Carolina Eltit Pavez, directora de Recursos Humanos para Chile y Perú en Veolia, encarna un liderazgo en movimiento, donde la acción se combina con una mirada estratégica hacia el futuro. Con una convicción firme en el desarrollo de las personas y el impacto de las decisiones, impulsa equipos que crecen con propósito, conectando el presente con los desafíos que marcarán el mañana.
Conversar con Carolina es encontrarse con una mirada que combina acción, sensibilidad y futuro. Hoy se desempeña como directora de Recursos Humanos para Chile y Perú en Veolia, una organización donde, según sus propias palabras, siente que el propósito no es un discurso, sino una experiencia tangible que atraviesa cada decisión y cada desafío.
Hace siete meses asumió este nuevo capítulo profesional, luego de una sólida trayectoria en Saint-Gobain, trayendo consigo una convicción profunda: las organizaciones no solo deben funcionar bien, sino también generar impacto real en las personas y en el entorno. En Veolia encontró un espacio donde ese propósito cobra vida, donde el rigor técnico convive con la responsabilidad ambiental y social, y donde cada acción tiene un eco que trasciende lo inmediato.
Carolina es, ante todo, una líder de acción, de esas que creen que el talento es un recurso que debe ser cuidado con la misma dedicación con que se cuidan los recursos naturales. Su visión está puesta en el futuro, pero con los pies firmes en el presente, entendiendo que las decisiones de hoy son las que construyen los escenarios de mañana. Desde esa mirada, impulsa equipos diversos, fomenta el crecimiento y desafía permanentemente las formas establecidas, convencida de que el verdadero liderazgo ocurre cuando el propósito logra encender a las personas y convertir su potencial en transformación real.
Hablemos un poco de tu recorrido profesional…
Mi primera experiencia profesional fue determinante para descubrir dónde quería desarrollarme. Desde el inicio me enamoré del mundo organizacional, porque conectaba con mis intereses y con mi formación como psicóloga. Tuve la oportunidad de vivir procesos de cambio de negocio muy relevantes, como la transformación en la industria aeronáutica que implicó eliminar la primera clase. En ese momento entendí que estos cambios tenían todo que ver con Recursos Humanos, porque ponen a las personas y a la cultura en el centro de las decisiones del negocio.
Luego de cuatro años de mucho aprendizaje, decidí asumir un nuevo desafío y me sumé a Movistar. Pasé de un modelo de Recursos Humanos más tradicional a uno moderno, dinámico y altamente competitivo. Allí participé en proyectos muy desafiantes, siendo uno de los más significativos la integración de las operaciones fija y móvil, que tenían culturas completamente distintas.
Esa experiencia me dejó un aprendizaje que aún me acompaña: cuando lideras procesos culturales, también los vives como persona. Aprender a sostener esa dualidad —ser líder y, al mismo tiempo, colaborador dentro del mismo proceso— es una reflexión permanente que considero clave para ejercer un liderazgo consciente.
Veolia combina operación, tecnología y sostenibilidad. Desde tu rol como directora de RRHH, ¿qué tipo de liderazgo creés que necesitan hoy las organizaciones que trabajan en industrias críticas para el futuro del planeta?
Hay varios aspectos que considero muy relevantes. Uno de los principales es la convicción y la conexión del líder con el propósito. Un líder conectado con lo que hace es clave, porque cuando uno tiene claro qué lo moviliza desde lo humano, es mucho más fácil impactar en otros, movilizarlos, acompañarlos y motivarlos a aprender y también a desaprender para crecer. Y en una empresa como Veolia, ese propósito tiene un peso enorme: estamos hablando de cuidar el agua, gestionar residuos, proteger el medio ambiente. Cuando un líder internaliza eso de verdad, la seguridad ambiental deja de ser una obligación y se convierte en una convicción. En mi experiencia, liderar desde el propósito implica estar permanentemente desafiado, incluso incómodo, cuestionando cómo se hacen las cosas y buscando siempre nuevas maneras de mejorar. Esa convicción es la que finalmente se transmite a los equipos.
También creo que una competencia fundamental es la capacidad de conectar genuinamente con las personas: con su propósito, con su realidad y con su equipo. Cada persona se moviliza de manera distinta, y por eso el liderazgo requiere cercanía y sensibilidad para entender qué mueve a cada uno. Para mí, un líder debe estar lo más cerca posible del alma de cada colaborador, porque es desde esa cercanía que se logra inspirar y generar verdadero compromiso y lo más importante, lograr que cada uno disfrute el proceso.
