Marcelo Di Gennaro: Un nuevo capítulo, la misma pasión por transformar 

Marcelo Di Gennaro, Managing director en Mandü, lidera equipos desde hace diez años en distintos roles dentro de la organización. Apasionado por los desafíos, encuentra en cada transformación una oportunidad para crecer y hacer crecer a otros. 

A los 59 años, Marcelo atraviesa uno de esos momentos en los que la vida invita a hacer balance. Y el suyo tiene la serenidad de quien recorrió distintos caminos sin perder curiosidad ni pasión. Aunque se formó como analista de sistemas, pronto entendió que su vocación no se limitaba al código ni a la lógica técnica. Los giros del mundo profesional lo llevaron a explorar la consultoría, a involucrarse en ventas y, desde hace casi dos años, a asumir el desafío de ser managing director en lo que hoy es Mandü.  

Su recorrido no fue lineal, pero sí coherente: siempre estuvo donde había transformación. En cada etapa encontró una nueva manera de vincular la tecnología con las personas, convencido de que detrás de cada sistema hay equipos, decisiones y cultura organizacional. Esa mirada integral, que combina lo técnico con lo humano, se convirtió en su sello. 

Hoy, al mirar hacia atrás, no habla de metas cumplidas sino de aprendizajes acumulados. Siente que está atravesando un gran momento, tanto personal como profesional. Con sus hijos ya grandes y una nueva libertad en lo cotidiano, puede dedicar más tiempo y energía a los proyectos que lo movilizan. En Mandü, ese impulso se traduce en liderazgo, en visión estratégica y en una convicción firme: los desafíos no se evitan, se abrazan. 

Hablemos de Mandü y lo que les representó llevar un proceso de cambio así como organización… 

Comenzamos siendo Visma en distintos países de Latinoamérica, pero el crecimiento del grupo —hoy con más de 250 empresas, 11 de ellas en la región— nos llevó a un punto de inflexión. Cada compañía conservaba su nombre, hasta que entendimos que Visma debía consolidarse como marca corporativa, quedando Latinoamérica como subsidiaria. En ese proceso, nosotros éramos “Visma by Visma”, y eso vino acompañado de una redefinición estratégica. 

Hace algunos años adquirimos en Perú una empresa especializada exclusivamente en talento: Mandü. Nuestra fortaleza histórica estaba en payroll y HR core, sumando luego productos propios y de terceros, como nuestra solución de firma digital. Pero el mercado empezó a pedir algo distinto: soluciones end-to-end

Ahí entendimos que, juntos, realmente éramos ese software integral que el ecosistema estaba buscando. Con Sebastián Nadal y el aval de Álvaro Capobianco, decidimos crear una única unidad de negocio que uniera fuerzas y saliera al mercado con una propuesta más potente. Mandü resultó ser el nombre que mejor representaba esta nueva etapa. 

No se trata solo de producto: estamos impulsando un cambio profundo en servicios, hacia un modelo más cercano, personalizado y flexible, con un contacto dedicado y un equipo respaldándolo. Esa filosofía de servicio, que Mandü nos aportó, transformó nuestra manera de vincularnos con cada cliente. 

Mandü opera en un ecosistema muy sensible: personas, datos y decisiones de negocio. ¿Qué responsabilidades extra implica desarrollar software para gestionar organizaciones? 

Para mí, lo fundacional es entender que en una empresa de software el mayor activo siempre son las personas. Desde ahí debería construirse todo: el producto, la cultura y la estrategia. Muchas de las problemáticas que después resolvemos para el mercado, primero las vivimos puertas adentro. Nosotros somos 300 personas y la corporación supera las 17.000, así que el desafío es constante: ¿cómo gestionamos nuestros propios procesos pensando en los tiempos que vienen? 

Los cambios generacionales trajeron algo muy positivo: una nueva mirada sobre el vínculo entre vida y trabajo. Ya no se trata solo de “equilibrio”, sino de integrar ambas dimensiones de una manera más natural. Si alguien quiere trabajar hasta las 11 de la noche porque está motivado con un proyecto, puede hacerlo; y si al día siguiente necesita tomarse el día porque cumplió su objetivo, también. Lo importante es el resultado y el compromiso, no la rigidez horaria. 

Desde esa lógica, buscamos desarrollar y ofrecer herramientas que realmente agreguen valor, que acompañen esa flexibilidad y potencien la experiencia de las personas dentro de la organización. 

¿Qué habilidades creés que van a ser críticas para liderar equipos en entornos cada vez más digitales?  

Creo profundamente en la presencialidad con propósito. Hay cosas que el cara a cara resuelve mejor que cualquier reunión por Teams: cruzarte, conversar cinco minutos y destrabar un tema. Pero también es cierto que la energía que antes se iba en el tránsito puede volcarse a un proyecto. Para mí, el equilibrio entre vida y trabajo no es discurso, es práctica. 

