Santiago Ruiz de Velasco: Curiosidad en estado permanente 

POR LUISINA LARROUYET 

Con más de 25 años de trayectoria en el mundo educativo, Santiago Ruiz de Velasco ha construido una carrera marcada por la curiosidad, el aprendizaje continuo y la transformación. Hoy, desde su reciente rol como CEO de EDUCA EDTECH, impulsa una mirada que desafía lo establecido y pone a la tecnología al servicio de una educación más dinámica, humana y preparada para el futuro. 

Hay trayectorias que no se explican solo por los años recorridos, sino por la capacidad de hacerse preguntas en el momento justo. Santiago, con más de 25 años de experiencia en el ámbito educacional, pertenece a ese tipo de líderes que entienden que el aprendizaje no es una etapa, sino una forma de habitar el mundo. A lo largo de su carrera —marcada por desafíos internacionales, cambios de rol y una curiosidad inagotable— fue descubriendo que su mayor valor no estaba únicamente en lo que sabía, sino en su impulso constante por entender lo que aún no conocía. Para él, la curiosidad no es un rasgo menor: es una herramienta poderosa que, bien cultivada, puede llevar a lugares que antes parecían impensados. 

Ese mismo motor fue el que lo llevó, años después, a detenerse y mirar hacia adelante cuando sintió que su etapa en Oxford había cumplido su ciclo. Pensaba en tomarse un tiempo para redefinir su próximo paso, convencido de que los cierres también son oportunidades para reinventarse. Pero, como suele suceder cuando la inquietud sigue viva, apareció una nueva propuesta que conectaba con esa necesidad de transformación: sumarse a EDUCA EDTECH, donde hoy se desempeña como CEO, con la misión de impulsar una visión renovada sobre el futuro del aprendizaje. 

En un contexto donde la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso, Santiago sostiene que las habilidades que marcarán la diferencia en el futuro del trabajo no serán necesariamente técnicas, sino profundamente humanas. Adaptabilidad, valentía, curiosidad y capacidad de comunicación aparecen, en su mirada, como las verdaderas herramientas para navegar un mundo en constante cambio. Su recorrido, atravesado por reinvenciones y aprendizajes continuos, parece confirmar esa idea: que las respuestas más valiosas no siempre están en los manuales, sino en la valentía de seguir preguntando. 

Después de 25 años en el ámbito educativo, hoy asumís el rol de CEO en una EdTech. ¿Qué aprendizajes de tu recorrido sentís que fueron clave para llegar a este momento? 

He trabajado más de 25 años en el mundo de la educación. Durante 17 años estuve en Pearson, luego casi 5 en el British Council y, en los últimos años, en Oxford, siempre dentro de multinacionales educativas. Uno de los grandes aprendizajes de este recorrido, que comenzó en Londres, fue entender y apreciar tanto las diferencias culturales como las similitudes que existen entre las personas alrededor del mundo. 

Me resulta fascinante esa dicotomía entre lo que nos hace distintos culturalmente —y que requiere adaptar mensajes, estilos de liderazgo y formas de trabajo— y lo que nos une como seres humanos. Porque, al final, las motivaciones intrínsecas son muy parecidas: sentirse valorado, escuchado, apreciado y lograr conectar con otros. 

Lo que cambia es la forma de llegar a esas palancas. Por eso, creo que es clave desarrollar sensibilidad cultural y, sobre todo, curiosidad para entender antes que imponer. Haber trabajado en entornos tan multinacionales, viajando y conociendo distintos países y culturas, ha sido, sin duda, una de las experiencias que más me han marcado profesional y personalmente. 

¿Cómo fue tu proceso para mantener viva la llama del desarrollo y la motivación, durante los 17 años que estuviste en Pearson? 

Los primeros 17 años de mi carrera fueron profundamente formativos. Empecé muy joven y tuve la oportunidad de viajar por el mundo, trabajar en un idioma que no era el mío y conocer realidades muy distintas. Fue una etapa muy transformadora que me enseñó el valor de mantenerme siempre en movimiento y en aprendizaje constante. 

Siempre digo que estuve 17 años en la misma empresa, pero que en realidad nunca hice lo mismo más de tres años seguidos. Comencé como graduate trainee, rotando por distintas áreas para entender el negocio: finanzas, operaciones, marketing y ventas. Con el tiempo asumí roles directivos y lideré equipos en distintos países de Latinoamérica y luego en Europa Occidental. Además, la empresa apostó por mi desarrollo y me apoyó para cursar un MBA, lo que reforzó aún más esa sensación de crecimiento continuo. 

El momento en que decidí dar el siguiente paso fue cuando sentí que empezaba a repetirme y que ya no estaba aprendiendo con la misma intensidad. Ahí apareció la oportunidad de sumarme a un proyecto distinto en el British Council, y aunque me fui con cierto miedo y mucha gratitud, entendí que era el paso correcto. 

Creo firmemente que cuando dejamos de aprender, empezamos a perder frescura. Por eso, es fundamental buscar siempre nuevos desafíos, ya sea dentro de la misma organización o fuera de ella. 

Si pensamos en el futuro del trabajo, ¿qué habilidades creés que serán imprescindibles en los próximos cinco años, especialmente en el mundo educativo? 

Estamos viviendo un momento de enorme incertidumbre a nivel técnico, y en los próximos cinco años seguramente veremos transformaciones muy profundas. Las técnicas cambiarán y encontraremos nuevas formas de hacer las cosas, pero hay habilidades que, desde mi punto de vista, seguirán siendo esenciales en la educación y en casi cualquier industria. 

La primera es la adaptabilidad: la capacidad de pivotar rápido y ajustarse a contextos cambiantes. También la valentía, porque muchas veces el discurso que nos rodea está cargado de miedo frente al cambio, pero cuando sabemos que ese cambio va a ocurrir igual, lo mejor que podemos hacer es abrazarlo y salir de la zona de confort. 

