Karim Lara Rivero: El cambio es el clima, los valores son el suelo 

Karim Lara Rivero lidera el área de Talento en Newmont Argentina, una de las industrias más dinámicas y desafiantes del mundo: la Minería. Inmersa en ese contexto de incertidumbre, es una convencida de que los valores son la única brújula. 

Karim es venezolana, aunque hace 28 años que su historia se escribe en Argentina. Aquí construyó su familia y echó raíces profesionales, consolidando una carrera que la llevó desde la industria automotriz hasta el corazón del sector minero. Dividida entre la Provincia de Buenos Aires y la Patagonia, donde el viento sopla constante y cambia de rumbo sin aviso, Karim encontró la metáfora perfecta para su trayectoria. 

Conversar con ella es entender rápidamente que nada en su vida es casual. Para Karim, la claridad de propósito no es un concepto teórico de management, sino una práctica cotidiana. Se refleja incluso en sus momentos personales, como al entrenar, cuando se recuerda el “para qué” de cada esfuerzo. Esa constante búsqueda de sentido es el hilo conductor que le ha permitido adaptarse a nuevos sectores y escenarios sin perder jamás el rumbo. 

Desde su rol, asume con profunda responsabilidad el acompañamiento y desarrollo del talento, con un foco muy especial en el impulso de las mujeres dentro de un sector históricamente masculinizado que hoy abre paso a nuevas oportunidades para las personas en toda la diversidad que a nuestra organización el importa: Mujeres y Talento Local.  

Estuviste casi 12 años en Volskwagen… La automotriz y la minería parecen mundos muy distintos, pero ambas son industrias de operaciones, de planta, de seguridad, de sindicatos, de transformación tecnológica. ¿Qué encontraste de familiar y qué te descolocó por completo al cambiar de rubro? 

Aunque parezcan mundos completamente diferentes, la industria automotriz y la minera tienen muchas más similitudes de lo que uno cree. Ambas implican operaciones complejas, donde la estrategia se define con procesos, tecnología y seguridad de excelencia. Y aunque la tecnología avance y reduzca riesgos, la seguridad y la calidad nunca dejan de ser variables centrales. También comparten una fuerte presencia sindical, aunque en formatos distintos: no es lo mismo la realidad sindical de un centro industrial como Pacheco que la de una minera en el Macizo del Deseado, en plena Patagonia. Otra coincidencia es la importancia del liderazgo de primera línea: es clave para que la operación sea segura y se cumplan los procesos, pero formar a esos líderes no es fácil. 

Cambiar de industria me desafió en dos frentes. Por un lado, la lógica del negocio: pasé del marketing a un mercado de commodities globalizado. Por otro, la convivencia humana: en minería compartís en algunos casos, hasta 14 días intensos de trabajo y vida campamentada. Entendí que no hay recetas preconcebidas y que es imposible liderar el talento si no comprendes verdaderamente el negocio y a tu gente. 

¿Cómo se construye una propuesta de valor al empleado atractiva cuando el trabajo implica, muchas veces, ubicaciones remotas y esquemas de turnos exigentes? 

Ahí entra mucho lo de la infraestructura. Uno se imagina que vivir en un container puede ser algo muy complejo, y no: los containers están espectacularmente bien hechos. No se filtra el clima y se mantienen estándares muy altos de limpieza, de mobiliario en buen estado, de comidas, de actividades recreativas; hasta la logística de viajes es una variable a analizar para definir qué tipo de experiencia quieres brindarle al personal. Para mí, la clave está en cómo combinás lo que el negocio te exige para dar resultados con hacer que las personas, mientras trabajan con vos, tengan la mejor experiencia posible: el propósito de la organización, los valores y la infraestructura que les das para convivir durante su turno de trabajo. 

Y cuando hablamos de seguridad en la convivencia, hay una variable que no es menor: además de la seguridad física, que exige tecnología y procesos, está la seguridad psicológica de quienes viven ahí. Necesitan sentir que están en un lugar donde pueden ser ellos mismos y donde son tratados con respeto. Hay mucha diversidad —de edad, de creencias, de género— y lo hablamos abiertamente: la empresa no quiere que cambies tus creencias; quiere que todo ocurra sobre una base de respeto absoluto, incluso cuando hay desacuerdos. 

Muchos líderes confunden adaptarse con improvisar. ¿Dónde está la línea entre flexibilidad y falta de rumbo? 

Muchas veces creemos que adaptarse es improvisar sobre la marcha, cuando en realidad no se trata de cambiar todo el tiempo. Adaptarse es mantener el propósito claro —esa visión ideal a la que aspiramos—, aunque alcanzarlo nos exija recalcular el camino. Al final del día, una automotriz no deja de fabricar autos, una minera no deja de extraer minerales y una empresa de consumo masivo no deja de abastecer a la comunidad. La meta sigue siendo la misma; lo que cambia es la ruta para llegar a ella. 

