Rebelde y soñador: Alberto Parra Alonso 

POR LUISINA LARROUYET 

Alberto Parra, vicepresidente de Talento y Cultura en BBVA, combina su experiencia en liderazgo con su formación como coach ontológico para impulsar la transformación organizacional, potenciando equipos y promoviendo una cultura centrada en las personas y el desarrollo continuo. 

Alberto Parra es la prueba viviente de que los sueños, cuando se acompañan de esfuerzo y convicción, pueden escalar tan alto como uno se proponga. Su carrera comenzó en BBVA desde lo más básico: como cajero, en contacto directo con los clientes y con una visión aún incipiente de lo que sería su futuro. Con el tiempo, ese inicio modesto se transformó en una plataforma para crecer, aprender y desafiar límites, hasta llegar a ocupar hoy el cargo de vicepresidente de Talento y Cultura en la misma entidad. Licenciado en Administración y dirección de empresas de formación, Alberto no sólo entiende el liderazgo como una posición, sino como una actitud que abraza la transformación personal y colectiva. Se autodefine como un “líder rebelde y soñador”, etiquetas que no usa como gesto romántico, sino como una declaración de principios que guían su forma de conducir equipos, impulsar cambios y apostar por el potencial humano dentro de las organizaciones. Su recorrido no solo inspira, sino que interpela a quienes creen que el ascenso profesional depende exclusivamente de las circunstancias: para Parra, lo que realmente hace la diferencia es la capacidad de imaginar un futuro distinto y trabajar día a día para construirlo. 

Cuéntanos un poquito sobre tu recorrido e inicio profesional… 

Yo soy un mono producto de BBVA, entré como cajero a finales de 1994. Y empiezo con este dato porque siempre remarco que la empresa en la que trabajo te da muchas oportunidades de crecimiento profesional, y yo soy uno de los tantos ejemplos. Comencé con esa tarea en una sucursal, fui haciendo carrera dentro de lo que llamamos banca comercial en España, luego fui gestor, después evolucioné a gestor de pymes, de empresas, hasta llegar a director de sucursal.  

Después de algunos años, y de dirigir varias sucursales, me llegó la propuesta de dar el salto a lo que en aquel entonces se llamaba Personal, y ahora es Talento y Cultura. En España, el mundo de Personal era un mundo muy temido, y querían darle un giro y probar con gente exitosa de la red que conociera el idioma bancario y convertirnos en colaboradores más cercanos. Así comencé mi recorrido en esta área, pero continuando dentro de BBVA. 

La gestión del talento está en plena evolución: ¿cómo redefinirías hoy el rol de Talento y Cultura dentro del negocio? 

El rol de Talento y Cultura es fundamental en cualquier organización, especialmente en un contexto de cambio constante impulsado por la inteligencia artificial, los datos y la transformación de los negocios, como ocurre hoy en la banca. Antes todo pasaba por una sucursal; ahora todo puede hacerse desde un teléfono. Por eso, Talento y Cultura debe enfocarse en desarrollar a las personas, impulsando procesos de reskilling y upskilling para que los equipos puedan adaptarse. Además, es clave trabajar la cultura organizacional, con un propósito claro, valores y comportamientos definidos que apoyen la estrategia. Las personas están en el centro del negocio, y el gran desafío es acompañarlas en esta disrupción, dándoles sentido y apoyo. No podemos dejarlos solos; debemos ser protagonistas en este proceso de transformación, participando activamente en cómo se reorganizan las empresas y ayudando a que cada persona transite este cambio de manera efectiva y con confianza.  
 
¿Cuáles son los principales puntos de dolor en el talento de la industria bancaria? 

Te diría que hay dos grandes puntos de dolor. El primero tiene que ver con la percepción que la sociedad tiene sobre los bancos. A nivel global, no estamos muy bien vistos; muchas personas nos ven como entidades que solo buscan ganar dinero a cualquier costo. La realidad interna de un banco hoy es muy distinta, hemos cambiado muchísimo, pero eso aún no se conoce. Por eso, uno de los grandes retos es transformar esa imagen, algo que también impacta directamente en nuestra capacidad de atraer talento joven. Las nuevas generaciones nos perciben como algo antiguo, y tenemos que acercarnos a ellas, mostrarles la disrupción y el valor que aportamos.  

El segundo reto es interno: tenemos equipos de múltiples generaciones, con necesidades y expectativas muy diferentes. No podemos gestionar el talento como antes. Necesitamos personalizar, ser flexibles y acompañar a las personas de manera distinta, sin dejar a nadie atrás. 

¿Qué competencias considera claves para los líderes del futuro en una organización como BBVA, y cómo están preparándose para desarrollarlas internamente? 

Un buen líder necesita varias competencias clave, pero destacaría tres fundamentales. Primero, la empatía, tanto hacia uno mismo como hacia los clientes y la organización; es esencial para conectar y liderar con humanidad. Segundo, la adaptación al cambio, ya que los líderes deben ajustarse no solo a los cambios del entorno y la organización, sino también a las nuevas formas de liderazgo que demandan los equipos actuales, muy diferentes de los modelos tradicionales. Por último, la capacidad de aprendizaje continuo es imprescindible. Quien no aprende ni se adapta, queda atrás en un contexto en constante evolución. Estas habilidades permiten a los líderes mantenerse vigentes, generar confianza y responder de forma efectiva a las necesidades de su equipo y del negocio. 

¿Qué aprendizajes personales ha tenido liderando equipos en momentos de cambio e incertidumbre, y cómo los aplica en su día a día? 

