Santiago Ferrada, VP & Head of Iberia en Wellhub, impulsa el bienestar como motor estratégico del desempeño. En esta entrevista, reflexiona sobre cómo organizaciones más saludables logran equipos más eficaces, comprometidos y sostenibles en el tiempo.
Hay trayectorias que no se explican por un cargo, sino por una forma de estar en el mundo. La de Santiago es una de ellas. Hoy se desarrolla como VP & Head of Iberia en Wellhub, liderando conversaciones estratégicas sobre bienestar, cultura y eficacia laboral. Pero mucho antes de los comités ejecutivos y las decisiones regionales, su escuela fue otra: la del deporte de alto rendimiento.
Santiago fue deportista de triatlón, una disciplina exigente, silenciosa y, muchas veces, invisible. Un deporte donde el esfuerzo no siempre tiene correlato económico, donde la estabilidad no está garantizada como en el fútbol o el golf, pero donde la exigencia es exactamente la misma. Entrenar cada día, sostener la motivación sin focos ni aplausos, competir contra uno mismo. En ese terreno se forjaron pilares que hoy atraviesan su manera de liderar: la constancia, la disciplina y la capacidad de mantenerse enfocado incluso cuando el contexto no acompaña.
Esa lógica —la de levantarse cada mañana con un objetivo claro— no desapareció cuando dejó la competencia. Se transformó. Pasó del cronómetro al negocio, del entrenamiento al liderazgo, del rendimiento individual al impacto colectivo. Y encontró un nuevo sentido en construir entornos donde las personas puedan sostener su energía, su compromiso y su salud a largo plazo.
En paralelo, la vida le sumó un rol que resignifica todos los demás: el de papá primerizo de Catalina. Una experiencia que, como el deporte, exige presencia, paciencia y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Tal vez por eso su mirada sobre el bienestar no se queda en el discurso ni en el beneficio aislado, sino que se apoya en una convicción profunda: para rendir, primero hay que estar bien.
En esta entrevista, Santiago no habla solo desde el liderazgo corporativo, sino desde una historia personal atravesada por la exigencia, el aprendizaje constante y la búsqueda de sentido. Un recorrido donde el bienestar no es tendencia ni eslogan, sino una condición esencial para sostener el rendimiento, dentro y fuera del trabajo.
Hablemos un poco del origen de Wellhub…
No conozco a nadie que no quiera estar bien. A nadie le interesa sentirse mal, ni física ni emocionalmente. El problema es que el bienestar es algo complejo y cambiante: no es el mismo en enero que en verano, ni cuando tienes mucha energía que cuando estás cansado o atravesando otra etapa vital. Las necesidades cambian constantemente.
Durante mucho tiempo, las opciones eran muy limitadas. Si querías cuidarte, tenías que ir a un gimnasio concreto, aunque no siempre te apeteciera o te sintieras con fuerzas. A muchas personas nos ha pasado: te apuntas a un gimnasio y acabas sin ir.
Wellhub nace precisamente con la misión de hacer el bienestar accesible. Para lograrlo, la tecnología es clave: clases online, aplicaciones y servicios digitales que te permiten entrenar, cuidar tu salud mental, tu nutrición o contar con acompañamiento profesional estés donde estés.
Pero no es solo tecnología. Entendimos que el bienestar requiere variedad y flexibilidad. Por eso pasamos del gimnasio único a una membresía que da acceso a miles de opciones en todo el mundo, para que cada persona elija qué hacer y cuándo hacerlo, según su momento y sus necesidades.
¿Cuáles fueron los principales retos para introducir y escalar la propuesta de bienestar de Wellhub en España?
Durante muchos años apenas se hablaba de bienestar en las empresas. Mi principal reto, entonces y ahora, sigue siendo concienciar a la alta dirección de que el bienestar no es un gasto, sino una inversión con retorno real. No solo en España, sino también en otros países, seguimos trabajando para que el liderazgo entienda que no puede existir sin bienestar.
Hablar de bienestar implica reconocer el malestar. Hoy, una de las grandes barreras son las bajas médicas, muchas de ellas vinculadas a la salud emocional, al sedentarismo, al estrés y a malos hábitos. Las organizaciones asumen costes enormes por no abordar estas causas de forma preventiva.
Creo firmemente que el bienestar no debe gestionarse de manera reactiva. No hay que esperar a que alguien esté mal para ofrecer apoyo. El bienestar debe ser accesible desde el primer día, permitiendo que cada persona elija qué necesita en cada etapa de su recorrido en la empresa.
