Joana Barbany i Freixa, directora de Business Development en Michael Page, combina su pasión por la tecnología con el profundo interés en las personas, impulsando estrategias innovadoras que conectan talento y transformación digital.
Hay personas que no solo habitan el presente, sino que lo empujan hacia adelante con preguntas que incomodan, desafían y transforman. Joana es una de ellas. Curiosa por naturaleza —como quien no se conforma con las respuestas simples ni con los límites impuestos—, ha hecho de su carrera un puente entre la innovación y lo humano. Actual directora de Business Development en Michael Page, Joana no solo lidera desde la estrategia, sino desde la convicción de que el futuro se construye con más inclusión, más voces y más presencia femenina en los espacios que históricamente fueron esquivos. Su compromiso con la equidad en el mundo tecnológico no se reduce a un discurso: lo convierte en acción, en iniciativas concretas, en oportunidades reales para otras mujeres que hoy también sueñan con diseñar la tecnología que vendrá.
Autora del libro Rehumanizando la tecnología, propone una mirada distinta al vértigo digital que nos envuelve, una que nos invita a repensar la relación entre los datos y las emociones, entre la máquina y el alma. Porque para Joana, la tecnología no debe alejarnos de lo que somos, sino devolvernos —con más fuerza— a nuestra esencia más profundamente humana.
Vayamos al comienzo de tu carrera y especialización en tecnología…
Siempre me interesó todo, así que elegir un camino no fue fácil. Terminé optando por una mezcla entre empresariales y periodismo. Justo al graduarme, empezó a surgir el mundo de Internet —hace ya 25 años— y me atrajo al instante. Empecé trabajando en contenidos, usabilidad y desarrollo web en una productora que creció mucho y se digitalizó rápidamente (laviniaTC). Tuve que pausar un poco por la maternidad: tuve cuatro hijos seguidos. Durante ese tiempo, trabajé como freelance con Xavier Marcet en proyectos de innovación.
Después, me involucré en política local en Sant Cugat del Vallès, donde fui concejala de Innovación y Smart cities durante siete años. Luego estuve cuatro años en la Generalitat, como directora general, enfocada en el impacto de la tecnología en la sociedad. Hace dos años, al finalizar esa etapa, volví al sector privado. No tenía muy claro qué rumbo tomar, pero mi camino se topó con Michael Page, y en ella encontré una empresa que trabaja con personas, en el área de tecnología, que es la combinación que me motiva profesionalmente hace muchos años.
¿Qué te motivó a especializarte en el desarrollo de negocios dentro del mundo tecnológico?
Cuando sos una persona inquieta, la tecnología es el lugar ideal: nunca se termina. Hace 25 años hablábamos de páginas web, de FTP, de cosas que hoy suenan básicas… y de repente, todo cambia. Vas avanzando, explorando nuevas herramientas, nuevos lenguajes, nuevas formas de conectar. Nunca se detiene, y eso es lo que más me atrae.
¿Cuál considerás que ha sido el mayor desafío personal que enfrentaste en tu carrera y cómo lo superaste?
Uno de los momentos más desafiantes fue cuando tuve a mis cuatro hijos, muy seguidos, y seguía trabajando a full. Fue imposible seguir yendo a la oficina, así que decidí adaptarme y empezar a trabajar desde casa, algo que hoy es común pero que hace casi 20 años nadie hacía. Tuve que dejar la empresa y bajar un poco el ritmo, pero nunca dejé de trabajar.
Otro gran reto fue hace dos años, al volver al sector privado después de 11 años en el sector público. No es fácil, porque te etiquetan, especialmente en Cataluña, donde también hay un fuerte componente político. Y hoy la política está bastante mal vista, lo cual complica aún más la transición. Pero salí adelante.
¿Cuáles son las principales tendencias tecnológicas que considerás claves para el crecimiento del negocio en los próximos años?
Creo profundamente que la inteligencia artificial está transformando por completo el mundo de los recursos humanos, especialmente en la automatización de procesos como la selección y el análisis predictivo. Además, valoro mucho cómo la tecnología está democratizando el acceso a la formación. Hoy no hace falta pagar un curso caro para aprender algo nuevo: con microlearning, apps de formación, y recursos gratuitos, cualquiera puede capacitarse y adquirir nuevas habilidades.
El concepto de lifelong learning me parece clave: ya no se trata de estudiar una vez y listo, sino de aprender constantemente. En este contexto, el upskilling y el reskilling son fundamentales, sobre todo para quienes vienen de áreas no tecnológicas y buscan incorporarse al mundo tech. Este cruce de caminos entre formación continua y tecnología representa uno de los mayores desafíos, pero también una enorme oportunidad para el futuro del trabajo.
