Cristián Beltrán Ferrer: Cuando el camino no es recto, pero sí propio 

POR LUISINA LARROUYET 

Cristián Beltrán Ferrer es Talent Manager en Capgemini y lidera equipos desde un enfoque cercano, humano y desafiante. Con una mirada disruptiva sobre el desarrollo de talento, combina gestión, escucha activa y toma de decisiones para construir equipos que evolucionan junto al negocio. 

Cristian no encaja en el molde clásico del recorrido profesional lineal. Se desempeña como Talent Manager en Capgemini, se define como un líder cercano y disruptivo, pero su historia empieza lejos de cualquier manual. A los 16 años abandonó los estudios y salió al mundo del trabajo sin un plan demasiado claro. A los 21, después de una jornada laboral cualquiera, algo hizo click: volvió a su casa y le dijo a su mamá una frase simple y decisiva —“voy a estudiar en la universidad”— que marcaría un antes y un después. Desde ese momento, su camino empezó a tomar forma, siempre atravesado por la convicción, la insistencia y una fuerte voluntad de construir su propio lugar. 

Hoy lidera equipos en una de las consultoras tecnológicas más grandes del mundo, pero conserva una mirada humana sobre el trabajo, el liderazgo y el desarrollo profesional. Cree en la cercanía, en la confianza y en inspirar más que en dirigir desde la distancia. Esa misma energía la canaliza fuera de la oficina: Cristian tiene una banda de rock, un espacio donde la creatividad, la intensidad y el trabajo en equipo vuelven a aparecer, esta vez amplificados por guitarras y escenarios. 

Hace siete meses se convirtió en papá por primera vez y su casa tiene una banda sonora particular: su hija se duerme cada noche escuchando a Elvis Presley, un ritual que mezcla ternura, música y herencia emocional. Se siente afortunado también por el lugar donde vive, un destino al que muchos viajan de vacaciones y que para él es escenario cotidiano de vida, trabajo y crianza. 

Entre decisiones que no siempre siguieron el camino esperado, liderazgo con sensibilidad y una mirada abierta al cambio, Cristian construyó una historia que habla de segundas oportunidades, de intuición y de animarse a levantar la mano para ir por más. Esta entrevista recorre ese recorrido, sus aprendizajes y la forma en la que entiende hoy el talento, el trabajo y la vida. 

Hablemos de tu recorrido hasta llegar a tu presente en Capgemini… 

Empecé mi recorrido profesional con prácticas. Durante la carrera trabajé en algunos roles más generalistas, especialmente vinculados a la prevención de riesgos laborales, pero mi primer contacto real con un puesto a jornada completa llegó al terminar el máster, cuando entré de prácticas en Capgemini. Recuerdo que, tras el proceso de selección, me dijeron que las posibilidades de contratación eran bajas y que sería sobre todo una etapa de aprendizaje. Aun así, acepté convencido de que me acabarían contratando, y así fue. 

Comencé como recruiter en el equipo de Valencia, que en ese momento éramos solo dos personas. Allí di mis primeros pasos en el sector tecnológico, enfocándome en la búsqueda de perfiles como desarrolladores Java y consultores de ERP, especialmente SAP. Al principio todo ese mundo técnico me resultaba completamente desconocido: Java, Spring, Cloud… no entendía nada. 

Sin embargo, lejos de desanimarme, me atrapó. Me encantó aprender y fue ahí donde realmente empezó a tomar forma mi carrera profesional en el ámbito tech. 

¿Qué implica ser Talent Manager en una compañía global como Capgemini más allá del título? 

Mi rol principal es coordinar al equipo para dar respuesta a las necesidades de demanda de talento dentro de la organización. Capgemini es una consultora tecnológica que ofrece soluciones en todo el abanico tecnológico, desde data y desarrollo a medida hasta experiencia de usuario y consultoría estratégica. Dentro de ese ecosistema, mi equipo da servicio específicamente al área de desarrollo de software. 

En cada proyecto, cuando no contamos con capacidades internas suficientes, somos quienes proveemos talento externo para cubrir esas necesidades. Mi responsabilidad es asegurar que se alcancen los objetivos de captación de talento, aunque más que enfocarme solo en los números, mi foco está en acompañar e inspirar al equipo para que sean ellos quienes lo logren. Son quienes realmente hacen que las cosas sucedan, y mi rol está en guiarlos, apoyarlos y generar las condiciones para que puedan dar lo mejor de sí. 

¿Cómo se equilibra la intuición humana con la toma de decisiones basada en datos? 

Para mí, tomar buenas decisiones implica aplicar inteligencia y equilibrio. Los datos son fundamentales: lo que no se mide no existe, y eso es innegable. Pero no creo en decisiones basadas solo en números fríos ni tampoco solo en intuición. Lo valioso está en la intuición que nace de una experiencia sólida. 

Cuando combinas el análisis y tratamiento de datos con experiencia y buen olfato de negocio, es ahí donde se produce la verdadera magia. Los datos pueden decir mucho, pero también hay matices que a veces se escapan al análisis puro: ruidos, contextos o señales que la intuición logra captar. No siempre sabes explicar exactamente por qué, pero lo reconoces porque ya lo viviste antes o atravesaste situaciones similares. 

Ese equilibrio entre datos e intuición permite tomar decisiones más completas y acertadas. No se trata de elegir uno u otro, sino de integrarlos: usar los datos como base y dejar que la experiencia y la intuición ayuden a interpretar lo que los números, por sí solos, no siempre muestran. 

¿Qué prácticas ayudan a que el talento no solo ingrese, sino que crezca y permanezca? 

