Leidy Muñoz es Head of Human Resources en Fujifilm México. Convencida de que el liderazgo también se aprende, transita su rol en clave de formación continua, combinando estrategia, humanidad y curiosidad permanente para acompañar organizaciones y personas en procesos de transformación real.
Hay decisiones que transforman una carrera, y otras que transforman la vida. En Leidy, ambas cosas sucedieron casi al mismo tiempo. Colombiana de origen, llegó a México hace tres años impulsada por un nuevo desafío profesional. Lo que no imaginaba era que, además de encontrarse con un proyecto desafiante en Fujifilm México —donde hoy se desempeña como Head of Human Resources— también se encontraría con el amor y con una nueva forma de habitar su propósito.
Leidy es una líder joven, pero su mirada tiene la profundidad de quien entiende que la gestión de personas no es un área operativa, sino un espacio estratégico donde se define el futuro de las organizaciones. Se la escucha hablar y se percibe algo que no se aprende en manuales: pasión genuina. Habla de talento, de transformación y de tecnología con la misma naturalidad con la que habla de humanidad, servicio y sentido.
En su recorrido hay una constante: la formación permanente. Cree en el aprendizaje continuo no solo como herramienta de crecimiento profesional, sino como responsabilidad ética de quien lidera en tiempos de cambio acelerado. En ella conviven los indicadores y la empatía, la estrategia y la cercanía.
Desde México, y con la impronta de quien se anima a cruzar fronteras —geográficas y personales— Leidy encarna una nueva generación de líderes de Recursos Humanos: conscientes de que el negocio importa, pero convencidos de que son las personas quienes lo hacen posible.
Fujifilm es una organización que supo reinventarse muchas veces. ¿Qué tipo de liderazgo requiere una empresa que vive en cambio constante?
En organizaciones que viven en cambio constante, el liderazgo necesita apoyarse en tres dimensiones clave: ser adaptativo, humano y estratégico. Lo digo no solo desde mi experiencia actual, sino también desde haber transitado procesos de transformación tecnológica acelerada en distintos contextos. Hoy el entorno está marcado por la incertidumbre, la reinvención permanente y, sobre todo, por el desgaste emocional que ese ritmo genera en las personas.
El verdadero desafío del liderazgo no es solo reaccionar rápido, sino dar sentido al cambio. Traducir la estrategia, la tecnología y la velocidad en algo comprensible y vivible, que genere confianza en medio de lo desconocido. Transformar sin cuidar lo que sienten las personas termina siendo insostenible.
Ese liderazgo necesita algunos pilares básicos que a veces damos por obvios: claridad de rumbo, aunque no tengamos todas las respuestas; confianza real en el talento, empoderando a los equipos para decidir, innovar y adaptarse; y, fundamentalmente, la escucha. Las personas necesitan sentirse parte de la transformación, no solo ejecutoras.
Aprendí que liderar no es que el equipo obedezca, sino acompañar, contener, orientar y convertir el cambio en una oportunidad de evolución colectiva. La empresa evoluciona, pero también lo hacen las personas que la hacen posible.
Desde tu mirada, ¿cuáles son los grandes desafíos que enfrenta hoy el área de Recursos Humanos en México y en la región?
He tenido la oportunidad de trabajar en distintos países de la región —Colombia, México, Guatemala, El Salvador y con cierta interacción con Estados Unidos— y eso me permitió entender que no existe el “copiar y pegar”. Cada estrategia debe partir de comprender la cultura y las particularidades de cada país.
Desde esa experiencia, creo que el gran desafío para quienes lideramos áreas de talento hoy es equilibrar negocio, personas y cumplimiento, especialmente en contextos como México y LATAM, donde convivimos con marcos regulatorios exigentes, mercados laborales competitivos y escenarios sociales cambiantes.
Identifico tres focos clave. El primero es la atracción y retención del talento en un contexto donde las expectativas cambiaron: ya no se busca solo estabilidad, sino propósito, desarrollo, flexibilidad y un liderazgo auténtico, basado en la confianza y el diálogo. El segundo es el bienestar real y sostenible, integrando de forma genuina la salud mental, el equilibrio vida–trabajo y el sentido de pertenencia como parte de la estrategia de negocio, y no solo como discurso.
El tercero es la digitalización inteligente: usar datos y tecnología para mejorar decisiones y procesos, sin perder el toque humano. La tecnología debe ser un medio para hacer el trabajo más sostenible y humano, no un fin en sí mismo.
Finalmente, estoy convencida de que talento humano ya no puede ser un área operativa. Debe ocupar un rol estratégico, con voz activa en la toma de decisiones, para impulsar un crecimiento verdaderamente sostenible y centrado en las personas.
