Con una trayectoria en Recursos Humanos dentro del sector energético, Marina Márquez asumió hace tres meses como Gerente de Capital Humano en PECOM y lidera el cambio de una compañía en plena transformación.
A Marina siempre la conocieron como “la nona“. Desde chica, sus amigas la bautizaron así porque era la más tranquila del grupo, la que pensaba antes de actuar, la más cuidadosa y hasta la más clásica al momento de vestirse. El apodo quedó, pero el tiempo demostró que la serenidad nunca estuvo reñida con el coraje. Después de once años en YPF, decidió cerrar una etapa profundamente significativa para asumir, hace apenas tres meses, un nuevo desafío como Gerente de Capital Humano en PECOM. No fue un impulso ni una búsqueda de comodidad. Fue una decisión construida con tiempo, preguntas y la convicción de que, para seguir creciendo, a veces también hay que animarse a soltar.
Conversar con ella es encontrarse con alguien que elige cada palabra con cuidado. Sus respuestas tienen un tono reflexivo, casi pedagógico, que por momentos recuerda al de un coach ontológico. Ella se ríe de esa impresión y enseguida aclara que no tiene ningún secreto: “Es la terapia y mucho psicoanálisis“, dice con naturalidad. Quizás sea esa costumbre de mirarse hacia adentro la que explica buena parte de su manera de liderar. Antes de intentar comprender a los demás, prefiere empezar por conocerse a sí misma. Antes de hablar de liderazgo adaptativo, habla de adaptación personal. Antes de pedir cambios, se pregunta qué puede cambiar ella.
En esta conversación con Rocking Talent, Marina recorre el camino que la llevó a dejar una de las compañías más emblemáticas del país para sumarse a una organización en plena transformación. Reflexiona sobre cultura, inteligencia artificial, aprendizaje continuo y liderazgo, pero, sobre todo, comparte una idea que atraviesa toda la entrevista: los grandes cambios organizacionales empiezan, inevitablemente, por las personas que se animan a transformarse primero.
Hace dos meses asumiste como Gerente de Capital Humano en PECOM, luego de una trayectoria de varios años en YPF. ¿Qué te motivó a dar este paso?
Irme de YPF no fue una decisión de un día para otro. Fue un proceso largo, casi un duelo. Durante doce años trabajé en el Grupo YPF, siempre como Business Partner, sintiendo que desde mi rol contribuía a un propósito mucho más grande que mi desarrollo profesional: el crecimiento energético de la Argentina. Esa conexión fue siempre mi principal motor.
Con el tiempo, empecé a sentir que esa llama se apagaba. Dejé de sentir que formaba parte de ese propósito que tanto me movilizaba y entendí que necesitaba buscar un nuevo desafío. Participé en distintos procesos de selección; algunos no prosperaron y otros no terminaron de convencerme, pero seguí adelante porque sabía lo que estaba buscando.
Cuando apareció PECOM, encontré esa motivación otra vez. Me atrajo su momento de expansión, la posibilidad de aportar a un proyecto de largo plazo y, sobre todo, una cultura cuyos valores se viven en el día a día. Escuchar a sus líderes hablar con pasión sobre el futuro de la compañía me confirmó que era el lugar indicado. El duelo ya estaba hecho; PECOM llegó en el momento justo, tanto para la empresa como para mí.
Se suele hablar de liderazgo adaptativo para gestionar el cambio de los demás, pero en tu caso también estás atravesando un proceso de adaptación personal. ¿Qué aprendizajes te está dejando esta experiencia?
Cuando hablamos de liderazgo adaptativo solemos pensar en cómo acompañar a otros, pero el verdadero desafío es empezar por uno mismo. En mi caso, soy una persona muy autorreflexiva porque considero que conocerme es la base para construir mejores vínculos. Saber qué me motiva, qué me incomoda, qué me entusiasma o qué me frustra me permite adaptarme a distintos estilos sin dejar de ser quien soy.
Ese ejercicio fue fundamental cuando llegué a PECOM. Entendí que el esfuerzo por integrarme a una nueva cultura también dependía de mí. No se trata de esperar que la organización se adapte a uno, sino de encontrar ese punto de encuentro que permita subirse al mismo proyecto y construir desde ahí.