A esto se suma la curiosidad y esa inquietud constante por preguntarse dónde podemos aportar más valor. Al final, estamos hablando de habilidades profundamente humanas, aquellas que las máquinas difícilmente podrán reemplazar. 

En educación, además, hay una habilidad clave: la capacidad de comunicar y guiar el aprendizaje. Las organizaciones que logren combinar tecnología con motivación humana, curiosidad y una comunicación efectiva serán, creo, las que realmente marquen la diferencia en el futuro. 

¿Creés que la tecnología está transformando la manera en que aprendemos… o simplemente está acelerando procesos que ya existían? 

Creo que la tecnología está transformando la sociedad a una velocidad enorme, pero el mundo educativo todavía no logra seguir ese ritmo. En muchos casos, lo que se está haciendo es usar la tecnología para amplificar lo que ya se hacía antes, no para transformar realmente la manera de enseñar y aprender. 

Parte de esta resistencia tiene que ver con el tamaño y la complejidad de los sistemas educativos, especialmente en los niveles iniciales, donde existen infraestructuras enormes, muchos docentes y modelos establecidos que son difíciles de modificar. Incluso en las universidades, el cambio suele ser lento. Sin embargo, la sociedad y las empresas están avanzando mucho más rápido: hoy necesitan que las personas aprendan nuevas habilidades en meses o incluso semanas, no en ciclos de cinco o seis años. 

Ese cambio será inevitable, impulsado por las propias necesidades del mercado y de la sociedad. Por eso me interesan especialmente los proyectos que buscan participar activamente en esa transformación. No se trata solo de digitalizar lo que ya existe, como dar clases online, sino de utilizar la tecnología para personalizar el aprendizaje, mejorar su eficacia y ayudar a cada persona a desarrollar su máximo potencial. 

Ese desafío, para mí, es uno de los proyectos más apasionantes del mundo educativo hoy. 

Mirando hacia atrás, ¿hubo algún momento en tu carrera donde tuviste que “volver a aprender” algo desde cero? 

Terminé la universidad en Bilbao y decidí irme a Inglaterra para aprender inglés. Lo que empezó como una aventura —trabajando de camarero y viviendo una experiencia nueva— terminó marcando el inicio de mi carrera profesional en Pearson. Pero, antes de eso, tuve que aprender desde cero algo que parecía básico: comunicarme en un idioma que no era el mío. 

Yo pensaba que sabía inglés por lo que había estudiado en el colegio, pero la realidad fue muy distinta. Recuerdo confundir palabras simples o perderme buscando direcciones que no entendía bien. Fue una experiencia desafiante y, al mismo tiempo, muy formativa. 

Cuando empecé a trabajar profesionalmente, la inseguridad era enorme. Sentía que tenía que estar permanentemente concentrado para entender y hacerme entender, y muchas veces volvía a casa agotado mentalmente. Fue un período en el que tuve que reaprender cuál era mi verdadero valor, porque muchas de las herramientas que siempre habían funcionado para mí —como comunicarme o conectar con otros— parecían haber desaparecido. 

Con el tiempo, aprendí a observar más el lenguaje no verbal, a reinventarme y a construir confianza desde cero. Hoy miro hacia atrás y entiendo que ese proceso, aunque duro al principio, fue profundamente liberador y una de las experiencias que más marcaron mi desarrollo personal y profesional. 

“EL DESAFÍO” 

¿Qué es más difícil: atraer talento o desarrollarlo? 

Lo más difícil es desarrollar el talento. Atraerlo no es sencillo, pero si tienes un buen proyecto y una propuesta atractiva, es posible. El verdadero desafío es mantener a las personas talentosas motivadas y en crecimiento constante. Eso exige ofrecer nuevos retos y evitar que se estanquen, porque cuando dejan de aprender, ese brillo que las hace especiales puede empezar a apagarse. 

”MI SINGULARIDAD”  

¿Qué característica, personal o profesional, creés que te vuelve único? 

Creo que lo que más me vuelve único es mi curiosidad, junto con mi adaptabilidad. La curiosidad, sobre todo, ha sido un motor constante en mi vida: me impulsa a hacer preguntas, a entender qué motiva a las personas y a moverme con naturalidad en entornos que están en permanente transformación. Siempre he creído que hacer la pregunta adecuada es más valioso que tener una respuesta inmediata, y esa inquietud por entender es lo que guía muchas de mis decisiones. 

¿QUIÉN ES SANTIAGO?: 

Apodo: Santi.  

Profesión: Licenciado en Administración de Empresas, con un MBA.  

Signo del zodíaco:  Géminis.  

¿Dónde vives?: Soy de Bilbao, pero vivo en Barcelona. 

¿Mascotas?: Actualmente no, pero soy una dog-person y mis hijas me están insitiendo en adoptar a uno. 

Comida favorita: Me encanta comer. Como buen bilbaíno, te diría una chuleta. Pero también disfruto mucho el pescado y los mariscos.  

Edad:  47 años.  

Hobbies: Me gusta mucho el deporte, he tenido mi época de squash y fútbol, ahora juego más al pádel, y también disfruto de leer y escribir. 

UN POCO DE ROCK:  

¿Un lugar donde te gustaría vivir? 

He vivido en tantos países que descubrí algo: disfruto estar en cualquier país, mientras sea rodeado de las personas correctas.  

¿Qué color te representa mejor como persona? 

El azul, creo que lo relaciono con el mar y el espacio, que desde aquí se ve azul más allá de sus tonalidades. Me transmite movimiento e inmensidad. 

Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.” 

Trabajo mejor cuando me muevo y estoy en movimiento.