¿Qué estrategias utilizás para identificar nuevas oportunidades de negocio en un mercado tecnológico tan dinámico?
Para mí, la clave está en la escucha activa y en mantenerme siempre conectada. Sigo medios tradicionales, pero sobre todo uso mucho LinkedIn, blogs y todo lo que me permita estar al tanto de lo que está pasando. Asistir a eventos es fundamental, no solo por el contenido, sino por el networking y todo lo que se aprende escuchando a otras personas. Es una de las cosas que más disfruto de mi trabajo: poder hablar con personas que buscan empleo, con empresas que están contratando, y así detectar patrones, necesidades y movimientos del mercado casi en tiempo real.
También creo que ser mentora o participar como jurado en concursos de startups es una gran forma de mantenerse actualizada. Aunque sea de forma pro bono, escuchar ideas nuevas, incluso si suenan locas, te da una visión privilegiada de hacia dónde se están moviendo las tendencias. Temas como biotech o cambio climático, por ejemplo, los empiezo a detectar ahí.
¿Cómo evaluás si una innovación tecnológica realmente se alinea con la visión estratégica de Michael Page?
Para mí, lo más importante es conocer profundamente la visión, la estrategia y los valores de la empresa. Parece algo básico, pero no todo el mundo dentro de una organización los tiene claros, y eso es clave para poder alinear cualquier acción con el propósito real de la compañía.
En cuanto a la innovación, tengo claro que implica asumir riesgos. Muchas veces hay que probar sin garantías, y eso conlleva errores o incluso fracasos. Pero también creo que lo fundamental es que todo sea medible. No alcanza con el instinto: si no hay métricas claras, no se puede evaluar el impacto real de lo que se está haciendo. Y esas métricas, además, deben estar alineadas con la estrategia del negocio. Solo así la innovación deja de ser algo anecdótico y se convierte en una verdadera palanca de valor.
¿Qué habilidades blandas considerás esenciales para liderar el desarrollo de negocios en el sector tecnológico hoy en día?
Para mí, todo parte de la curiosidad: estar siempre atenta, sin subestimar ninguna idea, porque a veces de lo más simple puede surgir algo increíble. Pero también hay que tener criterio para distinguir cuándo una tendencia no va a ningún lado, como pasó con el metaverso en su momento.
Otra habilidad clave es la comunicación: hoy más que nunca necesitamos hablar claro, con un lenguaje simple y directo. Ya no sirve hablar complicado; la gente no tiene tiempo ni paciencia, así que los mensajes tienen que ser breves, concretos y fáciles de entender.
También creo que la adaptabilidad, la inteligencia emocional y la resiliencia son fundamentales. Vivimos en un mundo muy cambiante, y hay que saber trabajar con uno mismo, gestionar las emociones y ajustarse a lo nuevo constantemente. La idea de hacer lo mismo toda la vida ya no va más, y esto aplica no solo para las generaciones jóvenes, sino para todas. Adaptarse es la única forma de seguir avanzando.
“TRAS BAMBALINAS”
¿Qué hay detrás de tu éxito que no siempre se ve: procesos, aprendizajes o detalles clave que han marcado la diferencia en tu camino?
Cuando atravieso un momento difícil, trato de enfocarme en el lado positivo. Puede sonar a cliché, pero es real: si me dejo llevar por lo negativo, me estanco. En cambio, cuando intento transformar la situación y buscarle una vuelta, por más duro que sea, siempre termina aportando algo.
¿Quién es Joana?

Apodo: Joa.
Profesión: Periodista, con un máster de Innovación y formación en liderazgo.
Signo del zodíaco: Sagitario.
¿Dónde vives?: Barcelona, Cataluña.
¿Mascotas?: Sí. Un perro labrador, que se llama Flick.
Comida favorita: Los mariscos.
Edad: 51 años.
Hobbies: El deporte, en general. Nadar, andar en bicicleta, correr.
También disfruto mucho la sobremesa en familia.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
En Australia, me parece un país muy interesante.
Tenés montaña, mar, y no está súper poblado.
¿Tienes algún ritual o hábito para tu bienestar?
El pilates me ayuda mucho.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El azul chillón, porque me hace acordar al mar.
¿Emoji que más usás en el día a día?
🤗
Entrevistada por Luisina Larrouyet.