Karly Cortez: Acelerar sin perder el rumbo 

Karly Cortez dirige el área de Capital Humano en Grupo Witt con una mirada empática y una energía que se contagia, lidera desde la cercanía y la convicción. Apasionada por su trabajo, cree en el rol de las personas como motor del negocio y en un liderazgo que acompaña, escucha y deja huella. 

Karly no llegó hasta aquí siguiendo un camino recto ni previsible. A los 16 años fue mamá de César y, lejos de detenerse, ese punto de partida marcó una forma muy particular de mirar la vida, el trabajo y el liderazgo. Aprendió temprano a sostener responsabilidades grandes, a tomar decisiones difíciles y a avanzar incluso cuando el contexto no acompaña. Hoy, como directora de Capital Humano en Grupo Witt, esa experiencia se traduce en una manera de liderar que combina empatía, energía y una profunda convicción por las personas. 

Quienes trabajan con ella suelen describirla con una imagen clara: Alegría, el personaje de Intensamente. No como un gesto superficial, sino como una energía genuina que impulsa, contagia y moviliza. Karly cree en liderar desde el ejemplo, en incomodar cuando es necesario y en construir culturas que no se declaman, sino que se sostienen en decisiones concretas. Para ella, el rol de Capital Humano no es administrar personas, sino conectar el negocio con el talento, la conciencia y el propósito. 

En una industria exigente y tradicional como la automotriz, su mirada rompe inercias. Karly cuestiona lo establecido, se anima a preguntar “¿por qué no?” y apuesta por transformar líderes, mentalidades y formas de trabajo sin perder el foco en los resultados. Su liderazgo no separa lo humano de lo estratégico: entiende que ambos conviven, se potencian y definen el impacto real de una organización. 

Esta conversación recorre su historia, su forma de entender la cultura, el valor de cuidar la energía y el rol de la ética en la toma de decisiones. Un diálogo que invita a repensar el liderazgo desde un lugar más consciente, donde la pasión por lo que se hace no es un eslogan, sino una práctica diaria. 

¿Qué significa hoy liderar Capital Humano en una organización como Grupo Witt? 

Cuando me invitaron a sumarme a Grupo Witt, venía de la industria funeraria y el desafío era enorme. Nunca había trabajado en la industria automotriz y liderar una transformación cultural en un entorno tan exigente me hizo pensarlo dos veces. Desde el inicio tuve claro que no quería administrar personas, sino diseñar decisiones que muevan el negocio. Se lo dije a la dirección: no soy alguien que cumple órdenes; si buscaban una transformación real, necesitaba libertad para trabajar. Hoy creo firmemente que Capital Humano debe sentarse en la mesa donde se hablan de resultados, no solo de políticas. Mi rol es retar inercias, profesionalizar el liderazgo y convertir la cultura en una ventaja competitiva. Al no venir de esta industria, no cargo con el “siempre se hizo así”; para mí, casi todo puede hacerse diferente. Liderar Capital Humano es incomodar para transformar, sostener el cambio con hechos y no con discursos, y hacerlo con el respaldo de la alta dirección. 

En una industria como la automotriz, ¿cómo se construye cultura en entornos donde la operación tiene tanto peso? 

Para mí, la cultura aparece de verdad cuando, aun bajo presión, se respetan las reglas y se lidera con el ejemplo, incluso tomando decisiones incómodas. En la industria automotriz, la cultura no es un complemento humano del negocio: es lo que mueve la operación. Se revela cuando la presión sube, pero los estándares no bajan. En Grupo Witt representamos marcas como Nissan y Renault, líderes del mercado, con niveles de calidad extremadamente exigentes. No hay margen de error: una falla técnica puede tener consecuencias graves. Por eso, saber que las personas sostienen esos estándares aun con alta presión, atendiendo con actitud, compromiso y profesionalismo, me confirma que la cultura está bien permeada. Vendemos, competimos y buscamos ser los mejores, pero sin resignar calidad ni seguridad. Eso me genera una enorme satisfacción. Claro que siempre hay oportunidades de mejora, pero cuando la exigencia es máxima y los estándares se mantienen, es una señal clara de que la cultura está sólidamente establecida. 

¿Qué temas ocupan más tu agenda hoy: cultura, talento, liderazgo o transformación? 