Hoy es clave que los líderes tengan un ojo dentro de la organización y otro en el mercado, para nutrirse, tomar la temperatura y poner en sintonía a los equipos de las demandas externas y ajustar los recursos y la velocidad de reacción. En materia ambiental eso es especialmente relevante, porque el contexto cambia rápido: las regulaciones se actualizan, las comunidades demandan más y las expectativas de sostenibilidad crecen todo el tiempo.
En entornos operativos y técnicos como los de Veolia, donde muchas tareas requieren precisión y seguridad, ¿cómo se equilibra el aprendizaje constante con la estandarización de procesos?
No hay que satanizar el control de los procesos ni la estandarización, porque son fundamentales para mantener la calidad y asegurar el control. Para mí existen dos almas que deben convivir: el alma del control y la mantención, y el alma de la innovación, que necesariamente tienen que estar conectadas. Cada decisión que tomamos hoy debe medirse en función de cómo nos acerca al futuro.
Le doy gran valor a la estandarización, al control y al rigor técnico, porque en nuestro trabajo un error no solo afecta un indicador, sino que puede impactar el medio ambiente, un equipo de colaboradores o a una comunidad. Por eso, ese rigor debe ser absoluto, no solo por cumplir normas, sino porque es parte de nuestra responsabilidad empresarial. Cuando hablamos de seguridad ambiental, no hay margen para la improvisación: un proceso mal ejecutado puede tener consecuencias irreversibles para un ecosistema o para las personas que viven cerca de nuestras operaciones.
Al mismo tiempo, creo que es clave desafiarse constantemente a mejorar, incorporar nuevas tecnologías y conocimientos. En las organizaciones conviven perfiles más rigurosos y mantenedores con otros que desafían el sistema, y desde Recursos Humanos debemos gestionar esa tensión y ponerla al servicio de los objetivos del negocio. En el fondo, esa tensión bien gestionada es la que nos permite seguir operando con seguridad hoy, mientras construimos procesos más sostenibles para mañana.
Si el talento fuera un recurso natural, ¿qué creés que las organizaciones deberían aprender a cuidar mejor?
Creo que el talento sí es un recurso natural. No es una fantasía: es algo escaso, que puede desaparecer si no se cuida. Y cuidarlo, igual que cualquier recurso natural, empieza por identificarlos muy bien. Para mí, talento no significa que haya personas talentosas y otras no, sino que cada persona tiene capacidades distintas que aportan valor de maneras diferentes. Nuestra responsabilidad como líderes es ser muy hábiles para identificarlas y generar los espacios adecuados para que esos talentos crezcan.
Cuando a una persona se le da espacio, realmente florece, se despliega y contagia a otros. Por eso, es clave identificarlos, darles oportunidades y alimentarlos constantemente. Ese crecimiento se potencia con refuerzo constructivo, feedback adecuado y oportuno y la posibilidad de participar en distintos proyectos. Hoy en Veolia contamos con un ecosistema organizacional muy amplio, lleno de herramientas que ponemos al servicio de las personas para que puedan desplegar su talento y brillar.
LIDERAZGO ADAPTATIVO
¿Qué es lo único que un líder nunca debería dejar de aprender?
Tal como sugiere la pregunta, una de las capacidades más importantes de un líder es no dejar nunca de aprender. En la base de esa disposición está la humildad: reconocer de manera permanente que no se sabe todo y que, probablemente, son muchas más las cosas por aprender que aquellas que ya se dominan.
Este aprendizaje no se limita a contenidos técnicos. También implica desarrollar una alta autoconciencia: observarse a sí mismo, comprender cómo se responde ante un entorno cambiante y administrar las propias emociones para ponerlas al servicio del ejercicio de su liderazgo.
“SI MI HISTORIA FUERA UNA SERIE…”
¿Cómo se llamaría el próximo capítulo de tu vida?
¡¡¡Vamos que se puede!!!
¿QUIÉN ES CAROLINA?
Apodo: Caro o Carito.
Profesión: Psicóloga.
Signo del zodíaco: Virgo.
¿Dónde vives?: Santiago de Chile.
¿Mascotas?: No.
Comida favorita: Me gusta toda la comida mientras se acompañe de una grata conversación y si es con un buen vino, aún mejor.
Edad: 46 años.
Hobbies: Disfruto muchísimo de compartir tiempo con mi familia, amigos y también me gusta hacer tareas de arreglos y mantenimiento en mi casa.
UN POCO DE ROCK:
¿Un lugar donde te gustaría vivir?
Donde sea, mientras esté bien acompañada de mi familia, puede ser un paraíso.
¿Qué color te representa mejor como persona?
El rojo, porque me transmite energía, luz y fuerza.
Completá la frase: “Trabajo mejor cuando ________.”
Trabajo mejor cuando estoy en equipo.