JAIME OZORES: Adaptarse para liderar en tiempos de incertidumbre  

Liderar hoy no es tener respuestas, sino construir criterio y movilizar inteligencia colectiva en contextos cambiantes

Managing Partner en Odgers 

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Si algo he aprendido en los últimos años, trabajando con equipos directivos desde Odgers y, más concretamente, desde Odgers Spain, es que el liderazgo está cambiando más rápido que nunca. Y no lo hace por una cuestión teórica, sino por pura necesidad. 

Vivimos en un entorno donde la estabilidad ha dejado de ser la referencia. La incertidumbre ya no es puntual; es estructural. Y en ese contexto, el modelo tradicional de liderazgo —basado en la certeza, el control y la previsión— empieza a quedarse corto. 

Hoy, liderar exige algo distinto: capacidad de adaptación. 

Pero conviene matizar qué entendemos por liderazgo adaptativo. No se trata de reaccionar constantemente o de cambiar de rumbo sin criterio. Desde Odgers, y en nuestra práctica en Odgers Spain, lo vemos más bien como la capacidad de interpretar el contexto, tomar decisiones a pesar de la incertidumbre y, sobre todo, movilizar a otros para avanzar incluso cuando no existen respuestas claras. 

Uno de los grandes errores que sigo observando es pensar que el líder debe tener siempre la solución. Sin embargo, la realidad es otra. En muchos de los procesos de búsqueda y evaluación que lideramos en Odgers, encontramos que las organizaciones que mejor evolucionan son aquellas cuyos líderes saben convivir con preguntas abiertas. 

El liderazgo adaptativo no consiste en eliminar la incertidumbre, sino en gestionarla con criterio. 

Esto implica, en primer lugar, una lectura mucho más sofisticada del entorno. Desde Odgers Spain trabajamos con líderes que no solo analizan datos, sino que entender las dinámicas profundas que están transformando sus mercados: cambios en el talento, nuevas expectativas profesionales, presión tecnológica o modelos de negocio en evolución constante. 

Pero comprender el contexto no es suficiente. La diferencia real está en cómo se actúa. 

Aquí aparece una segunda capacidad crítica: la toma de decisiones en entornos incompletos. En Odgers vemos con frecuencia dos reacciones opuestas ante la incertidumbre. Por un lado, la parálisis: esperar a tener toda la información antes de actuar. Por otro, la falsa seguridad: tomar decisiones cerradas para transmitir calma, aunque no estén suficientemente fundamentadas. 

Ninguna de las dos funciona. 

El liderazgo adaptativo, tal y como lo entendemos en Odgers Spain, se mueve en un punto intermedio: avanzar, ajustar y aprender. Es un liderazgo que toma decisiones progresivas, que se revisan a medida que evoluciona el contexto, y que asume el error no como un fracaso, sino como parte del proceso. 

Ahora bien, hay un elemento que, desde mi experiencia, marca realmente la diferencia: la capacidad de movilizar a otros. 

En entornos complejos, nadie —por muy senior que sea— tiene toda la información ni todas las respuestas. Por eso, el liderazgo deja de ser un ejercicio individual para convertirse en un proceso colectivo. En Odgers insistimos mucho en esta idea cuando trabajamos con nuestros clientes: el líder ya no es quien resuelve todos los problemas, sino quien activa la inteligencia del equipo. 

Y eso exige escuchar. De verdad. 

Exige generar espacios donde cuestionar no sea incómodo, sino necesario. Donde las conversaciones no se limiten a validar decisiones, sino a enriquecerlas. En Odgers Spain vemos que las organizaciones más resilientes no son las que evitan la tensión, sino las que saben canalizarla hacia la transformación. 

Este enfoque tiene una implicación directa en la gestión del talento. 

El perfil del líder que buscan hoy las organizaciones está evolucionando. Desde Odgers, cada vez damos más peso a atributos como la curiosidad, la apertura al cambio o la capacidad de aprendizaje. La experiencia sigue siendo importante, pero ya no es suficiente. 

Lo que realmente diferencia a un líder hoy es cómo ha respondido ante la complejidad. Cómo ha gestionado contextos inciertos. Cómo ha influido en otros cuando no había certezas. 

En este sentido, el liderazgo adaptativo introduce también una dimensión más humanista. Y no lo digo como un concepto blando, sino como una necesidad estratégica. 

En momentos de cambio, las personas buscan referencias. Pero no solo referencias que marquen dirección, sino líderes que sean coherentes, cercanos y auténticos. Desde Odgers Spain trabajamos con organizaciones que entienden que el liderazgo también pasa por gestionar emociones, expectativas y, en muchos casos, miedos. 

No se trata de renunciar a la exigencia, sino de combinarla con empatía. 

Porque, en última instancia, liderar en entornos complejos no es simplificar la realidad, sino ayudar a otros a navegarla. 

Desde Odgers y desde Odgers Spain, estamos viendo cómo este cambio impacta directamente en la forma de identificar y desarrollar talento directivo. Los procesos de evaluación ya no pueden centrarse únicamente en logros pasados. Es imprescindible entender el potencial de adaptación, la capacidad de aprendizaje y la manera en que un líder moviliza a su entorno. 

Porque, al final, el liderazgo adaptativo no se mide por la estabilidad que genera, sino por la capacidad de la organización para evolucionar. 

Y en un mundo donde el cambio es la única constante, esa capacidad, probablemente, sea el mayor activo estratégico que una organización puede tener.