Hay algo que une a una líder de Capital Humano en el mundo del deporte, a un CHRO de la industria gastronómica, a una ejecutiva que conecta estrategia y cultura en una empresa biotecnológica, y a un CEO que lleva más de dos décadas transformando la educación.
No es la industria. No es la experiencia. Ni siquiera el liderazgo.
Es la capacidad de seguir aprendiendo.
En tiempos donde la inteligencia artificial acelera los cambios, los modelos de negocio se reinventan y las carreras profesionales dejan de ser lineales, el conocimiento ya no parece ser suficiente. Lo que realmente marca la diferencia es la disposición a cuestionar lo conocido, adaptarse a nuevos contextos y volver a empezar tantas veces como sea necesario.
Karina Linares lo vivió cuando dejó atrás años de experiencia corporativa para asumir un desafío completamente diferente en Vélez Sarsfield. El cambio no fue solo profesional, sino cultural. Nuevos códigos, nuevas dinámicas y una certeza: para crecer, primero había que desaprender.
Esa misma idea atraviesa el recorrido de Daniela Paz González. Después de pasar por organizaciones tan diversas como Natura, NotCo y su propia consultora, descubrió que el aprendizaje más profundo no ocurre cuando incorporamos algo nuevo, sino cuando nos animamos a soltar aquello que creíamos definitivo. Estar cómoda en la incomodidad, sostiene, es una de las competencias más valiosas de esta época.
Desde otra mirada, Santiago Ruiz de Velasco encuentra en la curiosidad el motor que impulsó cada una de sus transformaciones profesionales. Después de más de 25 años en el mundo educativo, sigue convencido de que las habilidades que definirán el futuro no serán necesariamente técnicas, sino profundamente humanas: adaptabilidad, valentía, comunicación y la capacidad de hacerse preguntas.
Preguntas. Justamente ahí parece estar una de las claves.
Porque si durante años las organizaciones valoraron a quienes tenían respuestas, hoy empiezan a destacar a quienes saben cuestionar, explorar y aprender más rápido que el cambio mismo.
Ricardo Galicia lo observa todos los días en Pizza Hut México. Para él, el verdadero desafío no es evitar la rotación ni encontrar perfiles perfectos, sino lograr que cada persona que pasa por la organización se vaya mejor de lo que llegó. Más preparada, más consciente de sus capacidades y con nuevas herramientas para construir su futuro.
Quizás por eso hubo una respuesta que se repitió, casi sin excepciones, cuando se les planteó una misma pregunta: ¿qué es más difícil, atraer talento o desarrollarlo? Todos coincidieron: desarrollarlo.
Porque atraer talento puede depender de una propuesta atractiva o de una marca empleadora sólida. Desarrollarlo, en cambio, exige tiempo, confianza, oportunidades, liderazgo y una cultura capaz de sostener el crecimiento en el largo plazo.
Exige creer en el potencial antes de que se convierta en resultado.
En definitiva, la learnability ya no es una habilidad más dentro de una lista de competencias. Es la base sobre la que se construyen todas las demás.
Porque en un mundo donde el cambio dejó de ser una excepción para convertirse en la regla, el verdadero diferencial no estará en quienes más saben.
Estará en quienes nunca dejen de aprender.