Por ritual más que por creencia, suelo anotar todo lo bueno y valioso que me dejó cada año. Lo hice con 2025 y también lo proyecté hacia 2026, tanto en lo personal como en lo profesional. Ese ejercicio me ayudó a ordenar prioridades, porque hoy todo parece urgente y todo parece importante. Mi agenda es una combinación de varios ejes que, para mí, convergen en un mismo lugar: la transformación. Fui convocada para transformar, y eso implica transformar líderes, mentalidades y la forma en que entendemos el talento. También supone repensar cómo usamos la tecnología para potenciar a las personas. Cultura, talento y liderazgo no funcionan por separado; se integran y se potencian cuando se alinean con un propósito claro de cambio. Para mí, la transformación no es una acción aislada, sino el resultado de trabajar de manera consciente y consistente sobre todos estos aspectos al mismo tiempo. 

¿Cómo cuidás tu propia energía en contextos de alta demanda? 

Hoy creo que cuidar la energía no es un lujo, es una señal de liderazgo responsable. Durante mucho tiempo se asoció el compromiso con trabajar 24/7 o con las “horas nalga”, pero yo no busco eso: busco productividad y foco. Por eso pongo límites, priorizo lo importante sobre lo urgente y elijo rodearme de conversaciones que suman. Aprendí que hacer una pausa no es detenerse, sino tomar impulso con conciencia. Los fines de semana me desconecto, dejo una persona responsable ante emergencias y uso ese tiempo para recargarme: estar con mi familia, descansar, disfrutar y reconectar conmigo. Soy una persona de fe y ese espacio espiritual también es clave para mi equilibrio. Cuidar lo profesional, lo personal, lo familiar y lo espiritual me permite volver a la semana con más claridad, energía y actitud. Estas pausas constantes me ayudan a liderar mejor y a transmitir ese equilibrio al equipo desde el ejemplo. 

Si tuvieras que resumir el aporte de Capital Humano al negocio en una frase, ¿cuál sería? 

Creo que el verdadero desafío es convertir la estrategia en comportamientos reales que generen resultados. Para mí, las personas son genuinamente lo más importante. Lo pienso también desde un lugar muy personal: hoy mi hijo ya está en el mundo laboral y deseo que sea valorado, respetado, que tenga un buen mentor, alguien que lo acompañe y le permita desarrollarse. Eso mismo es lo que deseo para las personas con las que trabajo. Cuando el interés por las personas es auténtico y no solo discursivo, los resultados llegan solos. Las personas se sienten escuchadas, apoyadas, motivadas, y eso les cambia la forma de involucrarse. Siempre incentivo a alzar la voz, a buscar mentores, a animarse a expresar ideas. Como líderes de Capital Humano, nuestro rol es escuchar de verdad, acompañar y crear entornos donde las personas puedan crecer. Cuando eso sucede, la estrategia deja de ser un plan en papel y se transforma en comportamientos concretos que impactan directamente en los resultados del negocio. 

DUPLA ESTRATÉGICA 

¿En qué momento la tecnología deja de ser aliada y empieza a distraer del talento real? 

La tecnología deja de ser aliada cuando se usa sin propósito ni ética. El talento real sigue estando en las personas; la tecnología solo lo potencia. Cuando se pierde de vista ese principio y se la convierte en un fin en sí mismo, empieza a distraer en lugar de acompañar y amplificar el talento humano. 

“MI SINGULARIDAD” 

¿Qué característica, personal o profesional, creés que te hace único? 

Creo que mi singularidad está en conectar el negocio con las personas y la conciencia. Tengo la valentía de cuestionar lo que no funciona y la sensibilidad para acompañar procesos humanos complejos sin perder el foco estratégico. Integro resultados, ética y propósito en entornos exigentes, incluso en una industria tradicional como la automotriz, donde siempre me animo a preguntar: ¿por qué no hacerlo diferente? 

¿QUIÉN ES KARLY?: 

Apodo: “Alegría” (como la película de intensamente jejeje) 

Profesión:  Licencianda en Administración de empresas con especialidad en Gestión del cambio. 

Signo del zodíaco: Leo. 

¿Dónde vives?: CDMX. 

¿Hijos?: Un hijo de 23 años, Cesar Cortez. 

¿Pareja?: Mi novio, Victor Forseck. 

¿Mascotas?: Tres gatitos: Tokyo, Denver y London. 

Comida favorita:  Pozole. 

Edad:  39 años. 

Hobbies: Viajar y practicar Muay Thai. 

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir?: Me gustaría vivir en Suiza, por su equilibrio entre orden, calidad de vida y profundo respeto por las personas. Es un país donde la excelencia convive con la calma, y donde el trabajo, la innovación y el bienestar no están peleados, sino alineados. 

¿Qué color te representa mejor como persona?: El negro, no necesita llamar la atención para imponer presencia; comunica claridad, carácter y determinación. 

Completa la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”:   

Trabajo mejor cuando hay propósito, claridad y personas dispuestas a cuestionar lo establecido. 

Entrevistada por Luisina Larrouyet.