Con el tiempo he aprendido que escuchar es una forma de aportar valor y que quienes más saben sobre muchos temas son los miembros de mi equipo. Escucharlos no solo mejora los resultados, sino que me convierte en una mejor profesional. Para lograrlo, busco generarles mucha confianza, especialmente en momentos de incertidumbre, intentando que la presión que reciben sea la mínima posible. Me esfuerzo por transmitir calma, usar el humor y la sonrisa para descomprimir tensiones y crear un ambiente positivo. Esta forma de liderar la aprendí observando a jefes que tuve en el pasado; experiencias que me enseñaron cómo quiero ser y también cómo no quiero ser. Entendí que el liderazgo no se trata solo de dirigir, sino de acompañar, escuchar y cuidar a las personas con las que trabajamos, dándoles espacio para crecer y sentirse valoradas, especialmente cuando enfrentamos desafíos. 

En tiempos donde el talento busca propósito, flexibilidad y bienestar, ¿qué estrategias están implementando para atraer y fidelizar a las nuevas generaciones? 

En BBVA tenemos un propósito claro: acompañar la voluntad de las personas de llegar más lejos. Este propósito aplica tanto a nuestros clientes, a quienes apoyamos en sus metas personales, como a nuestras plantillas, a quienes impulsamos en su desarrollo profesional. Todo esto se sostiene en valores y comportamientos definidos que guían nuestra cultura. Además, un gran diferencial es nuestra presencia internacional: estamos en muchos países y ofrecemos oportunidades globales, lo que nos convierte en un empleador con procesos de reclutamiento internacionales. Un ejemplo soy yo, que, siendo español, he trabajado en tres países diferentes dentro del banco. Esa posibilidad de movilidad y crecimiento global es muy valorada por quienes forman parte de la organización. Por último, algo que hoy es muy relevante —y que ya venimos trabajando desde hace tiempo— es la flexibilidad, un aspecto clave para atraer y retener talento en el contexto actual. 

A nivel personal, ¿qué te inspira a seguir apostando por el desarrollo de las personas dentro de una industria que está en constante transformación? 

Lo que más me motiva son las personas. Creo que la mayor aventura que podemos vivir es nuestra propia vida, más allá de libros o películas, y en ella las personas son el centro. Me gusta estar rodeada de gente, conversar, generar vínculos y buscar cómo ayudarles a crecer y ser más felices. Escuchar, empatizar y acompañar el desarrollo de quienes me rodean —ya sea en lo personal o en lo profesional— es lo que me inspira cada día: mi familia, amistades, colegas y nuevos talentos. Cuando recibimos a nuevas personas en la empresa, les hablo de dos palabras clave: generosidad y felicidad. La generosidad no solo está en dar, también en saber recibir feedback y consejos. Les deseo que sean felices en su trabajo y en su vida, porque al final solo tenemos una vida y debemos buscar que sea plena, compartida y con propósito. 

¿Te consideras un líder rebelde? 

No me gusta etiquetarme, pero mi equipo me considera una líder rebelde, en el sentido de que siempre busco hacer las cosas de forma distinta y mejor. Para mí, la transformación constante es esencial; no me conformo con lo que ya existe ni con las formas tradicionales de liderazgo. No soy rebelde por apariencia o actitud desafiante, sino porque sueño con cambiar y mejorar. Me motiva pensar nuevas formas de hacer las cosas, utilizar las herramientas disponibles y demostrar que lo diferente puede ser mejor, tanto para BBVA como para las personas. También me definiría como un líder soñador, que busca inspiración en los retos y el cambio. La rutina me aburre; necesito desafíos y levantarme cada día con la pregunta: “¿Qué puedo hacer distinto hoy?”. Me niego a quedarme en lo conocido. Para mí, la felicidad está en los cambios, en innovar y en mejorar continuamente. 

“MOMENTO ÉPICO” 

¿Cuál es ese momento que consideras un gran triunfo en tu vida personal o profesional, y por qué fue tan significativo para ti?  

Hace un año, el 13 de abril, tuve un accidente muy grave que me dejó al borde de la muerte. Estuve 14 días internado, cuatro de ellos en estado crítico. Salir de ahí, seguir en rehabilitación y recuperar la movilidad fue, para mí, un verdadero triunfo personal. En el plano profesional, otro hito importante fue cuando pasé de ser director de sucursal a trabajar en Recursos Humanos. En España, participé en una competencia nacional dentro del banco llamada Plan Concentrados, donde se evaluaban resultados comerciales de más de 2.000 oficinas. Logré quedar primero a nivel nacional, lo que me permitió conocer a personas clave, entre ellas al director de personal, quien me ofreció sumarme a Recursos Humanos. Ese logro no solo me dio reconocimiento, sino que cambió el rumbo de mi vida profesional, abriéndome una nueva puerta que me permitió encontrar mi verdadero lugar. Ese cambio marcó un antes y un después para mí. 

¿Quién es Alberto? 

Apodo: Alberto. 

Profesión: Administración y Dirección de Empresas, y coach ontológico.  

Edad: 55 años.  

Signo del zodíaco: Acuario.  

¿Dónde vives?: Colombia, Bogotá.  

Comida favorita: Me encanta comer. Cordero asado o paella.  

Hijos: 2 hijas. Una de 20 y otra de 17.  

Mascotas: No.  

Hobbies:  Viajar. Pádel. Disfrutar la gastronomía y las catas de vino.  

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir? 

Portugal. Mi mujer es portuguesa, y lo conozco por ella, pero nunca lo visité.  

¿Cuál es tu cable a tierra?  

Me gusta mucho salir a recorrer centros comerciales, no necesariamente tengo que comprar, pero entrar a los locales, hablar con los empleados y recorrer los pasillos, me distiende.  

Una canción que te representa: 

One, de U2.