¿Cómo impacta la inteligencia artificial en el negocio fotográfico y en los perfiles que hoy necesita la compañía?
Desde mi mirada, la inteligencia artificial no reemplaza la esencia del negocio, sino que la potencia. En nuestro caso, amplifica las capacidades humanas: aporta mayor precisión, personalización y velocidad, y transforma no solo los procesos, sino también los perfiles y habilidades que necesitamos. Por eso, el desafío no es solo incorporar nuevos roles, sino también actualizar las competencias de las personas que ya forman parte de la organización y que llevan muchos años con nosotros, para evitar que sus habilidades queden obsoletas.
La IA nos ayudó a transformar procesos internos, pero también nos exige desarrollar capacidades analíticas: interpretar datos y convertir información en decisiones de valor, más rápidas y efectivas. Junto con eso, trabajamos fuertemente en la mentalidad digital, especialmente en perfiles que venían haciendo las cosas de la misma manera desde hace años. El foco está en perder el miedo, entender que la tecnología es accesible y que está para facilitar el trabajo, no para quitarlo.
Impulsamos estrategias de aprendizaje continuo, reubicación de talentos y acompañamiento en la reinvención de habilidades. Nuestro rol desde talento humano es anticiparnos, preparar a la organización y asegurar que la tecnología se implemente de forma responsable, alineada con la cultura. La inteligencia artificial no sustituye a las personas: las desafía a evolucionar, y ahí está nuestro papel clave.
Para vos, ¿qué significa hoy “rockear el talento”?
Para mí, desde un rol de liderazgo, rockear el talento es activar el potencial de las personas para que den lo mejor de sí, sin que la edad o la experiencia sean un límite. Es potenciar el talento alineándolo con el propósito del negocio, pero poniendo a las personas en el centro. Significa crear experiencias donde cada persona se sienta vista, escuchada y reconocida, con espacios reales para crecer, equivocarse y aprender. Muchas veces castigamos el error, y creo que ahí hay un cambio cultural necesario: aprender a escuchar y a acompañar esos procesos.
En una organización global, rockear el talento también implica conectar la estrategia global con la realidad local, logrando que cada colaborador sienta que su aporte importa y que lo que hace genera impacto. Para mí, no se trata solo de resultados, sino de construir entornos donde el talento pueda desplegarse sin sesgos y con confianza. En definitiva, rockear el talento es potenciar a las personas para que puedan dar lo mejor de sí, y crecer junto con la organización.
DUPLA ESTRATÉGICA
¿En qué momento la tecnología deja de ser aliada y empieza a distraer del talento real?
La tecnología deja de ser aliada cuando pasa de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo. Eso sucede cuando automatizamos sin criterio, sin preguntarnos para qué y por qué lo hacemos, y perdemos de vista lo esencial, que son las personas. La tecnología debería usarse para liberar tiempo, mejorar decisiones, optimizar la operación y fortalecer la experiencia tanto del colaborador como del cliente, no para reemplazar la conexión humana. El talento real se potencia cuando la tecnología está al servicio de las personas y no cuando las personas terminan adaptándose a la tecnología.
“MI SINGULARIDAD”
¿Qué característica, personal o profesional, creés que te hace único?
Creo que mi singularidad está, primero, en mi propósito de vida: servir de verdad y con el corazón. Desde ahí conecto profundamente con las personas y con su potencial. En lo profesional, me diferencia mi capacidad de unir estrategia y humanidad. Puedo hablar de indicadores, presupuesto y resultados, pero también acompañar procesos complejos desde la empatía y la claridad. He liderado transformaciones exigentes sin perder el foco en que el talento es la verdadera ventaja competitiva. Estoy convencida de que cuando las personas crecen, el negocio crece con ellas, y ese ha sido el hilo conductor de toda mi carrera.
¿QUIÉN ES LEIDY?:

Apodo: Lei.
Profesión: Licenciada en salud ocupacional, con una especialización en gerencia de proyectos y gerencia de riesgos y seguros.
Signo del zodíaco: Sagitario.
¿Dónde vives?: CDMX.
¿Hijos?: No.
¿Pareja?: Sí.
¿Mascotas?: Sí. Tres perros.
Comida favorita: Te diría que cualquiera que contenga arroz en su preparación.
Edad: 37 años.
Hobbies: Me encanta bailar.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Me gustaría vivir en un lugar que combine la innovación, la cultura, el bienestar y, sobre todo, que sea un lugar en el que puedas desarrollarte profesionalmente, pero que también se pueda convivir con la calma que necesitamos como humanos.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El rosa, siento que refleja sensibilidad, equilibrio, fortaleza y empatía.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando hay confianza y un propósito claro.
Entrevistada por Luisina Larrouyet.