Por eso siempre recomiendo dedicar más tiempo a analizarse a uno mismo que a analizar a los demás. El autoconocimiento es la herramienta que mejor nos prepara para enfrentar nuevos contextos, relaciones y desafíos. Para mí, esa capacidad está profundamente ligada a la inteligencia emocional, una habilidad que nunca terminamos de desarrollar por completo, pero que resulta indispensable para adaptarse, integrarse y ejercer un liderazgo verdaderamente transformador.
¿Cuáles son los desafíos que ocupan tu agenda hoy?
Me sumé a PECOM en un momento de transformación estratégica muy importante. Con una sólida trayectoria en Servicios y Soluciones Integradas e Ingeniería & Construcciones, la compañía impulsaba una nueva etapa de expansión en el upstream a través del desarrollo de activos maduros. Ese contexto representó un enorme desafío para el área de Capital Humano.
Hoy lidero el equipo de Personas de la unidad de Servicios, acompañando los procesos de integración de equipos en el marco de la evolución del negocio. El mayor reto no es solo crecer en escala, sino lograr que convivan dos mundos con historias, dinámicas y formas de trabajo muy diferentes: el de las empresas de servicios y el de las operadoras. Antes eran organizaciones que trabajaban juntas desde lugares distintos; hoy forman parte de una misma compañía y necesitan aprender a pensar como un solo equipo.
A eso se suma otro desafío que para mí representa un gran aprendizaje: liderar un equipo con presencia en Brasil, adaptándome a una nueva cultura y acompañando los desafíos de la compañía en ese país. Es un escenario donde hay mucho construido, pero también muchísimo por crear.
¿Qué oportunidades ves en la IA para potenciar el trabajo de Capital Humano?
En PECOM estamos incorporando la inteligencia artificial como una aliada para transformar la experiencia de las personas. Acabamos de lanzar un People Service Center, un asistente basado en IA generativa que aprende de manera continua y nos permite responder consultas de los colaboradores con mayor rapidez y precisión. Si no encuentra una respuesta, deriva el caso automáticamente para que una persona pueda resolverlo.
Para mí, el verdadero valor de estas herramientas está en que nos liberan de tareas operativas y nos permiten enfocarnos en aquello que solo los humanos podemos aportar: criterio, sensibilidad e interpretación. La inteligencia artificial puede procesar enormes volúmenes de información en muy poco tiempo, pero somos nosotros quienes le damos contexto y convertimos esos datos en decisiones con impacto.
Lo vemos todos los días. En procesos masivos, como la incorporación de nuevos colaboradores, la IA agiliza coordinaciones que antes demandaban horas de trabajo. Sin embargo, la construcción de confianza, la integración cultural y el acompañamiento de las personas siguen dependiendo del liderazgo humano. Ahí está, para mí, la verdadera diferencia y el mayor desafío de esta nueva etapa.
LIDERAZGO ADAPTATIVO
¿Qué es lo único que un líder nunca debería dejar de aprender?
Creo que un líder nunca debería dejar de aprender. Y aprender no significa solamente estudiar o hacer una capacitación; también implica leer un artículo, escuchar una conversación o prestar verdadera atención en una reunión. Muchas veces, los aprendizajes más valiosos surgen de las interacciones cotidianas. Mantener viva esa curiosidad y la disposición a seguir incorporando nuevas miradas es, para mí, una de las capacidades más importantes del liderazgo.
“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…”
¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida?
Creo que el próximo capítulo de mi vida se llamaría “El juego de la oca”. Siento que estoy en una etapa en la que no sé exactamente qué viene: puedo avanzar, retroceder, encontrar obstáculos o llevarme grandes sorpresas. Y eso es justamente lo que más me entusiasma. Estoy disfrutando el desafío de recorrer un camino en el que cada casillero trae un aprendizaje nuevo.
¿QUIÉN ES MARINA?:
Apodo: Marin. Y mis amigas me dicen “la nona”, porque siempre fui la más tranquila.
Profesión: Licenciada en Relaciones del Trabajo.
Signo del zodíaco: Acuario.
¿Dónde vives?: Temperley.
¿Mascotas?: Un perrito que se llama Romeo.
Comida favorita: La paella.
Edad: 40 años.
Hobbies: Pintar mandalas.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Cualquier lugar que tenga playa. Si es una en el Caribe, mejor.
¿Qué color te representa mejor como persona?
Me gusta el rojo, porque creo que representa mi lado pasional y sentimental. Pero también hay algo en el color verde que me representa, porque me transmite optimismo y esperanza.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando estoy contenta.
Entrevistada por Luisina Larrouyet.