Alda Chicoma Castro, Gerente Regional de Capital Humano en Pochteca Sudamérica, parte de Grupo Pochteca, encontró su vocación el día en que la psicología social se cruzó en su camino universitario. Desde entonces, eligió trabajar cerca de las personas, entendiendo que detrás de cada estrategia hay historias, desafíos y oportunidades de crecimiento. Su recorrido refleja una mirada profundamente humana sobre el desarrollo del talento en contextos cambiantes.
Espontánea, cercana y con una curiosidad que se mantiene intacta con el paso de los años, Alda construyó su camino profesional desde un lugar muy claro: el interés genuino por las personas. Hoy, como Gerente Regional de Capital Humano en Pochteca Sudamérica, parte de Grupo Pochteca, lidera la gestión del talento en distintos países de Sudamérica, pero su historia empezó mucho antes, en las aulas universitarias, cuando la psicología social se cruzó en su recorrido académico y encendió una certeza difícil de ignorar: su vocación estaba ahí, en comprender a las personas y acompañar su desarrollo.
Desde entonces, su trayectoria la llevó por diversos rubros —desde la banca y finanzas hasta la construcción— que le permitieron conocer realidades organizacionales muy distintas y enriquecer una mirada estratégica, pero profundamente humana. Esa diversidad de experiencias hoy se traduce en una forma de liderar que combina cercanía, escucha activa y una gran capacidad de adaptación a contextos cambiantes.
Fuera del ámbito laboral, Alda se define como una persona que valora los pequeños espacios de disfrute cotidiano. Se confiesa poco amiga de los deportes tradicionales, aunque encontró en el pilates un refugio personal, un momento de pausa necesario en medio de agendas exigentes y decisiones constantes. También disfruta salir a descubrir nuevos restaurantes junto a su esposo, motivada por la idea de que cada experiencia —gastronómica o profesional— es una oportunidad para aprender algo distinto.
En un mundo laboral atravesado por la incertidumbre y la transformación permanente, su mirada invita a cuestionar lo establecido, a desaprender para volver a aprender y a entender que liderar personas es, en esencia, acompañar procesos humanos. Conversar con Alda es adentrarse en una visión que combina estrategia, sensibilidad y una profunda convicción: que el verdadero valor de las organizaciones siempre estará en su gente.
Como Gerente de Capital Humano, ¿qué decisiones estratégicas sentís que tienen mayor impacto real en el negocio?
Creo que la gestión de personas —más allá del nombre que tenga— ha ido ganando un lugar cada vez más relevante en la mesa estratégica de las organizaciones. Sin embargo, estoy convencida de que ese espacio no está garantizado: se gana todos los días, con decisiones acertadas y con un profundo conocimiento del negocio.
En mi caso, tengo cinco países a cargo, y eso implica entender realidades muy distintas: marcos legales, culturas, contextos económicos y necesidades particulares de cada equipo. No es lo mismo lo que requiere Chile que lo que necesita Argentina o Colombia, y esas diferencias también impactan en las estrategias que podemos implementar.
Uno de mis principales focos es el desarrollo de las personas de manera personalizada. Creo mucho en el uno a uno, en adaptar herramientas y acciones según cada realidad y cada nivel dentro de la organización. Aunque muchas veces existen restricciones de costos, es clave argumentar por qué segmentar y personalizar genera valor real para el negocio.
Además, busco mantener un contacto cercano con las personas —somos 250 en Sudamérica— porque eso me permite ajustar estrategias y, al mismo tiempo, fortalecer una cultura común que haga que cada persona se sienta parte de una identidad regional compartida.
¿Cuáles son los mayores temores que detectás en los equipos frente al avance de la inteligencia artificial?
Hoy vivimos en un contexto de mucha incertidumbre, algo que no es exclusivo de una empresa, sino que responde a la velocidad con la que avanza el mundo. Muchas veces sentimos que debemos subirnos a un tren bala y que no siempre tenemos las competencias suficientes para adaptarnos con la rapidez que se nos exige. Por eso, uno de los grandes desafíos actuales es aprender a gestionar esa incertidumbre.
Si bien las organizaciones tienen la responsabilidad de brindar herramientas y oportunidades de capacitación, también existe una responsabilidad personal muy importante. Cada persona debe asumir un rol activo en su propio desarrollo, identificar qué necesita aprender y tomar decisiones sobre su futuro profesional. La empresa puede ofrecer el marco y los recursos, pero el crecimiento también depende del compromiso individual.
En este contexto, creo que es fundamental re-aprender constantemente.. Romper con la idea de “siempre se hizo así” y animarse a probar nuevas formas de hacer las cosas es clave para adaptarse a esta realidad que llegó para quedarse. Cada persona avanzará a su ritmo, pero asumir esa responsabilidad y abrirse al cambio es, sin duda, uno de los mayores desafíos del presente.
Desde tu experiencia, ¿cuál es la competencia que más valor tiene hoy en términos de learnability y por qué?
Una de las competencias más importantes hoy es asumir que vivimos en un contexto de incertidumbre constante. El statu quo ya no existe: lo que hoy funciona, mañana puede dejar de hacerlo. Sin embargo, las personas estamos acostumbradas a la estabilidad; nuestro cerebro busca certezas y está programado para sentirse seguro en entornos previsibles. Por eso, adaptarnos a este cambio permanente implica un trabajo consciente, casi de reprogramación, para aceptar que el cambio llegó para quedarse.
