que mi principal desafío no era implementar cambios de inmediato, sino observar, escuchar y comprender. Me dediqué a conocer a los equipos, a los líderes y la cultura que habían construido. Creo que la clave para liderar cualquier proceso o equipo está justamente ahí: en conectar genuinamente con las personas. Cuando logras hacerlo, el camino comienza a mostrarse con claridad y entiendes cómo inspirar y movilizar a quienes te rodean.
Nike es una marca que vive y está en constante movimiento, buscando la innovación en cada producto para estar a la altura de los desafíos de los atletas. Existe un fuerte espíritu competitivo, pero también una profunda conexión con los valores que representa la compañía. Esa cultura se refleja en las acciones cotidianas y en la pasión compartida por el deporte. Busca el win now, sacando lo mejor de cada uno de los integrantes de los equipos, creando una fuerza colectiva, generando siempre potenciar la mejor versión de las personas.
¿Cómo está cambiando la inteligencia artificial las expectativas que tienen hoy las organizaciones sobre sus líderes?
La inteligencia artificial representa una gran oportunidad para el liderazgo. Más que reemplazar el trabajo humano, viene a liberarnos de tareas operativas y procesos que antes consumían gran parte de nuestro tiempo. Para mí, ese tiempo recuperado debe invertirse en lo más importante: conectar con las personas.
La IA puede ayudarnos a analizar información, automatizar procesos y agilizar decisiones, pero hay algo que nunca podrá hacer: comprender genuinamente a las personas, entender qué las motiva, cuáles son sus necesidades o cómo acompañarlas para así sacar la mejor versión como profesionales que impulsen a los equipos a lograr el cumplimiento de objetivos y metas del negocio.
Soy una convencida de que las organizaciones existen para generar resultados y cumplir objetivos de negocio. Tenemos presupuestos, indicadores y metas que alcanzar. Sin embargo, también creo firmemente que los resultados se logran con los equipos y no a costa de ellos. Cuando los lideres comprenden eso, los equipos sacan su máximo potencial, porque se comprometen con un objetivo en común, generamos el tan valioso win win.
Por eso, el desafío para los líderes no es solo adoptar nuevas tecnologías, sino utilizarlas de manera inteligente para estar más cerca de sus colaboradores. Hoy, más que nunca, debemos demostrar con acciones aquello que comunicamos. Y la mejor forma de hacerlo es dedicando más tiempo a escuchar, acompañar y desarrollar a las personas. Solo así podremos potenciar su talento y, al mismo tiempo, alcanzar los objetivos de la organización.
¿Es posible desarrollar la adaptabilidad o creés que hay personas naturalmente más preparadas para liderar en entornos cambiantes?
Creo firmemente que no existen perfiles mejores o peores, sino personas que se ajustan mejor a determinadas necesidades, contextos y momentos de una organización. Por eso, al momento de seleccionar talento, muchas veces priorizo la actitud por sobre el conocimiento técnico.
Me ha pasado de contratar personas que quizás no tenían toda la experiencia requerida, pero sí una enorme motivación por aprender, crecer y aportar. Cuando veo ese compromiso, sé que las habilidades técnicas pueden desarrollarse rápidamente. En cambio, aspectos como la actitud, la disposición al aprendizaje o la capacidad de relacionarse con otros suelen ser mucho más difíciles de construir.
También creo que todos tenemos la capacidad de evolucionar y adaptarnos. Lo he visto en muchos líderes que comenzaron su carrera con una mirada muy distinta sobre la gestión de personas y que, con el tiempo, lograron transformarse y desarrollar nuevas competencias. Sin embargo, para que ese cambio ocurra debe existir una voluntad genuina.
Cuando una persona intenta adoptar determinados comportamientos solo porque se espera de ella, sin comprender realmente su valor, eso se percibe y termina generando el efecto contrario. La cercanía, la empatía y el liderazgo auténtico no pueden ser forzados. La clave está en querer evolucionar, porque la capacidad de hacerlo está presente en todos nosotros.
LIDERAZGO ADAPTATIVO
¿Qué es lo único que un líder nunca debería dejar de aprender?
Creo que un líder nunca debería dejar de aprender a comunicarse. En un mundo cada vez más impulsado por la tecnología, las conversaciones genuinas siguen siendo irremplazables. Escuchar, dar feedback, generar espacios de diálogo y mantener el contacto cercano con los equipos es lo que permite detectar oportunidades de mejora, tanto en los demás como en uno mismo.
“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…”
¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida?
Se llamaría: Tu actitud es quien determinará tu altitud.
¿QUIÉN ES AIMARA?:
Apodo: Aima y Aimita.
Profesión: Ingeniera en Administración de Empresas, y terminando la carrera de Psicología.
Signo del zodíaco: Piscis.
¿Dónde vives?: Santiago de Chile.
¿Mascotas?: Sí, un pastor alemán que se llama Sargento.
Comida favorita: Las pastas.
Edad: 34 años.
Hobbies: Me gusta pasar tiempo con mi familia y mis amigas. Y mi presente en Nike ha despertado en mí las ganas de hacer running.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
En cualquier lugar que tenga playa.
¿Qué color te representa mejor como persona?
Me gustan el celeste y el azul, yo creo que porque los relaciono con el mar.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando me siento parte del lugar donde estoy.
Entrevistada por Luisina Larrouyet.