Cecilia Haro: Un liderazgo que no deja de aprender 

Cecilia Haro ha hecho del cambio su territorio natural. Hoy, como CHRO de Grupo Presidente, capitaliza su paso por múltiples industrias en una mirada integral del liderazgo: adaptativa, humana y sin miedo a desaprender. 

Cecilia comunica con mucha tranquilidad. No hay apuro en sus palabras, pero sí una claridad y una seguridad que atraen desde el primer minuto de conversación. Quizás sea el resultado de una carrera construida sobre una convicción profunda: la educación abre puertas y tiende puentes. Y ella lo ha puesto en práctica consigo misma. Psicóloga de formación, se certificó como coach y se fue un año a Londres para realizar un MBA. Cada etapa de su recorrido académico fue, también, una apuesta por reinventarse. 

Esa misma lógica atraviesa su trayectoria profesional. Cecilia ha pasado por industrias tan diversas como el consumo masivo, la tecnología y la agricultura, hasta llegar a la hospitalidad, donde hoy se desempeña como CHRO de Grupo Presidente. De ese camino heredó una mirada integral del liderazgo: una que no se casa con ninguna industria, pero que aprende de todas. 

Grupo Presidente, por su parte, es una empresa mexicana que compite con estándares internacionales. Y su propuesta va mucho más allá de administrar hoteles: desarrollan experiencias de hospitalidad para distintos momentos de vida, desde sus divisiones de hoteles y restaurantes hasta el senior living, con residencias que acompañan el retiro. 

Se habla mucho de liderazgo adaptativo, pero pocas veces se explica qué significa realmente. ¿Cómo lo definirías desde tu experiencia? 

Realmente creo que hoy el superpoder de la humanidad es la adaptabilidad. Y adaptabilidad significa poder desaprender, aprender nuevas formas y abrazar el cambio que estamos viviendo. 

Lo veo en todos los niveles de la organización, desde el CEO hacia abajo: las demandas externas y la velocidad con la que el mundo está cambiando no tienen precedente. Estoy segura de que no hemos vivido una época así, y eso requiere tomar decisiones muy rápidas, desaprender y adaptarnos lo más veloz posible. 

Es un proceso incómodo para muchas personas. Hoy tenemos tantas generaciones conviviendo en el sitio de trabajo, y para cada una —y según el momento de vida en el que estés— el cambio representa cosas diferentes y demanda distintos niveles de energía. 

Al final, en mi rol de CHRO, mi trabajo es básicamente ayudar y facilitar a la organización para que tenga un liderazgo adaptativo y podamos movernos rápido. 

¿Cómo cambió el perfil de las personas que hoy quieren trabajar en hotelería respecto de hace algunos años? 

He tenido la fortuna de no casarme con ninguna industria: pasé por consumo masivo, tecnología, agricultura, y hoy la hospitalidad me sigue enseñando. Como dice Malcolm Gladwell en Outliers, necesitas 10.000 horas para ser experto en algo, y apenas estoy construyéndolas aquí. Lo interesante es que la hospitalidad es un estilo de vida, más que una industria: quien la elige lo hace con una convicción de servicio que no he visto en otra industria, es realmente inspirador. 

Ahora, las nuevas generaciones cuidan mucho el balance de vida trabajo, quieren ser felices y no solo trabajar; buscan que su trabajo les dé propósito. Frente a eso, como empleadores nos toca rediseñar el trabajo, buscar el equilibrio, cuidar la experiencia del colaborador y democratizar decisiones. 

Un ejemplo concreto: en Grupo Presidente estamos democratizando los planes de desarrollo. Si este año quieres desarrollarte al mil, puedes hacer un plan intenso; si por tu vida personal quieres bajar el ritmo, tú eliges cómo distribuir tú 70-20-10. La hiperpersonalización es el nombre del juego hoy: si no tengo ese sistema en mi organización, es imposible retener gente talentosa que quiere contribuir sin vivir 24/7 en la industria. 

En una industria donde la experiencia humana es el principal diferencial, ¿cómo encontrás el equilibrio entre automatizar y mantener la cercanía? 

Nuestro core, nuestra razón de existir, son nuestros clientes. Somos el one stop shop de hospitalidad más rentable y sofisticado de México, y en Grupo Presidente entramos en ella de varias formas: tenemos nuestra división de hoteles, la de restaurantes y la de senior living, con residencias que reciben desde personas autónomas hasta personas con temas de memory care. Nuestro scope es bastante amplio. 