Creo que el estilo de liderazgo influye muchísimo en la fidelización del talento. Para mí hay dos cuestiones clave. La primera es el liderazgo: un buen líder siempre es un motivo poderoso para que una persona decida quedarse en un equipo. La segunda es la transparencia en los procesos. Saber por qué y cómo se reconoce el trabajo, entender hacia dónde va la carrera profesional y por qué se toman determinadas decisiones genera confianza. 

Cuando la transparencia atraviesa todos los procesos, se habilitan conversaciones más honestas, objetivos mejor definidos y un mayor entendimiento tanto de las metas como de las expectativas. Esto reduce confusiones, evita rumores de pasillo y permite gestionar mejor el día a día. En ese contexto, las personas se sienten más seguras, valoradas y con claridad sobre su futuro, lo que hace que prefieran quedarse en la compañía en lugar de buscar nuevos retos fuera. 

Hoy, ¿el talento elige a las empresas o las empresas siguen creyendo que eligen al talento? 

El otro día leí algo muy curioso: que muchas personas jóvenes ya no aspiran a ser directivas porque la responsabilidad no compensa el estilo de vida que quieren llevar. Para generaciones anteriores, el éxito estaba asociado a mandar, ocupar cargos altos o incluso a símbolos como el traje y la oficina. Hoy eso cambió. Para mucha gente joven, el éxito está más ligado al equilibrio entre la vida personal y el trabajo. 

El mundo laboral cambia muy rápido y eso obliga a repensar la propuesta de valor. Ya no sirve ofrecer lo mismo para todas las personas. Es clave entender qué generaciones conviven en la organización, qué necesidades tiene cada una y construir propuestas acordes. Lo veo claro con el teletrabajo: personas mayores de 30, sobre todo con hijos, prefieren ir lo mínimo a la oficina, mientras que quienes tienen menos de 30 valoran más ir, socializar y compartir tiempo con el equipo. 

Entender estas diferencias te da una ventaja enorme para que te elijan. Hoy, en los procesos de selección, aunque la empresa elige, también es elegida, especialmente en sectores con alta demanda y mucho movimiento. 

¿Qué experiencia personal marcó un antes y un después en tu forma de liderar talento? 

Creo que este análisis lo haría muy bien quien fue mi tutora cuando entré y que hoy es colega y amiga. Probablemente diría que, al comienzo, yo era muy idealista: quería cambiar muchas cosas, incluso transformar una empresa enorme. Con el tiempo entendí mejor los procesos y el negocio, y empecé a ver todo desde otra perspectiva, ni mejor ni peor, simplemente más realista. 

Hace poco, alguien de mi equipo me planteó que le gustaría tener un career path claro. Yo creo que esos caminos pueden servir como guía, pero también pueden encorsetar. Si todo depende de que se libere un puesto concreto para avanzar, el crecimiento queda atado a factores externos. En cambio, cuando abres la mirada y te animas a explorar otros intereses —formación, proyectos transversales, nuevas áreas— aparecen oportunidades inesperadas. 

Para mí, el desarrollo profesional tiene mucho que ver con la proactividad: levantar la mano, proponer, involucrarse y hacer que las cosas pasen. En una organización tan grande como Capgemini, donde puedes moverte horizontal y verticalmente, el crecimiento depende en gran parte de una misma persona. Esa forma de entender la carrera es lo que terminó moldeando mi carácter. 

DUPLA ESTRATÉGICA 

¿En qué momento la tecnología deja de ser aliada y empieza a distraer del talento real? 

Cada vez es más importante que el talento se desarrolle en dos direcciones simultáneamente: lo técnico y lo social. En la primera, tiene que estar al nivel que demanda el momento actual: aceptar la tecnología como una herramienta necesaria y esforzarse por aprender para aprovecharla al máximo. Por otro lado, van a marcar la diferencia los perfiles que -teniendo eso claro- sepan desenvolverse socialmente en su entorno, comunicarse de una forma efectiva, escuchar para captar toda la información disponible, liderar con corazón, y sacar lo mejor de la gente que los rodee. 

“MI ADN PROFESIONAL” 

Si tuvieras que resumir tu rol hoy en una sola frase, ¿cuál sería y por qué? 

Para mí, lo más importante es inspirar a mi equipo. Si dejo de hacerlo, muchas cosas dejarían de funcionar. Busco que se ayuden entre ellos, que sepan que estoy disponible para lo que necesiten y que pueden levantar la mano y hablar conmigo de cualquier tema. Esa confianza genera una forma de trabajar muy particular, en la que el equipo funciona de manera sólida y colaborativa. 

¿QUIÉN ES CRISTIÁN?: 

Apodo: Súper. Lo heredé de mi hermano mayor, a quién le gustaba mucho Superman cuando era pequeño. Entonces, cuando yo lo dibujaba, siempre lo hacía acompañado del superhéroe. 

Profesión: Licenciatura en Relaciones Laborales y Recursos Humanos.  

Signo del zodíaco: Cáncer.  

¿Dónde vives?: En Asturias, pero soy valenciano. 

¿Hijos?: Una beba de siete meses, se llama Llum, que significa “luz” en valenciano. 

 ¿Pareja?: Sara.  

¿Mascotas?: Una gatita de 10 años, se llama Pica.  

Comida favorita: Arroz al horno. 

Edad:  34 años.  

Hobbies: Tocar la guitarra.  

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir? 

Pues, estoy muy a gusto del lugar en el que vivo. Resido en un pueblito arriba de una montaña, rodeado de naturaleza. La verdad que amo La Castañal. 

¿Qué color te representa mejor como persona? 

El azul, me transmite calma y tranquilidad.  

Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.” 

Trabajo mejor cuando me divierto.