Aprender a manejar la incertidumbre también significa tomar acción. No basta con reconocer que el contexto cambia, sino preguntarse qué estamos haciendo al respecto: qué nuevas herramientas podemos aprender, cómo podemos agregar valor desde nuestro rol o qué formas distintas de trabajar podemos incorporar. A veces tiene que ver con tecnología o inteligencia artificial; otras, simplemente con animarse a hacer las cosas de otra manera. No perder la curiosidad y cuestionarse periódicamente es fundamental.
Además, creo que es fundamental trabajar en las ideas preconcebidas y en la ansiedad que muchas veces generamos frente a escenarios que aún no ocurrieron. Nuestro cerebro puede reaccionar ante amenazas imaginadas como si fueran reales, y eso aumenta la tensión. Por eso, aprender a convivir con niveles razonables de incertidumbre es, sin duda, uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.
En organizaciones con operaciones logísticas y comerciales como Pochteca, ¿cómo se logra alinear a equipos diversos bajo un mismo propósito?
En nuestra organización trabajamos con una estructura que combina áreas locales y regionales. Cada gerente país tiene responsabilidad por sus resultados y sus equipos, pero al mismo tiempo existen áreas regionales que articulan procesos transversales. En mi caso, lidero el área regional de Capital Humano junto a un equipo de cinco personas, y desde Chile gestionamos todos los procesos para los distintos países de la región Sudamérica (Chile, Perú, Colombia, Ecuador y Argentina), sin tener equipos locales en cada uno de ellos.
Esto exige que estemos muy conectados con el día a día de cada país y que garanticemos lineamientos comunes, mientras atendemos las particularidades de cada realidad. Otras áreas, como divisiones comerciales, cadena de suministro o finanzas, también funcionan bajo este modelo mixto entre lo local y lo regional.
En mi rol, no hay semana en la que no interactúe con todos los países. Las reuniones periódicas, auditorías y espacios de comunicación constante ayudan a que las personas se sientan parte tanto de su país como de la región. Me gusta pensar esta dinámica como roles que conviven sin competir: somos país, pero también somos región. Es un desafío exigente, pero muy dinámico, y algo que personalmente disfruto porque hace que cada día sea distinto y nunca monótono.
¿Qué creés que están aportando las nuevas generaciones a las organizaciones, que antes no estaba en agenda?
Creo que todo lo relacionado con el futuro del trabajo es hoy sumamente relevante, porque nos obliga a cuestionar muchas ideas que antes dábamos por sentadas. Durante mucho tiempo funcionamos bajo esquemas muy definidos —sobre el trabajo, la familia o las trayectorias profesionales— y hoy esas estructuras están cambiando (o ya cambiaron, incluso). Las nuevas generaciones, en particular, nos invitan a mirar las cosas desde perspectivas distintas y a entender que no existe un único punto de vista correcto.
Para mí, uno de los grandes aportes de este contexto es justamente esa invitación constante a cuestionarnos, a romper paradigmas y a abrirnos a conversaciones más horizontales, donde intentamos comprender al otro en lugar de imponer nuestra mirada. Lo veo también en el mundo laboral: hoy las trayectorias son más diversas, y ya no necesariamente significa algo negativo que una persona cambie de trabajo con mayor frecuencia; más bien, es una oportunidad para profundizar en sus motivaciones y aprendizajes.
Al mismo tiempo, creo que en medio de tanta relatividad es importante definir ciertos valores que sean nuestro punto de equilibrio, como la empatía o el respeto. Desde ahí, podemos dialogar, adaptarnos y aprender del otro, entendiendo que cuestionarnos constantemente es parte esencial del crecimiento.
“EL DESAFÍO”
¿Qué es más difícil: atraer talento o desarrollarlo?
Creo que lo más difícil es desarrollar talento. Atraer personas implica un gran desafío, pero existen herramientas como la marca empleadora o el apoyo de consultoras. En cambio, desarrollar talento supone alinear expectativas, fortalecer habilidades —especialmente las vinculadas al liderazgo y la comunicación— e integrar a cada persona a la cultura de la organización. Es un proceso más profundo, lento y con una responsabilidad mucho mayor.
“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…”
¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida?
Se llamaría “Presente en lo importante”. Siento que el tiempo es el recurso más escaso que tenemos, sin importar el rol que ocupemos o las responsabilidades que tengamos. Vivimos corriendo de una tarea a otra, con agendas llenas y poco espacio para detenernos. Por eso, mi desafío es aprender a priorizar, estar verdaderamente presente y dedicar tiempo a lo que realmente importa.
¿QUIÉN ES ALDA?:
Apodo: AL.
Profesión: Psicóloga social organizacional, con una maestría en organización y dirección de personas.
Signo del zodíaco: Sagitario y mono de metal en el horóscopo chino.
¿Dónde vives?: Santiago de Chile.
¿Mascotas?: No.
Comida favorita: El ceviche peruano y las machas a la parmesana (chilenas).
Edad: 45 años.
Hobbies: conocer restaurantes nuevos y probar comida de distintos países. Hace poco descubrí el pilates y puedo decir que es mi nuevo hobbie.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Lisboa. Nos gustó muchísimo cuando viajamos con mi marido, y nos fuimos con el deseo de volver en algún momento de nuestras vidas, y radicar allí aunque sea una temporada, con nuestros hijos
¿Qué color te representa mejor como persona?
El azul, como buena limeña que soy, tengo una conexión con el mar. También siento que es un color que representa confianza y calma.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando estoy en equilibrio, entre lo personal y lo laboral.
Entrevistada por Luisina Larrouyet.