La visión de nuestro CEO, Braulio Arsuaga Losada, es muy orientada a lo tecnológico: siempre traemos a la mesa cómo resolver las cosas con tecnología, sin olvidar nunca que nuestra razón de existir es la hospitalidad. Un ejemplo es Orbio, el primer robot dentro del equipo de Recursos Humanos, que nos ayuda a hacer atracción de talento, movilidad interna y stretch assignments que desarrollan competencias críticas en nuestros colaboradores. Todo bajo el concepto de Human in the Loop: la tecnología nos ayuda, pero la mano humana siempre va a estar presente. 

Cuando llegas a uno de nuestros hoteles y Álvaro Reyes, nuestro general manager de Presidente Intercontinental Polanco te recibe y te hace sentir el ser más importante del planeta, eso no creemos que se pueda reemplazar a corto plazo. Pero sí optimizamos fuerte lo administrativo, con inversiones en tecnología muy altas, casi como si fuéramos una tech company.  

¿Qué fue lo más desafiante que te enseñó un colaborador? 

He tenido la fortuna de siempre aprender de ellos, a quienes servimos desde Recursos Humanos, no solo en mi carrera de crecimiento, sino también en las experiencias que he tenido en otros países con diferentes culturas. Lo que más me ha enseñado lo viví en Asia: estuve cinco años en Singapur liderando Asia Pacífico. Ahí la religión estuvo muy mezclada con el trabajo. Yo hacía reuniones los viernes y en ciertos países me decían: “Ceci, ese es mi día de oración”. Tuve que aprender que en Ramadán la gente está en ayuno que, aunque la agenda global tenga cierto ritmo, hay que cuidar y proteger las costumbres de cada país y cada cultura. 

En hospitalidad pasa algo parecido: festejar el día de la mamá o del papá es casi como la oración de los viernes. La industria está muy retada financieramente —márgenes, rotación—, pero ese gasto va porque va, porque significa muchísimo para los colaboradores. Que te acuerdes de su cumpleaños en la operación es casi igual a saludarlo y decirle buenos días. 

Y así te podría contar que, de cada industria, persona, cultura, país, me mantengo siempre aprendiendo y desaprendiendo. 

LIDERAZGO ADAPTATIVO 

¿Qué es lo único que un líder nunca debería dejar de aprender? 

A liderarse a sí mismo. Como dice el modelo de Harvard, primero está manejarte a ti. Un líder nunca debe perder la capacidad de estarse desarrollando: tomar terapia, recibir feedback y coaching, pedir que lo espejeen en las reuniones. Yo todavía lo pido muy frecuentemente —”oye, espejéame cómo se vio”— y mi jefe me da muchísimo feedback, es un gran coach en mi rol y siempre me está retando. Esa intención constante de liderarte a ti y ser un permanente desarrollador de agilidad emocional es la base para todo lo demás. 

“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…” 

¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida? 

Sería algo como “transformando organizaciones“. Creo fielmente que ese es mi rol desde Recursos Humanos: ayudar a las organizaciones a transformarse. Soy, de cierta manera, una adicta al cambio, y es una parte que cuido mucho que esté alineada con mi CEO. Siempre le digo a Braulio: al ritmo que tú me digas, cocinamos. Sé hacer una barbacue, pero si me pides que se cocine a fuego lento, también puedo hacerlo. 

¿QUIÉN ES CECILIA?: 

Apodo: De chiquita me decían “Cachito”, pero con el paso de los años se fue olvidando. 

Profesión: Psicóloga, con especialización organizacional. Tengo un MBA y también soy coach certificada por ICC.  

Signo del zodíaco: Virgo.  

¿Dónde vives?: CDMX. 

¿Mascotas?: Un perri-hijo, que se llama Barry.  

Comida favorita: El mole.  

Edad: 43 años.  

Hobbies: Cuando viví en Londres por mi MBA, empecé a estudiar Kabbalah. Me gusta dedicar tiempo para estudiarla, también leo sobre temas relacionados al liderazgo y al desarrollo humano. También amo la perfumería de nicho, y salir a conocer experiencias gastronómicas. 

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir?  

Madrid. Me gusta mucho su cultura, su propuesta gastronómica y el estilo de vida. 

¿Qué color te representa mejor como persona? 

El rojo, porque soy una persona muy intensa. Y ese color me transmite esa intensidad que me representa: todo lo que encaro en mi vida, lo hago así: ¡all in! 

Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.” 

Trabajo mejor cuando dormí bien.  

Entrevistada por Luisina Larrouyet.