El verdadero riesgo es desconectar el rumbo de nuestro propósito. El cambio no solo es inevitable, sino necesario para la mejora continua y el crecimiento del negocio. Sin embargo, cambiar sin un propósito firme y una estrategia clara nos desvía del objetivo. La desorientación en una organización no es más que la ausencia de una visión de éxito compartida y un propósito común 

¿Cómo está entrando la IA en la gestión de talento en Newmont? 

A nivel global estamos muy incipientes con la inteligencia artificial; hemos sido muy cuidadosos. La empresa suele probar las cosas primero e ir de menos a más. Creo que la IA va a cambiar profundamente la función de recursos humanos en general, pero hoy nuestro trabajo con ella está más en el plano del apoyo y la gestión, no tanto en crear agentes que hagan las cosas solos. Todavía no estamos en esa instancia: la usamos como apoyo y consulta, y en algunos casos intentamos automatizar tareas puntuales. 

Aún no aprovechamos todo el potencial que tiene, y creo que eso se relaciona con que nuestra industria valora enormemente la seguridad en todos sus ejes. Hasta que no existe la prueba de que algo está completamente dentro de esos estándares, no nos jugamos todavía por incluir toda la IA en nuestras operaciones y formas de trabajo. 

Hablamos toda la entrevista de adaptarse. Ahora lo contrario: ¿en qué te negás rotundamente a adaptarte? ¿Cuál es tu innegociable? 

Llevo conmigo una enseñanza clave de un gran líder de mi etapa automotriz: el liderazgo se parece a la música; si una nota desafina, por ahí no es. Si en tu gestión algo colisiona con tus principios, es tiempo de actuar: intentás transformar la realidad o elegís cambiar de rumbo. Para mí, los valores no son negociables; son la garantía de actuar con integridad. 

Fue ese mismo compromiso ético el que me decidió a dar el salto. Aunque disfrutaba plenamente de mi etapa anterior, Newmont me ofreció un desafío alineado con lo que creo: una cultura donde los valores no se quedan en el papel, sino que se viven cotidianamente en la operación. 

PEOPLE ANALYTICS  

¿Cuál es la primera métrica que un líder de HR debería mirar y por qué? 

Si tuviera que elegir una sola métrica, sería la rotación voluntaria de talento crítico (alto desempeño y roles clave). Es el termómetro de la experiencia del empleado, con impacto económico inmediato; es multicausal, alertando sobre liderazgo, compensación, sobrecarga o falta de desarrollo; y obliga a preguntar quién se va, por qué y de qué equipos. Por eso la cruzo con engagement, desempeño, antigüedad, mánager, área y motivo real de salida, para pasar del dato a la acción estratégica. 

“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…” 

¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida? 

Cuando pensaba en esta pregunta se me vino la metáfora del viento. La Patagonia tiene mucho viento: quienes viven o trabajaron ahí saben que es constante y alcanza velocidades increíbles de un momento a otro. Los patagónicos te dirán que es horrible, pero a mí me parece interesante conocer esa fuerza de la naturaleza. La serie se llamaría “Hasta dónde cambiará el viento”, porque cuando todo cambia, los valores son el único rumbo hacia el éxito personal y profesional. 

¿QUIÉN ES KARIM?: 

Profesión: Licenciada en Relaciones Industriales, con un posgrado en Marketing Estratégico y Coach certificado.  

Signo del zodíaco: Virgo.  

¿Dónde vives?: Garín, provincia de Buenos Aires.  

¿Mascotas?: Polar, un West Highland White Terrier o Westie como se le conoce popularmente.   

Comida favorita: El asado.  

Edad: 52 años. 

Hobbies: Me encanta moverme, desde muy chica mi papá me inculcó el amor por la actividad física. 

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir?  

Me encanta la playa. Cuando estábamos recién casados con mi esposo, vivimos en Playa del Carmen, Tulum y Cancún. Por ahora no está en el plan, pero no descarto volver a vivir en la playa, algún día.  

Si mañana no trabajaras en HR, ¿a qué te dedicarías y por qué? 

Me dedicaría a asesorar al C-Level y equipos de liderazgo en los desafíos más complejos de transformación empresarial. 

Un valor que no negocias: La Integridad. Estoy convencida de que la efectividad no se mide por la burocracia o el cumplimiento de procesos formales, sino por nuestra capacidad real de potenciar y acelerar a la gente hacia su mejor versión, tratándolos con equidad y respeto, ante todo. 

Entrevistada por Luisina Larrouyet.