Cuando una compañía apuesta de verdad por el bienestar, genera confianza, compromiso y empleados más sanos. Solo así es posible construir equipos implicados y sostenibles en el tiempo.
¿Cómo seleccionan y evalúan a los partners que forman parte de la oferta de bienestar?
En Wellhub trabajamos el bienestar desde una propuesta diferencial que combina espacios físicos y partners 100 % digitales. En el ámbito físico, nuestro objetivo es que, estés donde estés, tengas acceso a un gimnasio o a una solución cercana que te acompañe en tu rutina.
En el ecosistema digital, apostamos por un marketplace global con aplicaciones realmente diferenciales. No se trata solo de sumar opciones, sino de integrar a los referentes top de cada categoría. El bienestar ya no es únicamente ir al gimnasio: lo entendemos de forma holística y mucho más amplia.
Por eso incorporamos las mejores aplicaciones de calidad del sueño, bienestar femenino, nutrición, entrenamiento personalizado o actividad física. Hace apenas unos años nadie hablaba del sueño, y hoy sabemos que es clave para reducir el estrés, la ansiedad y mejorar la salud integral de las personas.
¿Qué parte de tu rol actual te exige más como persona que como ejecutivo?
La parte de mi rol que más me exige como persona es aportar un valor añadido real a quienes forman parte del equipo. Hoy las prioridades han cambiado: ya no se trata de carreras lineales ni de permanencias largas, sino de cómo lograr que cada persona dé lo mejor de sí en el tiempo que elija estar en la organización.
Como líder, eso implica conocer a las personas, entender qué las motiva y acompañarlas en su recorrido. Y eso no es automático ni estructural: requiere presencia, tiempo y disciplina. Tomarme un café con alguien que acaba de incorporarse, mantener conversaciones uno a uno incluso con personas que no son de mi equipo directo, escuchar activamente… son gestos que no figuran en la agenda del ejecutivo, pero que marcan la diferencia.
Podría cumplir mi rol sin hacer todo eso, pero hacerlo es lo que construye confianza, compromiso y cultura real. Esa exigencia humana, constante y sostenida, es la que más me interpela como persona.
¿Qué habilidades o enfoques creés que deben tener los líderes actuales para construir culturas organizacionales más saludables?
Creo que es momento de bajar del eslogan a la realidad, y esa realidad empieza por la actitud del líder. La actitud es el reflejo más claro del liderazgo y se expresa en los gestos cotidianos: saludar, preguntar cómo estás, mirar a las personas a los ojos. Eso genera mucho más impacto que cualquier beneficio aislado.
El liderazgo no se construye solo con programas o descuentos, sino en el vínculo persona a persona. El líder que hoy marca la diferencia —y que lo hará en los próximos diez años— es aquel que pone a las personas en el centro, con una mirada profundamente humanista.
Puedes tener una mente brillante y grandes conocimientos, pero si no sabes conectar con las personas, nunca te van a creer. Y sin confianza, no hay liderazgo real ni compromiso sostenible.
DUPLA ESTRATÉGICA
¿En qué momento la tecnología deja de ser aliada y empieza a distraer del talento real?
Creo que la IA es una herramienta muy valiosa para ganar eficiencia, pero el límite aparece cuando deja de ayudarnos a pensar. Si delegamos todo, perdemos criterio, autoconocimiento y capacidad de generar valor. La IA puede orientar, pero el pensamiento debe ser propio; de lo contrario, genera inseguridad, dependencia y frustración, especialmente en las nuevas generaciones.
“MI SINGULARIDAD”
¿Qué característica, personal o profesional, creés que te hace único?
No hay una palabra concreta, es mi historia como deportista de élite. El deporte me enseñó disciplina, motivación y a vivir con un objetivo diario. Cuando ese motor desaparece, aparece el vacío. Por eso muchos deportistas sufren al retirarse: cuesta encontrar una nueva motivación que exija el mismo nivel de compromiso y sentido.
¿QUIÉN ES SANTIAGO?:
Apodo: Santi.
Profesión: Doctor en Economía.
Signo del zodíaco: Aries.
¿Dónde vives?: Madrid.
¿Hijos?: Sí, una hija, Catalina.
¿Pareja?: Iveth.
¿Mascotas?: No.
Comida favorita: Tortilla de patatas.
Edad: 43 años.
Hobbies: Trekking de altura y natación.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Nueva Zelanda.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El verde, me transmite esperanza.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando la paso bien.
Entrevistado por Luisina Larrouyet.