Incluso antes de la pandemia ya teníamos flexibilidad. No imponíamos barreras innecesarias. Recuerdo el caso de una persona que vivía cerca de la universidad y lejos de la oficina: le dijimos que trabajara desde su casa. Si tenía laptop y acceso a los sistemas, ¿qué sentido tenía hacer muchos kilómetros solo por cumplir? 

Esto también es cultural y viene desde arriba. Tenemos personas que trabajan remoto hace años, incluso desde otro país, y eso marca una forma distinta de pensar. Antes de la pandemia ya habíamos confirmado que podíamos hacerlo. 

Hoy sostengo que cada mánager debe decidir con criterio, escuchando a su equipo y buscando valor agregado. Cuando los equipos funcionan bien, quieren verse. El desafío es confiar en la responsabilidad de cada persona y entender que no todos rinden igual en los mismos esquemas. 

Desde tu experiencia, ¿qué diferencia hoy a una empresa de software que realmente agrega valor de una que solo digitaliza procesos existentes? 

Lo que Mandü aporta, para mí, es una verdadera vocación de servicio, especialmente en los cuadros de gestión. Esa actitud se contagia y los equipos la viven como propia. Pero lo mágico es entender que no es “la empresa” la que hace las cosas: son las personas. Cuando alguien dice “qué buen clima hay acá”, la respuesta es simple: lo construye la gente todos los días. 

Pasamos muchas horas juntos, y los problemas están para resolverse. De hecho, no hay nada más aburrido que no tener desafíos. Lo interesante es cómo el equipo entiende que los obstáculos son parte del camino y que siempre hay una forma de avanzar. Si alguien falla, otro puede continuar. Esa dinámica colaborativa es clave. 

Buscamos que todos estén al tanto de lo que sucede. Hacemos reuniones de comité donde se comparten situaciones, se escucha y se genera empatía con lo que le pasa al otro. Ese espíritu de grupo humano, que sigue dando pelea y se adapta, es lo que nos diferencia frente a compañías que, con el tiempo, se volvieron más burocráticas. Nuestra fortaleza sigue siendo la gente y su compromiso. 

¿Qué es lo que más te entusiasma del momento que están viviendo, no solo en Mandü, sino también en la industria del software? 

Estoy atravesando un momento personal muy bueno. Ya crié a mis hijos, estoy en otra etapa de mi vida, con otro tipo de dinámica, y eso me da una libertad distinta. Tengo más tiempo que quienes todavía están corriendo entre el colegio y las actividades, y eso me permite enfocarme con mayor profundidad en los desafíos profesionales. 

Siento que todavía tengo muchísimo por aprender, y el proyecto de Mandü representa justamente eso: un desafío enorme que le da un propósito muy fuerte a este año y a los que vienen. Para nosotros es una apuesta impresionante, y estamos convencidos de que va a salir bien. 

Lo vivo con entusiasmo y con humildad. Siempre le pido a mis equipos que me digan si creen que estoy equivocándome. Necesito esa mirada honesta. Creo que el liderazgo también es eso: animarse a decidir, pero estar dispuesto a escuchar y corregir cuando hace falta. 

DUPLA ESTRATÉGICA 

¿En qué momento la tecnología deja de ser aliada y empieza a distraer del talento real? 

Para mí, la IA deja de ser aliada cuando se usa mal. Es una herramienta poderosa, pero no reemplaza la experiencia ni el criterio humano. Si la usamos para mejorar la calidad de vida y potenciar el talento, siempre será una aliada. 

“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…” 

¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida? 

“Cuando pensé que había entendido todo, no entendía nada”. Y sería una comedia, sin dudas. 

¿QUIÉN ES MARCELO?: 

Apodo: Marce.  

Profesión: Analista de sistemas.  

Signo del zodíaco: Tauro.  

¿Dónde vives?: Carapachay.  

¿Hijos?:  Dos. Agustín, de 34 años; y María Sol, de 28. 

 ¿Pareja?: Casado con Flavia, hace 35 años.  

¿Mascotas?: Una perra siberiana, que se llama Arya, inspirado en Game of Thrones.  

Comida favorita: La tarta de jamón y queso. Tan simple y efectiva.  

Edad: 59 años.  

Hobbies:  Me gusta coleccionar diferentes versiones de “El Principito”.  

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir? 

Madrid, siempre que fui, me trataron muy bien. Y también siento afinidad por Australia, la familia de mi mujer vive en Melbourne y si bien es otra cultura, hay una gran calidad de vida.  

¿Qué color te representa mejor como persona? 

El azul. Lo relaciono con los sentimientos de serenidad y calma. 

Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.” 

Trabajo mejor a la mañana y cuando encuentro un valor agregado.  

Entrevistado por Luisina Larrouyet.