Felipe Tombeur, Socio y Gerente General de Green Armor, lidera equipos en una industria cada vez más compleja y desafiante como la seguridad privada, apostando por un modelo de gestión que combina innovación, cercanía y profesionalización del talento.
Felipe nunca imaginó que su curiosidad lo llevaría a donde está hoy. Empezó estudiando arquitectura, después diseño gráfico, y aunque le faltaba poco para recibirse, eligió no seguir un título, sino el ritmo propio de su camino. “Siempre fui curioso”, dice. Esa misma inquietud lo fue alejando de los planos y las pantallas, hasta encontrar en el mundo de la seguridad privada un lugar inesperado para aplicar su mirada distinta. Hoy, como Socio y Gerente General de Green Armor, lidera equipos en una industria cada vez más compleja, donde el desafío no solo es cuidar personas y bienes, sino también transformar un rubro que suele ser visto como estático. Felipe apuesta por un modelo de gestión que combina innovación, valor humano y profesionalización, convencido de que hasta en los negocios más tradicionales siempre hay margen para pensar diferente.
Hablemos de tu recorrido profesional…
Siempre fui inquieto, siempre buscaba qué más podía hacer. El colegio no me enganchaba mucho, lo vivía más como una etapa para terminar e irme a navegar, que era mi pasión. Apenas salí del colegio, empecé a estudiar arquitectura y a trabajar. Arranqué como dibujante en un estudio, pero pronto me sumé a la Federación Argentina de Yachting, donde estuve seis años. Empecé como administrativo y terminé coordinando operativamente las giras del equipo olímpico, ocupándome de presupuestos y logística, algo que me entusiasmaba porque combinaba mi afición con mi lado más inquieto y resolutivo.
En ese tiempo seguí compitiendo y conocí a un argentino en Estados Unidos que me ofreció trabajar en la parte comercial de tres astilleros europeos que él representaba. Ahí me metí de lleno en ventas y armado de operaciones, viajando mucho, hasta que intentamos abrir una filial en Argentina, aunque se complicó por temas de importaciones. Finalmente, en 2015, empecé en Green Armor como asesor comercial, sin experiencia previa en seguridad, pero con ganas de aprender y aportar desde lo comercial y el desarrollo de la marca. A lo largo de estos años me encontre y conocí grandes personas que me han ayudado y enseñado mucho para poder llegar a donde estoy.
¿Cuál es la propuesta de valor diferencial de Green Armor frente a otras empresas de seguridad privada en el mercado?
A lo largo del camino entendí que la seguridad privada es un rubro con desafíos: altos costos, poca innovación y mucha competencia desleal. Desde el inicio, en Green Armor buscamos ser una empresa sana, que respete y valore al vigilador, dignificando su rol y apostando por su desarrollo. Nos enfocamos en pequeños gestos que marcan la diferencia: reconocimientos, concursos, acercamiento con las familias. Eso nos permitió fidelizar al equipo y elegir mejores perfiles.
Además, conseguimos dos certificaciones clave: Great Place to Work, algo poco común en el rubro, y Empresa B, por nuestro impacto social. Apostamos a que el vigilador pueda crecer, ascender y desarrollarse dentro de la compañía. Nuestra idea siempre fue ser más cercanos, conocer a cada cliente y cada empleado, no ser una empresa más. Eso lleva tiempo, pero construye relaciones duraderas y reales.
¿Qué decisiones han sido las más desafiantes en tu rol como Gerente General?
Para mí, el mayor desafío en este tiempo fue aprender a soltar ideas que en algún momento sirvieron, pero que con el crecimiento empezaron a limitar. La empresa no es la misma que cuando arrancamos: pasamos de ser algo chico y familiar a una estructura más grande, donde ciertas formas de trabajar, conceptos o incluso personas ya no encajaban del mismo modo. El desafío fue adaptarse, ajustar procesos, y a la vez saber explicarle al equipo que los cambios no son un capricho, sino parte de crecer y profesionalizarnos, aunque a veces cueste entenderlo.
¿Qué impacto creés que tendrá la inteligencia artificial y la automatización en el trabajo del personal de seguridad?
Para mí, la inteligencia artificial en seguridad no viene a reemplazar, sino a potenciar lo que hacemos. Si la sabés usar, te permite agregar valor: automatizar procesos, detectar desvíos antes de que lo note una persona, o brindar datos útiles para el cliente más allá de la seguridad. Nosotros no vendemos solo un vigilador; buscamos meternos en los procesos del cliente, ofrecer soluciones con tecnología, integrarnos con otras áreas. La clave es usar la IA como una herramienta para profesionalizar y hacer más sostenible el servicio, no como una amenaza.
¿Qué legado te gustaría dejar como líder de Green Armor?
Creo que lo más importante que intento demostrar siempre, es que se puede hacer las cosas de otra manera en este rubro, con esfuerzo, pensando distinto y sin quedarse en lo de siempre. Muchos nos decían que no iba a funcionar, pero logramos subir la vara: mejorar el servicio, llegar a los guardias de otra forma, no solo con plata. Para mí, ese es el legado: que se puede, que hay otra forma de hacer este negocio y lo mostramos todos los días.
EL FUTURO DEL TRABAJO
Si tuvieras que elegir una sola palabra para definir el futuro del trabajo, ¿cuál sería y por qué?
Si tuviera que resumirlo, en una palabra, diría valor agregado. Creo que en todo lo que uno hace siempre hay que buscarle una vuelta más, algo extra, aunque al principio no se vea. Con el tiempo, esa diferencia aparece, y para mí el futuro va por ahí: no quedarse solo con lo básico, sino aportar siempre un plus.
“CUADERNO DE IDEAS”
Si pudieras dejarle una nota escrita a tu versión más joven, ¿qué diría?
Le diría que lo principal es no distraerse, tener paciencia y confiar en que todo llega. A mí la ansiedad siempre me jugó en contra, pero aprendí que, aunque a veces todo parezca trabado, si seguís insistiendo, las cosas terminan saliendo. Se puede, solo hay que aguantar el proceso.
¿QUIÉN ES FELIPE?

Apodo: Felo.
Signo del zodíaco: Géminis.
¿Dónde vives?: Pacheco.
¿Hijos?: Dos hijas. Amalia, de 2 años. Y Lola, en camino.
¿Pareja?: Catalina.
¿Mascotas?: No.
Comida favorita: Pastel de papas.
Edad: 33 años.
Hobbies: Fanático de la náutica.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Me encantaría vivir en Madrid.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El azul, porque me transmite paz.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Cuando logro desconectarme de la diaria y me enfoco.
Entrevistado por Luisina Larrouyet.